este último aspecto; el redactor jefe vela por el mantenimiento de su periódico, que no debe confundirse con un cierto tipo de prensa esotérica. Es fácil de comprender. También es fácil comprender por qué los lectores no hallan información en la gran prensa sobre ningún tema relacionado con la reencarnación ni, por supuesto, sobre ningún hecho paranormal conocido.
La ignorancia corre el riesgo de convertirse en un grave defecto cuando se sirve de la ironía para cubrirse la cara al realizar conclusiones como esta: «Al final del siglo XX, las iglesias agonizan pero las creencias religiosas proliferan, por esta razón asistimos al desarrollo de una nueva religiosidad a la carta: cada persona coge su cesta y elige dentro del supermercado de religiones de dimensiones planetarias».
Si continuáramos con ese tono, podríamos decir: «Demos la bienvenida al respeto que se merece el lector». ¿En qué se ha convertido la maravillosa deontología periodística?
En el lado opuesto encontramos una prensa especializada que presenta la reencarnación de manera radical y no puede sobrevivir sin la publicidad desmedida de las ciencias ocultas. Sin embargo, algunos de esos periódicos ofrecen (muy raramente) artículos interesantes aunque demasiado especializados para el lector que busca información.
La reencarnación vista por los diferentes círculos científicos
¿Hacia una nueva realidad científica?
Incurriríamos en un error si creyéramos que la ciencia no se interesa por el fenómeno de la reencarnación.
Para el profesor Jean Audouze, físico, «todos somos polvo de estrellas porque nuestro origen está en el cosmos».
Hoy en día se tiene la seguridad de que nada se pierde, que todo se transforma. No se trata de un concepto sino de una realidad científica lo que hace decir al profesor Audouze que «podemos ser herederos de una parte de Carlomagno, de Juana de Arco o de cualquier otro ancestro olvidado, desconocido».
Este perspicaz científico, muy lejos de que lo puedan considerar un soñador, declara que esta «parte de herencia ancestral» se confirma como algo completamente real. El profesor Audouze enciende una nueva luz sobre lo que llamamos (quizá de forma abusiva) «reencarnación».
Cuando un cuerpo se descompone libera una energía que vuelve a su origen y que produce en su retorno una nueva energía (nada se pierde, todo se transforma). ¿No estamos hablando de lo que la religión viene en llamar «transmigración» y el ocultismo «reencarnación»?
Durante veinticinco años, el profesor de neuropsiquiatría, Ian Stevenson, ha llevado a cabo numerosas investigaciones sobre la reencarnación.
Ha reunido dos mil quinientos dosieres, de los que setecientos se han considerado veraces.
El profesor de biología, Rémy Chauvin, no descarta la idea de que la vida continúe después de la muerte.
Para el físico David Bohm:
… la respuesta es muy inquietante si bien es de sobras conocida desde la noche de los tiempos. […] Es una ilusión bastante común ver en cada persona una realidad independiente. Tome el caso de dos partículas separadas físicamente y que, sin embargo, parece que forman una única entidad. Pues bien, imagine que esas dos partículas sean, en realidad, sólo dos expresiones secundarias, dos proyecciones sobre dos pantallas de una misma y única realidad inicial, filmada en directo por dos cámaras. Desde un cierto punto, todos observamos una misma y única entidad. Olvidar este detalle, supone exponerse a una confusión de todos los sentidos y, por consiguiente, a importantes riesgos.
El fenómeno NDE
En 1977 apareció en las librerías el célebre bestséller del doctor Raymond Moody, La Vie après la vie, en donde salía a la luz por primera vez el fenómeno NDE[2].
Raymond Moody, doctor en filosofía y médico, revelaba en su libro que numerosos individuos, considerados clínicamente muertos, habían sido devueltos a la vida mediante modernos procedimientos de reanimación. Algunos de ellos volvían de esta aventura acompañados de extraños recuerdos; las constantes y las semejanzas que se encontraban de un relato a otro eran sorprendentes.
Tras la aparición de la obra, comenzó un verdadero reguero de testimonios procedentes de los cuatro puntos del planeta; algunos resultaban demenciales, pero esos era muy fácil detectarlos. Desde entonces, el fenómeno NDE no para de repetirse y todos los testimonios evocan la reencarnación.
Entre los numerosos casos catalogados y considerados veraces hay una serie de puntos coincidentes:
1. Liberación del cuerpo, pérdida de la personalidad, emotividad y supresión de esta emotividad.
2. La NDE permite traspasar los muros.
3. Túnel sombrío (o pasillo), a menudo estrecho, a cuyo final brilla una luz intensa.
4. Extraordinaria apertura de espíritu de la persona cuando alcanza dicha luz.
5. La luz, según los casos, se asocia a un guía espiritual, a menudo Jesucristo.
6. La persona tiene la impresión de hallarse en una situación familiar, algo que conoce pero que su memoria humana ha olvidado. Relacionado con este tema, una frase se repite a menudo: «Esto habla al corazón» (o «al alma»).
7. El sujeto regresa a la vida iniciado, su comportamiento no volverá a ser nunca el mismo: está espiritualizado.
En el transcurso de una entrevista que me concedió Patrice Van Eersel[3] me dijo:
La publicación del libro del doctor Moody ha conmocionado tanto al público que han comenzado a aparecer virulentas discusiones. Hoy en día, los racionalistas y ocultistas exaltados se han calmado y parece que consideran, desde una misma óptica, el fenómeno NDE, estudiado desde hace mucho tiempo por la admirable investigadora humanista Elisabeth Kübler-Ross. Ella fue la primera que, si puedo permitirme la expresión, prendió la mecha.
Efectivamente, debemos a Elisabeth Kübler-Ross una nueva aproximación a la muerte, tanto desde el plano científico como desde el espiritual.
Sin embargo, nada empujaba a esta mujer admirable a penetrar en esta zona prohibida por nuestras religiones occidentales, juzgada tabú por una cierta estrechez de espíritu, o convertida en el fenómeno por excelencia por numerosos ocultistas. No, nada la empujaba a esta búsqueda sino su férrea voluntad de convertirse en médico.
Gracias a ella, ahora existe un seguimiento de los moribundos en sus fases terminales que, por otra parte, fueron descubiertas por Elisabeth Kübler-Ross. En total son cinco:
1. Cuando la muerte se declara inevitable, el moribundo la rechaza violentamente.
2. Se da cuenta de lo inevitable y una subida de adrenalina desencadena su cólera; busca un culpable.
3. La tercera fase corresponde a una especie de regateo con el propio miedo: «seguro que pueden curarme o al menos hacer que dure más…».
4. Fase de abatimiento pero también de aceptación.
5. Aparición de una serenidad excepcional que no tiene nada que ver con el falso gusto por lo extraño o con la curiosidad de saber qué es la muerte.
Es cierto que aún queda mucho por averiguar sobre el misterio que rodea al fenómeno NDE pero, en cualquier caso, parece acercarse a la supervivencia post mortem y, por consiguiente, al proceso de la reencarnación.
Con ocasión de un viaje a París en diciembre de 1988, Raymond Moody declaraba que no se trataba de un investigador solitario ya que el fenómeno NDE está reconocido como una realidad médica en los Estados Unidos y que, además de la publicación regular de trabajos de investigadores especializados en este campo como Sabom, Greyson, Ring, Morse, Schoonmaker o Kreutzinger, todos los boletines oficiales de psiquiatría, pediatría y psicología presentan y exploran esta nueva dimensión de la psique humana. A comienzos de los años 80, un sondeo