Inés Bustos Sánchez

La voz


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por los órganos que articularán el sonido.

      Las cavidades de resonancia son: el pabellón faringobucal, la región nasofacial, la región toracoabdominal y la región perineopelviana. De estas estructuras, las dos primeras son las principales y contienen órganos esenciales: la lengua y el velo del paladar, la faringe y la laringe.

      El velo del paladar es un órgano pasivo cuya posición está afectada por los movimientos de la mandíbula, lengua, faringe y laringe. Así, las modificaciones de forma y tamaño que sufre continuamente esta cavidad en la articulación fonemática determinan la resonancia vocal. Cualquier desviación de forma, tamaño o consistencia de la cavidad de resonancia y cualquier posición articulatoria defectuosa causan una resonancia vocal alterada.

      El sonido fundamental FO que proviene de las cuerdas vocales debe atravesar todo el tracto vocal, cuyas partes se comportan como cavidades de resonancia. Este efecto produce una ganancia sonora en algunas frecuencias particulares, lo que constituye el tono y el timbre característicos y personales de la voz humana.

      La articulación es lo que le permite al ser humano ser escuchado y comprendido. Permite, a su vez, la pronunciación exacta de las vocales, la articulación neta de las consonantes, la distinción de cada sílaba y la elocución perfecta de cada palabra.

      Comprende el respeto por la pronunciación, el resaltar las palabras valiosas, no dejar de pronunciar los finales, distribuir el tiempo entre las pala-bras y las frases, servirse de las inflexiones de la voz y de los matices dando vida a la imagen que describe.

      Todo esto conforma el soporte fisiológico sobre el que se vehiculan los procesos de comunicación del lenguaje hablado. Las más pequeñas desviaciones de este equilibrio, de por sí precario, producen notables alteraciones en el tono, la potencia o la calidad de la voz producida.

      Las variadas y prolongadas exigencias a que suelen someter su voz las profesiones locutivas, más una insuficiente técnica vocal, conducen con frecuencia a que la persona realice esfuerzos inadecuados, como un modo de suplir la incapacidad de manejar la voz con una técnica adecuada. Esto, además, aumenta la fatiga vocal, altera las características de la voz y también llega a disminuir la inteligibilidad del habla.

      Orgánicamente se produce un aumento de la tensión de los músculos que intervienen en la fonación. La sobrecarga se localiza especialmente en los músculos faciales, el velo del paladar, la lengua, la faringe, la laringe y los músculos cervicales, pectorales y abdominales; incluso puede llegar a observarse la ingurgitación de la vena yugular.

      De manera especial, cuando se eleva la intensidad o el volumen sin aplicar la técnica adecuada, el esfuerzo provoca una hipertensión muscular, localizada especialmente en la laringe, con una fuerte contracción del vestíbulo laríngeo. La respiración pierde la coordinación con la fonación; entonces, las cuerdas vocales se adaptan produciendo golpes glóticos o ataque vocal brusco al inicio de palabras o sílabas. En estas condiciones, la emisión resulta alterada, suena áspera y apagada.

      Lo más grave es que cuando se rompe el equilibrio fonatorio aparecen conductas compensatorias que pueden producir diversas patologías; es decir, que el mal uso de la voz deriva en patologías que perjudican a la misma voz: hecho sobre el cual muchos profesionales, entre ellos los locutores y cantantes, tienen experiencia.

      Habitualmente se presenta una disfonía que altera una o más de las propiedades tímbricas de la voz.

      El uso adecuado de la voz implica un aprendizaje y, como tal, debe pasar por diferentes etapas que van desde la concienciación de la técnica fonatoria hasta su empleo de forma inconsciente y automática.

      La finalidad de una técnica de fonación adaptada a la propia situación socioprofesional es doble. Por una parte, el uso eficiente y con el menor esfuerzo y, por otra, la prevención de las patologías de origin funcional y de origen orgánico que pueden lesionar la salud del aparato vocal.

      Tal aprendizaje requiere, como se dijo al principio, conocer experimentalmente el propio mecanismo fonatorio, los órganos que participan, su funcionamiento y la manera de lograr su mayor rendimiento sin que se alteren o enfermen.

      La eficiencia de esta técnica se basa en la realización adecuada de los actos fisiológicos, sobre todo de la respiración; en encontrar el grado óptimo de la tensión muscular y en el trabajo vocálico con ejercicios específicos. Todo esto debe complementarse con la articulación precisa del sonido que se emite.

      A la vez, es necesario tener en cuenta la asociación inseparable entre postura y fonación, pues las posiciones inadecuadas que provocan tensiones musculares, obstrucción de la circulación del aire o que presionan los órganos o cavidades de resonancia también perjudican la emisión.

      El dominio de la técnica ayuda a realizar sin esfuerzo acciones como hablar, cantar, graduar la intensidad o volumen tonal e intentar los más diver-sos recursos expresivos, que de por sí constituyen situaciones de esfuerzo y adaptación continua del aparato fonador. Es cierto que la voz surge natural y espontáneamente, sin necesidad de un aprendizaje o preparación especiales; pero, como sucede con otros muchos casos, los dones vocales innatos se potencian y perfeccionan mediante la técnica, ya que por sí mismos resultan insuficientes.

      La ausencia de una técnica, cabe insistir, puede ocasionar con el tiempo trastornos vocales de diversa consideración.

      Los elementos de una técnica vocal se desarrollan en función de las necesidades de cada profesional, de la función que va a desempeñar, según las habilidades y capacidades naturales y adquiridas que posea.

      En cuanto a la educación de las voces, en sus diversos modos de expresión, no existen diferencias en las bases de reeducación, pero sí existen métodos alternativos para obtener el mismo resultado de rendimiento vocal.

      En la literatura internacional actual vemos diferentes orientaciones en la rehabilitación de los trastornos de la voz que cohabitan y coexisten con las más antiguas.

      Ellas son: la Terapia sintomática, cuyo representante es Daniel Boone. Postula el abuso y mal uso vocal como causa principal de disfonías. El mal uso de la frecuencia, intensidad, respiración y otros tipos de esfuerzos vocales.

      La Terapia psicogénica, en la que el abordaje terapéutico es la identificación y la modificación de los trastornos emocionales y psicosociales asociados a la conducta fónica alterada. Es decir, se intentará percibir cuál es la historia psicoemocional de la disfonía.

      La Terapia etiológica se basa en eliminar la causa del trastorno vocal. Es esencial la identificación de ésta para conseguir su modificación y eliminación.

      Finalmente, la Terapia ecléctica, cuyo principio es disponer de diferentes enfoques para un tratamiento más efectivo y liberar al paciente de la alteración vocal. Esto permite que el terapeuta tenga un mayor número de recursos y más posibilidades para la aplicación de técnicas de diferente naturaleza.

      Básicamente, en el trabajo de entrenamiento vocal se harán ejercicios seleccionados para los fines de fijar ajustes motores necesarios y, de este modo, reestructurar los patrones de la fonación alterados o mejorar los ya existentes. Es necesario saber para qué se usa cada tipo de entrenamiento vocal y qué esperamos conseguir con ellos.

      El desarrollo de un ejercicio tiene por finalidad intentar equilibrar la fuerza de la respiración y todas las fuerzas musculares de la laringe; mejorar o volver a instaurar el equilibrio precario que existe en la puesta en marcha de los diferentes órganos, aparatos y sistemas que intervienen en la fonación.

      En el cuerpo humano nada ocurre por etapas estrictamente delimitadas; todo ocurre dialéctica, coordinada y sinérgicamente. A los fines de realizar una síntesis didáctica se debe considerar la práctica de la voz por etapas. Pero sólo se hace para los fines