documentos. Una forma simple de medir la obesidad es con el IMC; esto es el peso de una persona en kilogramos dividido por el cuadrado de la talla en metros. Una persona con un IMC igual o superior a 30 es considerada obesa, y si es igual o superior a 25, se clasifica con sobrepeso.
A partir de toda esta serie de aportaciones es posible, entonces, caracterizar la obesidad como una enfermedad, compleja multifactorial y crónica que involucra factores ambientales (sociales y culturales), genéticos, fisiológicos, metabólicos, conductuales y psicológicos (Bagchi y Preuss, 2013).
Obesidad, ¿un negocio?
Algunos elementos que complican el desarrollo e implementación de planes, programas o políticas efectivas para el control y disminución de la obesidad, sean mundiales, nacionales o regionales, son los millonarios recursos financieros, las fuentes de empleo y las patentes y derechos generados en torno a esta enfermedad (Bes-Rastrollo et al., 2013; Santa Rita, 2014).
Por lo tanto, existe una gran cantidad de señalamientos que aseguran que la obesidad es un gran negocio que genera miles de millones de dólares anuales en ganancias para diferentes sectores. Por una parte, se encuentran los recursos producidos por los factores que predisponen a desarrollar obesidad. A manera de ejemplo, en México se estima que durante el año 2014 el nuevo impuesto a refrescos aportará más de 12 mil millones de pesos (alrededor de 915 millones de dólares) a la recaudación tributaria (Hinojosa, 2013).
Por otra parte, es necesario tener en cuenta la cantidad de ventas millonarias obtenidas para tratar la obesidad. En el país existen actualmente 18 laboratorios farmacéuticos que se disputan un mercado con valor superior a 2,240 millones de pesos (Santa Rita, 2014). Cabe señalar que es imposible contar con el total de la información económica (ventas, inversiones, ganancias, impuestos) vinculada con las causas, diagnóstico, tratamiento y, por supuesto, mantener la obesidad; no obstante sí es posible darse una idea general de la cantidad de dinero que se produce y mueve en relación con esta enfermedad. Un detalle significativo que lector debe considerar, son las ganancias que se obtienen por las ventas de dietas mágicas, masajes, medicamentos alternativos, ropa especial, membresías de gimnasios, artículos deportivos, comida chatarra o actualmente llamada de alta densidad energética, fármacos, refrescos y toda una gran cantidad de elementos que producen ganancias, generan empleos y establecen intereses, ya sean moralmente éticos o no (Barroso, 2012; Luna, 2007; Muñoz, 2012; Restrepo, 2010).
Finalizaremos esta sección con una pregunta que tiene como objetivo principal llamar a una profunda reflexión sobre lo que hacemos en torno a esta enfermedad, ¿está la humanidad dispuesta a terminar con la obesidad y su economía de oro?
Conclusiones
A lo largo de este capítulo se expuso la evidencia que demuestra que la obesidad es una enfermedad. Es importante destacar que esta es causada por múltiples factores, por lo que se torna urgente determinar el grado de responsabilidad que tiene cada uno de ellos en su génesis y desarrollo. Esta simple medida permitiría contar con objetividad y claridad para establecer planes, programas y estrategias mundiales para lograr, al menos, su control (Heshka y Allison, 2001; Kolata, 1985; Pollack, 2013). Estamos seguros que esta medida es controversial y que señalar que una causa tiene mayor o menor grado de participación en la génesis de la obesidad, desatará discusiones, protestas e intervenciones de los grupos con intereses económicos vinculados. A nadie le gusta ser señalado y mucho menos que se afecte algún tipo de interés; sin embargo, consideramos que es una medida práctica, económica y fácilmente desarrollable.
Por otro lado, señalar a la obesidad como enfermedad determina la responsabilidad que tiene el estado en su prevención, diagnóstico y control. Las pruebas son contundente al mostrar el fracaso de las políticas gubernamentales mundiales establecidas para controlar el desarrollo de esta enfermedad. Los gobiernos deben necesariamente escuchar otras opiniones para implementar nuevas políticas que integren además de la dieta y el ejercicio, elementos centrados en el comportamiento alimentario. Recientemente se ha propuesto como medida innovadora establecer grupos multidisciplinarios que permitan desarrollar estrategias regionales, que tomen en cuenta el comportamiento alimentario y las condiciones particulares en las que se desarrollan las enfermedades alimentarias (Políticas en nutrición deben manejarse a nivel regional en México, 2013; López-Espinoza y Martínez, 2012).
Esta propuesta de realizar un abordaje regional, multidisciplinario y centrado en el comportamiento alimentario, para la investigación y estudio del fenómeno, ha permitido generar una red de colaboración científica, denominada Red Internacional de Investigación en Comportamiento Alimentario y Nutrición (RIICAN), que permite la interacción del conocimiento sobre alimentación con diversos grupos científicos a nivel internacional. Dicha red, creada el 1 de julio de 2014, integra inicialmente investigadores de Francia, España, Argentina y México. Su objetivo principal es realizar, promover y difundir todas las vertientes y perspectivas de la investigación científica relacionada con el comportamiento alimentario, la alimentación y la nutrición. El presente libro es uno de sus trabajos iniciales de investigación y difusión.
Ahora bien, retomando nuestro análisis sobre la obesidad, le pedimos a lector que considere las similitudes que la obesidad tiene con la contaminación. Todos sabemos los elementos que contaminan, sin embargo, se siguen utilizando, de forma individual y mundial; existen guerras, muertes, negocios, ganancias, fuentes de empleo, discusiones sobre qué es un contaminante y qué no lo es, costos intocables de intereses, y un sinnúmero de elementos más. Así, que para finalizar el presente capítulo, volvemos a formular una pregunta que tiene como objetivo principal llamar a una profunda reflexión sobre lo que hacemos en torno a la contaminación, ¿está la humanidad dispuesta a terminar con la contaminación y su economía de oro? Seguramente, el lector tendrá las respuestas finales y adecuadas a la interrogantes aquí planteadas.
Esperamos que el presente trabajo sea en el mejor de los casos, un elemento de discusión y reflexión para el público en general y una obra de consulta para todos aquellos estudiantes que tienen la inquietud de desarrollarse como investigadores del área alimentaria. Seguros estamos que este trabajo contribuirá a generar nuevas interrogantes en el sublime camino de la ciencia.
Notas
1 El presente capítulo se realizó gracias al apoyo otorgado a Antonio López-Espinoza, por parte del Conacyt mediante el proyecto CB 156821.
Referencias
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ANDERSON, P. M. Y BUTCHER, K. F. (2006). Reading, writing, and refreshments: are school finances contributing to children’s obesity? Journal of Human Resources, 41(3), 467-494.
ANUNCIA COFEPRIS NUEVO ETIQUETADO Y PUBLICIDAD PARA COMIDA “CHATARRA” (2013). 24 Horas. Recuperado de http://www.24-horas.mx/anuncia-cofepris-nuevo-etiquetado-y-publicidad-para-comida-chatarra/
AVERETT, S. Y KORENMAN, S. (1996). The economic reality of the beauty myth. The Journal of Human Resources, 31(2), 304-330.
BAGCHI, D. Y PREUSS, H. G. (2013). Obesity. Epidemiologhy, pathophysiology, and prevention. USA: CR Press Taylor & Francis Group.
BARQUERA, C. S., CAMPOS-NONATO, I., ROJAS, R. Y RIVERA, J. (2010). Obesidad en México: epidemiología y políticas de salud para su control y prevención. Gaceta Médica de México, (146), 397-407.
BARRERA, H., LÓPEZ-ESPINOZA, A., MARTÍNEZ, A.G., TORRE-IBARRA, C. DE LA, AGUILERA, V. G, GALINDO, A., ... MAGAÑA C. (2010). Efectos de las instrucciones audiovisuales no explícitas sobre el comportamiento alimentario. Diversitas,