control de tiempo, según contaba el Chess Player, estableciéndose seis horas para toda la partida, es decir, tres horas para cada jugador. La medición se hacía con un reloj de arena (de modo que se colocaba de pie para el jugador al que le correpondía mover y una vez éste jugaba, el reloj se invertía). Para este torneo se había diseñado un tipo especial de reloj, que siguió adoptándose en los torneos venideros. Se habían ensayado otros controles. Por ejemplo, en el match Harrwitz-Löwenthal cada contendiente debía realizar su jugada en un tiempo de 20 minutos. En el segundo torneo internacional de Londres, celebrado en el año 1862, se instituyó un saludable costumbre desde el punto de vista de la lógica deportiva: cada ajedrecista debía realizar 20 jugadas en dos horas y el control se haría con relojes de arena.
La era del ajedrez de torneo, es decir, de la competición deportiva comienza con el nombre de Adolph Anderssen (1818-1879), el jugador más sobresaliente de mediados del siglo XIX. En su juego se combinan el dinamismo de la Escuela Italiana con el juego de peones preconizado por Philidor. En el terreno de las aperturas, le atraía el Gambito Evans, la Apertura Escocesa y la Apertura Española, además del Gambito de Rey (en particular, el Gambito Kieseritzky). Con negras solía responder a 1 e4 con 1 ... e5 y 1 ... c5. Sus profundos fundamentos del juego, sus efectivas combinaciones y una sobresaliente capacidad de cálculo se tradujeron en unos increíbles hallazgos estéticos que han deslumbrado a todo el público ajedrecístico. Su partida con Kieseritzky (Londres, 1851), donde condujo un juego impresionante, es consignada en los libros de enseñanza como “La Inmortal”: 1 e4 e5 2 f4 exf4 3
Adolph Anderssen
En otra de sus más brillantes actuaciones venció a Dufresne (Berlín, 1852) en una partida combinativa con el Gambito Evans, en la que asestó mate en 24 jugadas. Esta partida se conoce como “La Siempreviva”: 1 e4 e5 2