protocolo son tantas como definiciones podemos encontrar. Según J. Fernández Vázquez, «el fin próximo del protocolo es que las actividades en las que interviene o tiene prioridad de normativa se hagan bien». La puesta en escena de la declaración de emergencia climática se lleva a cabo por medio de una rueda de prensa, sobre la que el botánico Wolfredo Wildpret dice: «La declaración la realizó… arropado por su gabinete en pleno, con la solemnidad de las grandes ocasiones». Un buen ejemplo de la intervención del protocolo para introducir las claves que dan solemnidad a un acto.
¿Por qué es de agradecer que en un libro que se dedica a la profesionalización de la política se nos tenga en cuenta? Cuando un equipo de gobierno llega a la institución, por quien pregunta en último lugar es por el equipo de protocolo y a quien necesita en primer lugar es a alguien de protocolo. ¿Por qué? El equipo de protocolo está presente desde el momento de su investidura y toma de posesión. Y a partir de ahí… El titular de la presidencia debe asistir a un acto. ¿Cuál es la finalidad de ese acto? ¿En qué consiste? ¿Cuál es su misión como presidente o presidenta? ¿Lo debe presidir? ¿De cuánto tiempo dispone, en caso de tener que intervenir? ¿Cuál es la etiqueta que debe llevar? ¿Cuánto dura? Y así muchos más detalles que la persona responsable de protocolo se ocupa de recopilar para, con ellos, elaborar un programa que deje muy claro todo lo que sucederá en ese acto desde el momento en que llega el presidente. ¿Qué pasaría si no existiera esa figura encargada de la tarea de buscar la información de aquí y de allá? Pues, sencillamente, que nuestro jefe o jefa iría al acto como una persona ciega que tiene que cruzar una calle de cuatro carriles. ¿Y si nos visita el embajador o embajadora de Alemania, de Japón, de Marruecos? ¿Preguntará en la recepción por el despacho del presidente, subirá a la segunda planta y tocará de puerta en puerta? No. El o la responsable de protocolo estará en la puerta de entrada al edificio, esperando a que llegue el coche que trae al embajador para recibirlo a pie de coche y acompañarlo hasta donde le espera el presidente. Pero también se dan aquellos casos en los que es necesario trasladar a la sociedad un proyecto que el Gobierno decide sacar adelante y lo hace celebrando un acto, a modo de conferencia, jornada… Para ello, el equipo de protocolo se emplea a fondo, planificando, coordinando, organizando todas las fases necesarias para sacar adelante ese objetivo. A partir de que se nos comunica lo que se desea hacer y lo que se quiere conseguir, todo queda en manos de protocolo, desde elegir el lugar, la hora, averiguar a quién va dirigido, elaborar lista de invitados, diseñar y enviar invitación, supervisar el montaje del lugar de celebración con los recursos audiovisuales, mobiliario… hasta que llega la puesta en escena, con la comprobación de que todo funcione, de que las personas que tienen que intervenir lleguen puntualmente y así un largo etcétera. Sería interminable enumerar todas las tareas que llevamos a cabo quienes nos dedicamos al protocolo institucional. Pero con lo que llevamos dicho ya queda muy atrás la idea de que ponemos banderas, colocamos personas (que también) y de que nos gusta salir en la foto. Nada más lejos de la realidad o, por lo menos, nada más lejos de las intenciones de un buen profesional del protocolo. Entramos en un terreno delicado o al menos comprometido, porque es cierto que en esta profesión nos encontramos con muchos egos que debemos gestionar y, posiblemente, en algunos casos también existe el ego del profesional del protocolo; pero, en mi opinión, debemos ser invisibles: el mejor profesional es el que no se ve. Aunque pueden estar tranquilos, porque no se le ve, pero todo el mundo sabrá que está ahí, pues si no estuviera todo el acto sería un desastre. Por último, debo decir que el protocolo es muy socorrido, es a lo que todo el mundo recurre cuando no se sabe qué hacer con algo o cómo hacerlo. Y, ¡curioso!, debe de ser que desarrollamos un sentido especial para superar imprevistos, pues solemos encontrar las soluciones. Como dice Carles Cortina, secretario de la Asociación Catalana de Protocolo y Relaciones Institucionales, «el protocolo soluciona problemas». Pues bien, eso es algo más de lo que hacemos cada día.
LUCÍA SUÁREZ RODRÍGUEZ
[1] Fuente, C. Protocolo oficial: las instituciones españolas del Estado y su ceremonial. Ediciones Protocolo. 2004. Madrid.
[2] Anuario Jurídico y Económico Escurialense. XLV (2012). 737-754. ISSN: 1133-3677.
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