eso le había dejado las cosas claras a Shelby Harris. Gus Norton no hacía un buen trabajo. Rafe no quería imaginarse a ese hombre poniendo una mano sobre la bonita madera de esa casa.
—¡Eh! ¡Hermano!
Rafe se volvió y vio acercarse a Rick y a Lucas, el hijo de Jill. El niño de dieciocho meses sonrió y echó los brazos hacia su tío.
Rafe lo tomó y lo sentó en la barra.
—Hola, Lucas.
—Hola —dijo Lucas con timidez.
Rafe miró a su hermano.
—Veo que venís a visitar a la camarera rubia.
—Sí —dijo Rick mirando a Jill que estaba atendiendo una mesa—, es duro tenerla todo el día trabajando.
—Pobrecito —acarició la barbilla de su sobrino—. La mayoría de la gente tiene que trabajar para poder vivir.
—¡Eh! Yo trabajo —dijo Rick—. He cambiado el suelo de madera del salón —se refería a la casa que Jill y él habían comprado en Ash Street y que estaban reformando.
—Hoy he estado con una futura cliente, Shelby Harris.
—¿Es la mujer que ha comprado Stewart Manor?
—Sí. Quiere abrir un hostal. Está todo hecho un desastre. Se necesitarán meses de trabajo para arreglarlo. A papá le habría encantado el artesonado tan perfecto.
—¿No trabajó él allí cuando éramos niños?
Rafe asintió.
—Diseñó los armarios de la cocina hace unos veinte años. Hoy no he entrado en la cocina.
—¿Y qué le vas a hacer a la señora Harris?
—Nada.
—¿No le ha gustado tu oferta?
—Era demasiado dinero. Creo que se ha excedido comprando ese sitio. No tiene dinero para reformarlo. No tenía ni idea de lo que le costaría arreglarlo. Es una mujer testaruda.
—¡Ah! Así que te has fijado en que es una mujer. Eso es bueno. ¿Es joven? ¿Guapa?
Rafe se encogió de hombros.
—De nuestra edad, y no me he fijado en su aspecto —mintió.
—Si no recuerdas si es guapa o no, es que has estado demasiado tiempo sin compañía femenina, hermano.
—¿Y cuándo he tenido tiempo? He tenido que hacerme cargo del negocio.
—Y has hecho muy buen trabajo. Supongo que sabes lo mucho que te agradezco que hayas mantenido el negocio mientras yo estaba fuera todos estos años.
Rafe sabía que su hermano se sentía culpable por haberse alistado en los marines y después haberse ido a Texas a probar suerte con el petróleo, en lugar de trabajar en el negocio familiar.
—Yo quería continuar con el negocio por papá. Mamá tiene el restaurante y es independiente. Pero Covelli and Sons es nuestra herencia — Rafe siempre quiso convertirse en un buen carpintero, como su padre.
—Parece que ahora tienes mucho trabajo —dijo Rick—. Charlie me ha dicho que vas a alquilar la oficina.
—La semana que viene pondré el anuncio. También alquilaré los tres apartamentos de arriba. Si no terminas de arreglar tu casa, puedes quedarte con eso —Rafe se volvió para mirar a su sobrino—. ¿Verdad, pequeño?
—Verdad.
Rick sonrió.
—Como han cambiado las cosas. Hemos estado a punto de quebrar y en siete meses ya estamos sacando beneficios. El primo Tony tuvo una buena idea al querer comprar las oficinas y restaurarlas. Es una pena que no podamos arreglar Stewart Manor. Restaurar ese sitio nos hubiera dado mucha publicidad.
—¿Qué quieres que haga? ¿Regalar el trabajo? Dudo de que tan siquiera esa mujer pueda pagar los materiales.
—Quizá podamos pensar en algo. Parece que la señora Harris necesita arreglar el sitio para poder abrir el negocio.
—Quizá debía de haber pedido un crédito mayor.
Rick permaneció en silencio.
—Así que yo soy el malo —dijo Rafe.
—Niño malo —se entrometió Lucas.
Rick se rió. Lucas aplaudió y al escuchar el barullo, Jill se acercó a la barra. Sonrió y miró a su marido de una manera tan especial que Rafe pensó que el amor existía de verdad.
—¿De qué os reís? —preguntó ella. Y besó a su marido y a su hijo.
—Mi hermano mayor tiene problemas con una mujer.
—¿Con quién? —preguntó Jill sonriente.
—La nueva dueña de Stewart Manor —dijo Rick.
—Shelby Harris. El otro día la vi en el banco. La señora Kerrigan me señaló quién era. Una morena, alta y delgada.
—Con unos ojos verdes preciosos —añadió Rafe.
—Parece que hay otro que está a punto de caer —dijo Rick sonriente.
Rafe negó con la cabeza.
—Ah, no. No soy tan valiente como tú, hermano. No quiero jugar con el conjuro de los Covelli.
El miércoles, sobre las seis de la mañana, Shelby se despertó al oirr voces masculinas en el exterior. Se incorporó y se dio cuenta de que se había quedado dormida en el sofá mientras trabajaba. Se levantó y se acercó a la ventana. Vio que Rafe Covelli estaba en el jardín con otros dos hombres. Uno de unos cuarenta y cinco años y el otro de la misma edad que Rafe.
Shelby se acordó de que Rafe iba a comenzar a trabajar en la parte delantera esa misma mañana. Se fijó en que Rafe tenía muy buen aspecto. Llevaba una camiseta azul que resaltaba su pecho musculoso y que su trasero y las piernas tampoco estaban nada mal.
De repente, Rafe se volvió y la vio en la ventana. Sostuvieron la mirada durante un rato. Shelby se percató de que iba en pijama, corrió la cortina y fue a cambiarse. Se puso unos vaqueros, una camiseta y unas zapatillas de deporte. Se pasó los dedos entre el cabello y salió.
El sol hizo que entornara los ojos.
—Buenos días —dijo él—. Siento que la hayamos despertado, pero tenemos que empezar antes de que haga mucho calor.
—Lo comprendo. Normalmente ya estoy levantada, pero me quedé trabajando hasta tarde —Shelby miró al hombre que estaba junto a Rafe.
—Hola, soy Rick Covelli. El chico duro es mi hermano. Lo siento por no haberla avisado de que vendríamos temprano.
—No se preocupe. Ya les dije que me he quedado dormida.
—Haremos el menor ruido posible. Solo tengo que comprobar el estado de los aleros —Rick miró hacia la casa—. He de admitir que estoy deseando trabajar en este sitio. ¿Le importa si voy arriba a echar un vistazo?
—Adelante.
Rick la saludó levantando un poco la gorra y dijo:
—Encantado de conocerla. Y bienvenida a Haven Springs. Espero que le guste vivir aquí.
—Estoy segura de que me gustará.
—Nuestra madre nos ha dicho que la invitemos a pasar por su restaurante. Ella y Nonna quieren conocerla. Mi mujer, Jill, también trabaja allí.
Shelby no podía creer que esos dos hombres fuesen hermanos. Uno era abierto y simpático, el otro, retraído. Vio que Rafe estaba escribiendo en su carpeta.
—Estaría bien, Rick. He estado muy ocupada con la mudanza e intentando ponerme al día con el trabajo. Me dedico a hacer gráficos en el ordenador