Dr. John E. Sarno

La mente dividida


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síntoma psicogénico de modo que éste pierda su poder de distracción, el cerebro simplemente creará una nueva serie de síntomas. A esto lo he llamado el imperativo del síntoma, y es algo que tiene enormes implicaciones de cara a la salud pública, porque los síntomas psicogénicos son generalmente mal interpretados y tratados como trastornos físicos. De repente, el paciente supuestamente «curado» presenta un nuevo trastorno que exige atención médica. Más sufrimiento. Más tiempo perdido. Más gastos. Esto lo iré documentando a medida que avancemos.

      Estadísticamente, el trastorno más común en la actualidad es el síndrome de miositis tensional (SMT), que he descrito ampliamente en mis obras anteriores. Le di ese nombre porque en 1984, cuando publiqué mi primer libro, se creía que el músculo (mio) era el único tejido implicado. Desde entonces, he descubierto que los nervios y los tendones también pueden verse afectados. De hecho, ahora parece que la implicación de los nervios es más común que la de los músculos. Por consiguiente, un término más inclusivo, como síndrome musculoesquelético mente-cuerpo, podría ser más adecuado. Sin embargo, como el término SMT ya es tan conocido, mis colegas me han aconsejado que no lo cambie, así que lo seguiré usando.

      ¿Qué hace el cerebro para producir síntomas en el cuerpo? Existen varias formas, pero la mayoría de los trastornos psicosomáticos son crea­dos mediante la actividad del sistema autónomo-péptido. La rama autónoma del sistema nervioso central controla los sistemas involuntarios del cuerpo, como el circulatorio, el gastrointestinal y el genitourinario. El sistema autónomo está activo veinticuatro horas al día y funciona al margen de nuestra conciencia. He agregado la palabra péptido porque los péptidos son moléculas que participan en un sistema de intercomunicación entre el cerebro y el cuerpo, y que desempeñan un importante papel en estos procesos.

      El trastorno más común producido mediante este sistema es el SMT, que he descrito más arriba. Este trastorno afecta a millones de personas y representa un coste de miles de millones de dólares en gastos médicos, horas de trabajo perdidas y compensaciones.

      Otros trastornos incluyen:

      – El reflujo gastrointestinal.

      – La úlcera péptica (a menudo agravada por los antiinflamatorios).

      – El espasmo esofágico.

      – La hernia de hiato.

      – El síndrome de colon irritable.

      – La colitis espástica.

      – La cefalea tensional.

      – La migraña.

      – La micción frecuente (cuando no está relacionada con problemas médicos como la diabetes).

      – La mayor parte de los casos de prostatitis y de disfunción sexual.

      – Tinitus (zumbido en los oídos) o mareos no relacionados con alguna enfermedad neurológica.

      Las teorías presentadas aquí están basadas casi exclusivamente en los trabajos realizados con el SMT, pero existen muchos trastornos mente-cuerpo menos comunes (como el reflujo) cuyos síntomas también son creados por el sistema autónomo-péptido. Nos referimos a éstos como equivalentes del SMT, ya que son el resultado de las mismas condiciones psicológicas que produjeron el SMT. Lo que me puso sobre la pista de que los casos de dolor que veía en los primeros años de la década de los setenta fuesen de origen psicosomático fue el hecho de que tantos pacientes hubiesen padecido estos trastornos equivalentes, todos los cuales yo sabía que eran psicosomáticos. Este descubrimiento indicaba que los casos de dolor que veía también eran psicosomáticos.

      Como señalé anteriormente, la alteración de la fisiología en los casos de SMT parece ser una leve reducción local en el flujo de sangre hacia una pequeña región o hacia una determinada estructura corporal, como un nervio espinal, lo cual da lugar a un estado de leve deficiencia de oxígeno. El resultado es dolor, el síntoma principal del SMT. Los tejidos que pueden verse afectados son los músculos del cuello, los hombros, la espalda o las nalgas, cualquier nervio espinal o periférico y cualquier tendón. Por consiguiente, los síntomas pueden producirse prácticamente en cualquier parte del cuerpo. La naturaleza del dolor varía dependiendo del tejido afectado: músculo, nervio o tendón. Además del dolor, la implicación de un nervio acarrea la posibilidad de sensaciones de entumecimiento y hormigueo o debilidad muscular. Éstas reflejan la función de los nervios, que consiste en hacerle llegar la información sensorial al cerebro y llevar mensajes de movimiento al cuerpo. Cualquiera de estas funciones –o ambas– puede verse afectada por el SMT. El hecho de que los pacientes experimenten una rápida recuperación cuando reciben un tratamiento adecuado indica que los tejidos afectados –el tejido nervioso es el más sensible– no han sido dañados en absoluto, sino que han sufrido una disfunción temporal.

      Como son tan pocos los miembros de la profesión médica que reconocen los trastornos mente-cuerpo como lo que son, el dolor del SMT es generalmente atribuido a una anormalidad estructural, como las que suelen aparecer en radiografías, tomografías computarizadas y resonancias magnéticas. Ésta es una lista de las anormalidades más comunes:

      Anormalidades de los discos intervertebrales debidas al desgaste, al envejecimiento, etcétera, que incluyen:

      – Estrechamiento del espacio discal, lo que indica que el disco ha perdido sustancia.

      – Abultamiento del disco, debido a la presión ejercida por la materia interna del disco (el núcleo pulposo).

      – Hernia de disco.

      Anormalidades de otros componentes de las vértebras, conocidas como espondilosis (inmovilidad y fusión de las articulaciones de las vértebras) que incluyen:

      – Espolones óseos alrededor de las articulaciones de las vértebras («pinzamientos del nervio»).

      – Engrosamiento de los ligamentos en el canal espinal.

      – Estrechamiento del canal espinal debido a los cambios descritos anteriormente (estenosis espinal).

      – Espondilolistesis (mala alineación de las vértebras).

      – Escoliosis (anormal curvatura lateral de la columna vertebral).

      – Anormalidades de los tendones del manguito rotador del hombro.

      – Lesiones del cartílago de la rodilla (menisco).

      – Cambios normales en la rodilla debidos al envejecimiento (artritis).

      – Modificaciones en la cadera causadas por el envejecimiento (artritis).

      – Espolones óseos en el talón.

      – Otros trastornos menos comunes.

      De acuerdo con mi experiencia, la mayoría de estas anormalidades no son responsables del dolor. La causa de éste es simplemente el SMT. No obstante, a pesar de que no existen pruebas de que estas anormalidades sean la causa del dolor, la profesión médica usa rutinariamente la cirugía para tratarlas –en muchos casos, una cirugía extremadamente cara.

      Para complicar aún más el problema, existen numerosos trastornos de los tejidos blandos a los cuales también se los considera responsables del dolor producido por el SMT. Estos errores de diagnóstico incluyen:

      – Dolor miofascial, generalmente en la espalda (causa real desco­nocida).

      – Síndrome pospolio (dolor en las zonas del cuerpo anteriormente afectadas por la polio). Este dolor suele ser atribuido a esta enfermedad, pero no existe ninguna prueba de que esto sea así. Hay una frase en latín, muy citada en círculos científicos, que se refiere a este tipo de errores de diagnóstico: post hoc ergo propter hoc. Quiere decir: «después de esto [después de la polio], por lo tanto a causa de esto», un clásico error de lógica que lleva a conclusiones nada científicas y peligrosas.

      – Distensión de los músculos de la espalda o del cuello.