Marcela Thesz

Nuestro Útero


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      A partir de la postura hay una disponibilidad determinada de la energía del útero, mayor o menor, y emociones que acompañan:

      • La postura que, en general, lleva a retraer y guardar el útero implica que la energía no está disponible en su totalidad. La expresión natural del útero está bloqueada en lo que respecta a creatividad y sexualidad. Se dificulta el sentir y la posibilidad de limpiar y soltar porque la contractura muscular lo impide. Todo esto favorece el surgimiento de emociones relacionadas a la frustración, la impotencia y la autolimitación.

      • La postura que lleva a exponer y donar el útero implica que las cualidades energéticas pueden ser utilizadas por otros a través de nuestro cuerpo. La expresión natural del útero está manipulada desde el afuera, convirtiéndose en el nido de los otros. El útero no se siente porque pareciera que no es propio. Esto favorece el surgimiento de emociones vinculadas a la desvalorización, la insatisfacción y el desamparo.

      De cualquiera de las dos maneras, el útero está cerrado y limitado en su expresión.

       La cesárea y otros cortes sobre el útero

      Todo corte en el cuerpo, superficial o profundo, es una herida por sanar. Implica la ruptura de capas de piel, músculos y vasos sanguíneos que después se deben reunir para cicatrizar, dejando como consecuencia una pequeña zona muerta en el cuerpo.

      Toda cicatriz es un espacio sobre el cual perdemos sensibilidad y elasticidad. Su rigidez genera tensión en las áreas cercanas, tironeando al no haber movilidad, limitando la ubicación del órgano en el cuerpo y afectando la postura general. Es posible que esta afectación sea mínima, pero existe.

      Si el útero ha sido cortado, por cesárea u otras cirugías, se debe considerar dentro del trabajo corporal la consciencia sobre esa cicatriz y su regeneración energética-corporal.

      Este útero contraído y mal ubicado es consecuencia de milenios de lógica patriarcal instaurada, en la que los mandatos y las creencias responden a esta lógica por sobre la expresión natural de las mujeres.

      Inconscientemente, nos educamos en no expresar, ni a través del cuerpo ni a través de la palabra. Un útero cerrado es un útero que no tiene posibilidad de expresión y, si expresar nuestro mundo interno nos pone en riesgo de vida, obviamente vamos a optar por callar la voz y el cuerpo. Esa fue la elección de nuestros ancestros femeninos milenios atrás y, en consecuencia, de mujeres con úteros armónicos nacieron hijas y nietas con úteros cerrados, como recurso de protección.

      Ahora, que empezamos a recordar y a sanar, podemos ser mujeres de úteros cerrados que paran hijas y nietas con úteros eutónicos en armonía con la vida.

      Tal herencia tiene un sentido. Los úteros se cierran y contraen principalmente por dos motivos:

      • Como defensa, para protegernos a nosotras y a nuestra descendencia, si la hay. Acallaremos la expresividad natural del útero en pos de no exponernos ni arriesgarnos a ser amenazadas o maltratadas.

      • Como creencia, cuando ya la expresión del útero ha sido completamente cercenada. Seremos educadas con la idea de que nuestro mundo interno no tiene valor, no merece existir.

      Son necesidades y creencias que emergen de una sociedad adherida, incondicionalmente, a la lógica patriarcal en la que la mujer ha perdido el derecho natural de convertirse en la completa expresión de su ser. Esa realidad está cambiando y se hace necesario que aprendamos a desmantelar esas creencias y necesidades tan solidificadas en nuestro interior.

      Sentir el útero contracturado, a través del despertar de la consciencia corporal, implica sentir también el miedo, la frustración, el dolor emocional, el desamparo, la humillación y tantas emociones más. Pero es el único camino posible: sentir para sanar.

      Como estamos buscando desarrollar consciencia sobre un músculo, es necesario poder experimentar su tonicidad. Cuando nos referimos al útero contracturado lo que estamos diciendo es que se encuentra hipertónico, demasiado rígido, incluso, en su estado de reposo. La situación opuesta sería un útero hipotónico o atónico, o sea, sin capacidad de contracción. Ninguno de estos dos estados son los deseados.

      Lo que deseamos lograr con el trabajo corporal del útero es la eutonía, el tono correcto del músculo de acuerdo con el momento del ciclo y las circunstancias actuales de nuestra vida.

      Un útero eutónico tiene capacidad de cambiar y adaptarse a las necesidades de tu mundo interno y externo y también a los mensajes de tus hormonas. Como ya vimos, el útero no se mantiene en un estado uniforme durante todo el ciclo, sino que cambia sus movimientos y tono muscular cíclicamente y también en función de las necesidades expresivas.

      Cuando el útero logra esa capacidad de adaptación sin registro de dolor, se expresa. El dolor lleva a la contracción y, luego, el movimiento genera más dolor. Por el contrario, si el movimiento lleva al placer, hay expansión y búsqueda de mayor expresividad.

      Que el útero sea expresivo, en primer lugar, significa que está en movimiento. Todo movimiento es una expresión natural del ser. Y, en segundo lugar, significa que algo emana de él: las creaciones, las emociones, la energía. El útero eutónico expresivo es un útero que se encuentra en armonía con el resto del cuerpo, con la mujer y con la vida en su totalidad. Es el útero que buscamos crear.

      Las sensaciones internas del cuerpo las releva el sistema propioceptor. Es un sentido interno compuesto por un conjunto de receptores y nervios que permiten sentir la posición de las partes corporales y del todo. Informan al cerebro sobre el estado de tensión de la musculatura. A través de los propioceptores podemos sentir el útero, solo hay que aprender y entrenarnos en ello.

       Sentir a través del contacto

      Activar la sensibilidad táctil sobre cualquier espacio corporal ayuda a sentir hacia adentro del cuerpo y despertar consciencia. Eso se logra muy fácilmente, apoyando las manos sobre el cuerpo, acariciando o masajeando suavemente, generando calidez.

       Sentir a través de la respiración

      Para despertar el espacio corporal interno, es de gran utilidad aprender a trabajar con la respiración abdominal, una forma de respiración que se aprende con el yoga, el qigong o la meditación. Consiste en realizar el movimiento respiratorio con la zona del abdomen en vez de con el pecho, permitiendo que la inhalación y exhalación se vayan haciendo progresivamente más lentas y completas. Esta técnica ayuda a relajar el cuerpo, a disminuir la actividad mental y a despertar la sensibilidad, y, así, la consciencia corporal en general.

       Sentir a través de la activación del suelo pélvico

      Ya vimos que la musculatura del suelo pélvico se encuentra conectada con el útero y que lo sostiene en su lugar. Aprender a trabajarla es muy beneficioso, ayuda a sentir el útero y mejora la tonicidad muscular del canal vaginal.

      El ejercicio más simple consiste en contraer el suelo pélvico, como si quisieras retener orina y repetirlo, rítmicamente, varias veces. Es posible que al principio la percepción sea menor, pero la práctica irá despertando las sensaciones internas de tu cuerpo. Irás aprendiendo con las sensaciones y llegarás a comprender, perfectamente, dónde está tu útero, a partir de la información corporal.

      En occidente, el creador de los ejercicios de suelo pélvico es el doctor Arnold Kegel y por ello estos ejercicios son conocidos por su nombre. Inicialmente, estaban recomendados como trabajo postparto, pero actualmente se sabe que es recomendable hacerlos durante toda la vida de la mujer.