o quince segundos.
Como regla general, me parece que es esencial involucrarnos en nuestro derecho al placer, entregarnos al acto en sí, sin buscar como objetivo taxativo la manera de que el goce pase por cómo lograr el orgasmo. Si nos soltamos a nuestra experiencia sexual, encontraremos el mejor camino para lograr pasarla muy bien.
Jugar y probar
En la mayoría de las mujeres, el orgasmo no se logra de la noche a la mañana, sino que es un camino de autoconocimiento, permiso, confianza, actitud y educación. No hay razón para que una mujer piense o crea, como se dice por ahí, que es anormal o frígida porque nunca tuvo un orgasmo, no lo tuvo con una pareja o porque hace mucho que no lo tiene.
El término frigidez viene de “frialdad y frío”, pero se utiliza, mal, como adjetivo para estigmatizar a la mujer que no puede experimentar placer sexual y llegar al orgasmo. Desde ya les cuento que la “frigidez” no cabe ni existe para nadie.
Existen mujeres que, por poseer alguna patología orgánica severa que perturba las vías del reflejo orgásmico, tienen imposibilitada la capacidad de tener un orgasmo por las mismas vías reflejas que la mayoría de las mujeres. Les hablo, por ejemplo, de algún problema o patología del sistema nervioso central o periférico porque, en ese caso, el placer será suministrado por diferentes vías. Estas pueden ser las mamas, las orejas, la espalda, el cuello, algunas partes de la piel…
Cada una encontrará sus propias zonas erógenas y disparadoras de placer. ¡Sepan que no existe mujer que no pueda sentirlo! Todas tenemos nuestro propio mapa erógeno. Nuestras áreas del cuerpo que solo a nosotras nos estimulan y nos dan placer. Lo importante es conocerlas y “aprovecharse” al máximo de ellas. Lo principal es que entendamos que siempre podemos sentir placer en el sentido amplio de la palabra.
Nuestro cuerpo es nuestro instrumento erótico comandado por nuestra mente y acompasado por nuestros sentidos. Cada mujer puede conocer cuáles son sus zonas erógenas, sus puntos de máximo placer, sus gustos para ser acariciada, sus ritmos y sus modos. No nos limitemos a nuestra vulva cuando hay dos kilómetros de piel ansiosa por ser descubierta. ¡Es toda nuestra!
El placer de autosatisfacernos a través de la masturbación (tema del que te hablé en el capítulo anterior) es la mejor manera de educarnos sexualmente, ya que permite conocer los propios gustos, el ritmo preferido, la presión con la cual se goza, cuándo se aproxima el orgasmo, y si queremos posponerlo para que sea más intenso. Eso nos hace expertas en saber qué nos gusta que nos hagan o cómo no nos excita que nos toquen.
Es importante saber que existen diferencias en los tiempos y en los gustos entre mujeres y varones. Incluso, individualmente, en cada persona hay diferencias de un momento a otro, un día a otro, o hasta en el mismo día en las diferentes horas. Porque somos humanos y la sexualidad nos atraviesa de lleno en nuestras emociones, creencias, ánimos, sentimientos, y eso influye en los encuentros sexuales.
Por lo tanto, cuando nos exploremos seamos conscientes de quiénes estamos siendo en ese momento. Démonos tiempo, no nos frustremos si no nos sale, si no logramos el máximo placer. Se trata de relajarnos, de disfrutar, de probar, de jugar. No hay manuales ni guías exactas. Cada cual encontrará la suya. Solo hay que animarse a explorar.
Cuando estemos con alguien, démosle tiempo al recorrido de cada encuentro, ya sea con un nuevo vínculo o con nuestra pareja estable. Tenemos tantos pendientes en las materias de comunicación y conocimiento, que a veces se vuelve un recorrido lento, sinuoso, con barreras, semáforos, subes y bajas, lomas de burro, señales de stop y emociones intensas. Vale la pena bajar la ansiedad, observarse y ser conscientes del camino y de sus tiempos. Nunca es tarde para arrancar. La vía de la comunicación y el conocimiento con otra alma y con nosotras mismas tienen un recorrido que necesita ser vivido, explorado, palpado y sentido. ¡De eso se trata esta aventura!
No te olvides
Esto es lo que quisiera que te lleves de este capítulo, querida amiga:
1. En un acto sexual, las mujeres generalmente, necesitamos más tiempo, estimulación, caricias, palabritas al oído y juego previo. Cada una tendrá su tiempo y sus gustos en cada relación sexual.
2. No hay razón para que una mujer piense que es frígida porque nunca tuvo un orgasmo, no lo tuvo con una pareja o porque hace mucho que no lo tiene. No existen las mujeres frígidas.
3. Podemos sentir un orgasmo solo o tener varios juntos, transformándose en un multiorgasmo, que no es otra cosa que tener un orgasmo tras otro, sin cesar la estimulación.
4. Algunas mujeres pueden lograr manejar su eyaculación o squirt y elegir cuándo provocarlos o tenerlos espontáneamente. Otras no. No debe ser nuestro gran objetivo para disfrutar.
5. Muchas veces, una relación sexual se disfruta muchísimo más que el propio orgasmo transitando el placer, los mimos, los besos y el juego.
6. Nuestro cuerpo es un mapa erótico. Explorémoslo y conozcámoslo. Es todo nuestro.
Me gustaría saber si esto te pasó: estás por tener relaciones sexuales, en pleno jugueteo íntimo y a punto de que te penetre tu pareja sexual. En el mejor momento, tu vulva y tu vagina te dicen “no” de todas las maneras posibles. ¿Te suena?
Exacto, estoy hablando de la querida lubricación. La sensación de que estás seca, lejos de darte placer, hace que todo lo que están intentando en la cama te moleste. Incluso hasta el padecimiento de pensar: “Que termine ya, ¡no lo soporto!”.
Es muy difícil gozar y pasarla bien en estas circunstancias. La lubricación es una gran aliada para el placer. Así que, mujeres, estén tranquilas porque en este capítulo vamos a conocer las razones por las que no solemos lubricarnos y los caminos que nos pueden ayudar a revertir la sequedad vaginal. Para que el placer sea todo nuestro y así nuestras vulvas y vaginas digan: “¡Sí, lubricación, ven a mí!”.
El cerebro está en todo
Vamos por partes. Como se habrán dado cuenta, si no estamos lubricadas, mojadas, las relaciones sexuales (en todas sus formas) pueden ser poco satisfactorias. No digo que siempre tienen que ser insatisfactorias, digo que pueden ser. ¡Cuidado! Muchas veces podemos estar excitadas, pero no lubricadas.
La lubricación tiene que ver con múltiples factores. Uno de los principales factores que interviene en este mecanismo es el cerebro. ¿Por qué? Porque es el cerebro el que recibe todos los estímulos y los procesa como placenteros. Estos son los que nos encienden y nos excitan. Entonces todo depende, tarde o temprano, de nuestro mejor amigo, el cerebro, que es nuestro principal órgano sexual. Sí, tal como leen.
Es muy difícil lograr lubricarnos si estamos pensando en lo que queremos comer esa noche, en un problema que surgió en el trabajo o en cómo vamos a hacer para pagar la cuota del colegio de nuestros hijos. O si en vez de estar disfrutando del sexo solo nos estamos preguntando cuándo termina, porque el sueño nos vence y necesitamos dormir o, simplemente, porque todo lo que está haciendo nuestra pareja sexual nos causa molestia o nos duele. Si en ese momento no permanecemos conectadas con ese instante y con la persona con la que estamos, si no tenemos ganas de hacerlo, lo hacemos para complacer a nuestra pareja, o por la causa que sea, definitivamente, ¡no estamos ahí!
Estás asintiendo, ¿no? A veces estamos teniendo relaciones sexuales y pensamos en cualquier cosa. No nos concentramos en gozar, en relajarnos y pasarla bien. Por lo tanto, lo primero que tenemos que hacer es pensar y ser coherentes. Es decir, evaluar si queremos conectarnos con la situación, con la persona y con el placer.