que haber otra forma...
Este libro pretende abrirte esa otra forma.
Al desconocer que todo lo que experimentamos es una proyección que procede de nosotros mismos, tratamos de cambiar desde lo que es un espejismo que nosotros mismos fabricamos, el efecto. Puede que puntualmente cambiar afuera parezca funcionar, pero la forma en que la verdad interna se manifiesta cambiará de forma, y por tanto, lo que estamos destinados a sanar seguirá apareciendo como un espejo en nuestra vida para que nos veamos.
Todo lo que no sea una experiencia de amor es nuestra propia invención proyectada, y no es real, aunque se pueda experimentar. El que estemos dotados de este poder de experimentar no significa que sea real.
Lo único que es real es aquello que se extiende, es eterno y tiene «fuente». Voy a tratar de explicar esto mismo a través de la siguiente ilustración:
Al igual que en el ejemplo del iceberg, el mundo inconsciente sería lo que está bajo tierra, las raíces. Estas raíces son la causa de lo que se ve fuera. No es posible que de un roble nazca un abeto o que de la vid nazca un naranjo. Por tanto, lo que se ve fuera es una representación de lo que hay dentro.
En el caso de los árboles, y la naturaleza en general, las raíces no pueden dejar de ser lo que son. Son una manifestación pura de la creación. Por el contrario, el ser humano, como decía, tiene libre albedrío, y lo que puede manifestar no es necesariamente la verdad de lo que es. Por eso, lo que vemos en los demás y en el mundo no tiene porqué reflejar necesariamente nuestra esencia, y éste es el objetivo de todos nosotros, ser la medicina para el mundo convirtiéndonos en la verdad de lo que somos desde nuestra luz interior.
Para poder reflejar la verdad es necesario que las raíces se purifiquen (con amor) de las mentiras que a lo largo de la vida hemos creído. Debido a la incorrecta identificación con lo que se es, enfermamos. Siendo lo que realmente somos, es imposible la enfermedad. Porque en verdad el ser humano se creó del amor, y el amor es su fuente. Por eso amando nos encontramos a nosotros mismos. Pero largo tiempo atrás un error nos trajo a esta experiencia, e inventamos la posibilidad del no-amor, y al darle palabra surgió esta experiencia. Ahora debemos volver al origen aprendiendo lo que somos con la experiencia, bajo las leyes universales que garantizan nuestra protección y el rotundo éxito de la expiación para todos nosotros.
El mundo tal y como lo percibimos es la voluntad de lo que el colectivo elige creer, por eso es ilusión, porque aún queda trabajo para transformar las raíces de la mente del ser humano. Cada uno de nosotros, valga la redundancia, somos una neurona de esta mente y la medicina que sin duda curará desde el amor la falsedad que todavía vemos en el mundo.
Podemos conocer nuestro modelo mental inconsciente a través de su reflejo en la realidad que manifestamos. Si reconocemos la correspondencia del mundo interno (la causa) con el mundo externo (el efecto) podemos ir más allá de lo que vemos, perdonar y así elegir de nuevo querer ver la auténtica realidad.
Hasta que no entendemos cómo funciona la manifestación del mundo que experimentamos, no comienza lo «mágico» de nuestra existencia, y este engranaje se mueve desde la rueda verde con mucho esfuerzo. Creemos que somos un cuerpo y vivimos desde la limitación de éste. Ya has hecho lo más difícil.
¡Tan sólo imagina cómo será tu vida cuando te conviertas en el lúcido soñador del sueño y experimentes que tu vida no tiene límites!
Con objeto de complementar este apartado, recomiendo estudiar la alegoría de la caverna de Platón.
Lo que nos sucede en el sueño es que estamos atrapados por el reflejo de nuestro modelo mental, de la misma manera que sucede con las sombras de las personas en la alegoría de la cueva de Platón. A pesar de que nos indican que nuestra realidad es otra, que puede dar respuestas a lo que no entendemos de nuestro mundo, no nos lo creemos porque nos sentimos cómodos y confiados en nuestra ignorancia.
Una de las utilidades de este vídeo es comenzar a ver cómo es cuestión de elección liberarse de los apegos del mundo tal y como lo conocemos, para como mínimo, saber que existe un camino que todos podemos tomar para descubrir la verdad de nosotros mismos y recuperar la soberanía en nuestras vidas. La respuesta es el conocimiento.
No somos un cuerpo, ni estamos limitados a las leyes físicas. Pero no es través de los sentidos como vamos a aprenderlo, porque no es posible ver desde antes de donde se cree que empieza todo, ni tampoco ver más allá de aquello que queda limitado por el cuerpo. De esta forma es como acabamos viviendo sujetos a las leyes médicas, políticas y religiosas del mundo, deterministas y limitadas por lo que aprendemos. Los sentidos simplemente decodifican la información de nuestros pensamientos. Por eso en los sueños vemos imágenes, escuchamos sonidos y podemos sentir que incluso nos tocan, pero los ojos están cerrados, estamos en silencio ni realmente hay nada ahí fuera, porque somos simplemente pensamiento.
Somos una unidad con toda la creación, una sola mente que se experimenta cuando entregamos nuestra voluntad a algo que está más allá de nosotros, y de esa manera cesamos la actividad del pensamiento individual que se originó por un error.
La naturaleza como maestra
A pesar del maltrato del hombre a la naturaleza, a través de la contaminación y la explotación de los recursos naturales, la naturaleza no nos guarda rencor y no deja de dar y de recoger nuestros desechos para volver a dar nuevamente. Esa es su función, y así es como debería actuar el hombre ante la evidencia de que nuestra función aquí es ser dadores de vida, ser instrumento de creación al igual que el creador. Pero el hombre, en su ignorancia, no ve que esta cualidad también está en sí mismo.
La naturaleza solo da sin pedir nada a cambio y no necesita más que lo que Es. Es dadora de vida, provee a través de los alimentos y medicinas a todos los animales y al ser humano, con el oxígeno que respiramos y el agua que necesitamos. Existe una evidente conexión a nivel espiritual con la madre tierra conocida por todos nuestros ancestros, y no existe una mejor manera de vivir entre nosotros que sentir nuestro vínculo y armonía con la misma. Si esto lo reconociéramos, dejaríamos de usar tanto asfalto y hormigón, y el dinero pasaría a ser algo secundario o desaparecería.
Su falta de pecado, de separación respecto al orden natural y universal, la hace virgen y no obedece otra voluntad distinta a ser. Debemos observarla para aprender de ella acerca de cómo debemos volver a vivir. Nuestro cuerpo habla su idioma, el idioma de la biología, pero en el fondo, lo que verdaderamente somos está regido por el mismo orden divino: la energía padre, energía de amor en expansión.
Cuando estamos ante un entorno natural y no somos capaces de sentir la conexión con la naturaleza, algo no anda bien en nosotros. Debido a nuestra intrínseca conexión con ella, una manera de restituir la paz espiritual puede surgir por medio del perdón, en el mero hecho de reconocer en nosotros que no la sentimos como parte nuestra. Podemos reconectarnos al caminar descalzos, pasar tiempo con ella, respirar su aire, sintiendo sus olores, alimentarnos de productos frescos y orgánicos, abrazarnos a los árboles, tomar un baño en un río, meditar en él... La naturaleza ya es medicina y hacia eso es a donde vamos.
Cuando el ser humano soñó que perdió su «fuente», comenzó a creer que la vida no era suficiente en sí misma. Eso generó el mundo desarrollado tal y como lo conocemos hoy en día, alejado y desconectado de la naturaleza. Sin embargo, la «fuente» nunca la hemos perdido, y de la misma manera que hace que en un espacio de naturaleza virgen no deje de brotar vida y de expandirse, puede actuar también desde adentro de nosotros.
El problema es que elegimos constantemente ahogar la voz que procede de esta fuente porque al ver la manifestación del mundo del ego y considerarlo como la única alternativa, no sabemos que hay otra alternativa, o, mejor dicho, no la recordamos. La destrucción del planeta no más que el reflejo