o no, ni de las de los animales y la fe sugiere que por tanto esos posibles planes no deben concernir al devoto, ya que en los dos Testamentos Dios desveló solo lo que debÃa afectar a la especie Homo sapiens sapiens, de la que todo exponente, en el sentido en que se acepta la Palabra, es creado a imagen y semejanza del mismo Dios y, según el credo de los cristianos, a imagen de la segunda Persona trinitaria, el hombre-Dios Jesucristo.
De todas maneras, mi punto de vista personal es que el Creador no habrÃa desarrollado designios solo para el Homo sapiens sapiens, sino que habrÃa cuidado, al menos, también de otros seres vivientes del tipo sapiens y, más allá de la Tierra, de posibles extraterrestres más o menos inteligentes.
En cuanto a los animales, se puede señalar que el Papa Pablo VI creÃa, a tÃtulo personal, en su supervivencia en Dios: como se reflejó en la prensa, al encontrar en público a un niño que estaba llorando por la muerte de su perro, ese pontÃfice le habÃa segurado que lo volverÃa a ver en el ParaÃso.
Con respecto a la pregunta de si los exponentes de las otras especies Homo fueron también los adanes, se puede ver más adelante la sección «PÃo XII, monogenismo y poligenismo» en el capÃtulo 8, titulado «Pareceres de algunos de los últimos papas».
Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829)
De Darwin y el darwinismo pasamos al primer evolucionista, Lamarck. Luego volveremos a avanzar en el tiempo, a Russel Wallace, contemporáneo de Darwin.
Para ser precisos, acerca de la primacÃa de Lamarck, recuerdo que un poco antes que él, el naturalista George Buffon, más exactamente Georges-Louis Leclerc, conde Buffon (1707-1788), habÃa tenido una cierta intuición evolucionista, aunque sin embargo sin haber desarrollado una teorÃa: era un experto en anatomÃa comparada y, como habÃa escrito en su obra en 36 tomos L'Histoire naturelle, générale et particulière, publicada entre los años 1749 y 1789, en parte por tanto después de su muerte, habÃa apreciado semejanzas entre el hombre y los simios y habÃa supuesto una posible genealogÃa común.
Después de un periodo de carrera militar, el francés Jean-Baptiste Lamarck se habÃa dedicado al estudio de las ciencias naturales, siguiendo una visión filosófica de la naturaleza inspirada por el materialismo ilustrado. Hasta él se pensaba que las especies fueron creadas asà como se presentaban, sin ninguna mutación. El mismo gran clasificador sueco de los organismos botánicos y zoológicos Carl Nilsson Linnaeus, conocido sencillamente como Linneo (1707-1778), habÃa sido fijista, aunque hacia el final de su vida habÃa supuesto que podÃan surgir nuevas especies por hibridación entre similares, pero la idea de hibridación no puede considerarse evolucionista. Para Lamarck, la materia no estaba constituida por elementos estables y definitivos como se suponÃa, sino que era mutable. Partiendo de la observación de los invertebrados, habÃa concebido la transformación de las especies vivientes a lo largo del tiempo, causada por los requerimiento del entorno y su capacidad de adaptación: habÃa desarrollado la hipótesis de que en todos los organismos biológico habrÃa un impulso interno hacia la mutación, tendente a la perfección, la cual, debido a los fenómenos que él llamaba «el uso y desuso de las partes» y «la hereditariedad de las caracterÃsticas adquiridas», los hacÃa cada vez más complejos en el curso de las generaciones. Asà que habÃa llevado a la biologÃa al evolucionismo, según una idea dinámica de la historia natural. HabÃa expresado sus teorÃas en la obra FilosofÃa zoológica en 1809. Lamarck fue también quien inventó el término «biologÃa», que habÃa incluido en la gran Enciclopedia ilustrada francesa, en cuya redacción habÃa sustituido a D'Alembert.22
Su teorÃa fue seguida con atención en el entorno de la biologÃa hasta los años 20 del siglo XX. Posteriormente el lamarckismo fue criticado, primero por solo una parte de los cientÃficos y luego de manera generalizada, tanto a causa de la afirmación de Lamarck de que la tendencia a la mutación estaba Ãnsita en los seres vivientes, algo que por entonces era algo presunto y nunca demostrado, como sobre todo por el hecho de que las caracterÃsticas adquiridas durante la existencia no parecÃan ni parecen transmisibles a los descendientes, ya que dichas caracterÃsticas se memorizan en las células somáticas y no en las germinales. Por ejemplo, una persona que se vuelva obesa no transmitirÃa naturalmente su adiposidad a los descendientes, salvo que los sobrealimentara en los primeros meses y años y los hiciera obesos para todo el resto de sus vidas, pero en ese caso no se tratarÃa de un hecho congénito, sino cultural (evidentemente de mala cultura).
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