y finalmente se cargó con responsabilidades de líder. Tristemente, lo que se supone la iba a traer alivio sólo aumentaba su angustia. Se tornó bulímica, desanimada, ansiosa, y frustrada. Al fin Lupita se dio cuenta que estaba tratando de refrescarse en “cisternas rotas” que nunca pueden satisfacer. Había estado buscando significado en la gente y las cosas, menos en Dios. Había dejado dominar sus pensamientos sus propias opiniones y ideas de otras personas.
LA PERSPECTIVA DE DIOS
Al cambiar la actitud de Lupita hacia Dios, también alteró su actitud hacia su familia. Decidió dejar que Dios determinara lo que realmente tenía valor en su vida. Las Escrituras le hicieron ver que Dios tiene a la familia en un lugar muy importante. Decidió aceptar la opinión que tiene Dios del lugar que su familia debería ocupar en su vida.
Aunque Lupita siguió involucrada en algunas de sus actividades fuera del hogar, las abordó con una actitud y un propósito diferentes. Se estaba convirtiendo en una persona orientada hacía la familia, sirviendo en vez de exigir ser servida, y ministrando más de la plenitud de su relación con Dios que para verse realizada.
La esposas y madres cristianas fueron hechas con el propósito de ser vides fructíferas en sus casas (Sal.128:3). Si eres casada, tu familia debe ser tu ministerio sobresaliente en la vida. La contribución que puedes hacer allí para el reino de Dios y la sociedad no puede ser pasada por alto. No hagas caso al que quiere subestimar la importancia de la familia. Tu Dios declara otra cosa distinta. ¡Créele!
Como la mujer descrita en Proverbios 31, puedes involucrarte legítimamente en muchas cosas fuera del hogar. Se supone que usarás los dones que Dios te dio para servir a Cristo y su pueblo en la iglesia y en la sociedad; y hasta puedes ayudar a otras organizaciones cristianas. Puedes estar empleada legalmente en alguna ocupación fuera del hogar pero te animo a hacer todo para la gloria de Dios y por el bien de tu familia. No dejes que nada interfiera con estas relaciones tan importantes.
LA NECESIDAD DE UN CARACTER NOBLE
En vista de lo que ya vimos la base para la conducta cristiana, podemos enfatizar que la mujer a la manera de la “vid fructífera” es una mujer de “carácter noble” (Prov. 31:10). Lo que hacía era consecuencia de su entrega y su relación con Dios. Su reverencia profunda para Dios había producido dentro de ella una nobleza de carácter, el cual era expresado por las actitudes y acciones ejemplares descritas en ese pasaje: es altruista, generosa, y solícita; tiene cuidado de su familia, de sus servidores y de los pobres y necesitados; es disciplinada, y puede madrugar o trasnochar; cuida su dieta y hace suficiente ejercicio para mantenerse en forma y que sus brazos estén fuertes.
Está contenta y confiada, y disfruta lo que hace. Puede reflexionar sobre lo que ha hecho y percibir que su ventaja es buena. No está tan obsesionada en su trabajo que no tiene tiempo para sentarse y disfrutar de sus labores. Puede acariciar a sus hijos y escucharles. Sospecho que hasta juega con ellos.
Esta mujer sabe sonreír y alegrarse. Su perspectiva del futuro es optimista y positiva. Es divertido estar con ella. Puede relajarse, trabajar duro y confiar en Dios. Le gusta la gente y quiere comunicarse con otros en una manera animada. Abre su boca con sabiduría, y la ley de la bondad está en sus labios.
Algunas cosas en este pasaje sugieren que esta mujer no es necesariamente graciosa, radiante ni de naturaleza hermosa. “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura” (Prov. 31:30). Sin embargo era hermosa en el sentido más importante: su carácter y su conducta. Esto la hacía ser una influencia poderosa en su hogar, entre el pueblo de Dios y en su mundo. Era una vid fructífera.
LOS CUATRO FACTORES ESENCIALES
Esta mujer es el ejemplo para todas las casadas cristianas. Había establecido cuatro prioridades en su vida, las cuales siguen siendo relevantes para las mujeres de hoy: 1) su relación con Dios, (2) su ministerio con su familia, (3) su desarrollo de un carácter piadoso y (4) su expresión de conducta piadosa hacía los demás dentro y afuera de su hogar. Mantén vigentes estas cuatro prioridades en tu vida y también serás una persona a la manera de “vid fructífera”. Tu vida impactará a tu familia, a la iglesia y a la sociedad.
Lupita tenía que aprender esto, y por la gracia de Dios lo hizo. Que Dios en su gracia te ayude a hacer lo mismo.
Tareas Para Estudio y Aplicación
Haz estas tareas individualmente y luego discute las respuestas con tu cónyuge o tu grupo de estudio.
1. Reflexiona sobre (o si es necesario, repasa) este capítulo y contesta las preguntas siguientes:
a. Describe los problemas de Lupita y cómo afectaban a su persona y a su familia.
b. ¿Cómo trató de resolver estos problemas? ¿Cuánto éxito tuvo?
c. ¿Cómo describe el Sal. 128 a la esposa y madre en la familia que Dios quiere?
d. ¿Qué sugiere el símil de la vid respecto de la esposa y madre? ¿Qué sugiere la palabra “fructífero” en cuanto al papel y la responsabilidad de la mujer en la familia?
e. ¿Qué enseña Gén. 2:18 acerca del papel de la mujer en la familia?
f. ¿Qué clase de frutos hará que la mujer sea exitosa en su privilegio y responsabilidad de construir su familia como Dios quiere?
g. ¿Cuál es la primera prioridad de una esposa y madre a la manera de “Vid fructífera”? (Vea Prov. 31:30)
h. ¿Por qué es tan importante esta prioridad en la mujer de Prov. 31? ¿Cómo relaciona esta prioridad con su éxito evidente?
i. ¿Qué se sugiere el que la llamen “mujer de carácter noble”? (Vea Prov. 31:10) ¿Qué es carácter? ¿Está viviendo esta mujer de adentro para afuera o de afuera para adentro?
j. ¿Cómo manifiesta el carácter noble esta mujer?
k. ¿Cómo (Dónde) hace esta mujer su contribución más grande a Dios y a la sociedad?
l. ¿Qué tipo de relación tiene con su esposo y sus hijos? ¿con los que trabajan para ella? ¿con la gente fuera de su hogar?
m. ¿Qué indica Prov. 31 respecto de una actividad fuera del hogar para una mujer?
n. ¿De qué manera Prov. 31 indica que esta mujer estaba satisfecha y satisfacía a los demás?
o. Piensa en dos ejemplos contemporáneos de mujeres que están satisfechas y satisfacen como la mujer de Prov. 31. ¿Encuentras las mismas cualidades en ellas? ¿Cuáles son sus prioridades? ¿En qué forma son iguales y en qué forma son desiguales a esta mujer?
p. ¿Cuáles enseñanzas básicas fueron dadas en el cap. 2 para ser una mujer satisfecha y que satisface a los demás?
q. ¿Tienes algunas sugerencias bíblicas de cómo ser una mujer a la manera de la “vid fructífera”?
r. ¿Cómo describirías tu relación con Dios (respecto de tu temor de Dios)? (Excelente_____, Buena_____, Vacilante _____, Débil_____, Muy débil_____, No existe_____) Da razones para tu evaluación.
s. Evalúate según los parámetros de las enseñanzas de este capítulo. ¿Cómo podrás saber si tú eres una mujer a la manera de la “vid fructífera”—una mujer de carácter, una mujer que reconoce y cumple el papel importante que tiene en su familia, y una mujer cuya conducta refleja generalmente la conducta de la mujer de Prov. 31?
Acepta las diferencias de cultura y situación, y usa los principios básicos. No valores con base en los resultados; sino valora basada en tu propia vida comparada con las prioridades y características descritas. No puedes controlar los resultados en tu esposo, en tus hijos o en la sociedad.
Con la ayuda de Dios, puedes progresar ordenando tu vida según las prioridades mencionadas en este capítulo. Con el poder del Espíritu Santo, puedes crecer en las características descritas. “Al ver mi vida, veo mucha____, algo de____, poca____, nada de____ evidencia que me estoy convirtiendo en una mujer a la manera de la “vid fructífera”. Explica tu evaluación. (Si tienes dificultad en contestar esta pregunta, el inventario de