Mabel Katz

Zero Frequency


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que aterrizaron después del desastre. Andrés estaba allí para alimentar a la mayor cantidad posible de personas. No tenía ningún plan, no había pensado en ninguna estrategia, y no sabía si contaría con recursos suficientes. Y sin embargo, a lo largo de las siguientes semanas José y sus colegas chefs alimentaron a 3,6 millones de personas. Él no se detuvo a pensar. No estableció ningún objetivo. Simplemente empezó a cocinar.

      En un artículo publicado en Bon Appetit, Andrés comentó: «Creo que la mayor lección es también la más simple: cuando te encuentres frente a un desafío, simplemente ponte manos a la obra. Quizás esto no sea muy profundo; quizás no sea una lección que puede hacerte ganar el premio Nobel, pero es una lección que te enseña a convertir los problemas en oportunidades. Si intentas hacerlo todo de golpe, te quedarás paralizado, bloqueado, y concertarás una reunión para planificar otra reunión. Y esto no son más que diferentes formas de posponer la acción. Nosotros no organizamos ninguna reunión. Simplemente empezamos a cocinar. Mil comidas el primer día, y luego el número se duplicó cada jornada. ¡Antes de que nos diéramos cuenta estábamos haciendo ciento cincuenta mil comidas por día!».

      ¡Imagina! Millones de personas necesitadas fueron alimentadas porque un hombre no se detuvo a pensar, ni a planificar, ni a fijar objetivos. ¡Simplemente se puso a cocinar! Hazañas sorprendentes pueden realizarse cuando seguimos nuestra Inspiración, nos permitimos fluir, y pasamos a la acción. ­Seguimos intentando resolver los problemas, como el de las personas sin hogar, mediante el pensamiento y la planificación. ¿Y si simplemente comenzáramos por hacer? Lo que nos impide realizar grandes cosas, cosas imposibles, son la preocupación y la planificación.

      Quienes me escuchan se asombran cuando les digo que yo no establezco objetivos. «¿Y cómo consigues hacer las cosas?», me preguntan. En nuestra acelerada sociedad orientada hacia los logros y el éxito, parece una pregunta justa. En Estados Unidos, la mayoría de las personas creen que debemos planificar nuestro futuro y luchar para alcanzar nuestros objetivos y sueños. Existe toda una industria destinada a ayudarnos a gestionar mejor nuestro tiempo para planificar y establecer objetivos, para crear tableros con representaciones visuales de nuestras metas con el fin de visualizar nuestro futuro ideal. Sé que todos se sorprenden cuando les digo que yo no fijo objetivos. Y sé también que lo que realmente se están preguntando es: «Si no defines objetivos, ¿cómo has llegado a tener una vida tan feliz?». Ven mi satisfacción y quieren preguntar: «¿Cómo has alcanzado esa paz?». Quienes conocen mis libros, los viajes que hago para dar conferencias, y otros trabajos, ansían comprender: «¿Cómo lo has conseguido?».

      Todo esto –mi vida feliz, mi satisfacción, mi trabajo alrededor del mundo– está al alcance de cualquiera. Yo no soy especial, ni soy una elegida, ni la vida me ha sonreído más que a ningún otro ser humano del planeta, incluyéndote a ti. Tu vida depende de tus decisiones. Yo decidí asumir la responsabilidad, y dejar de encontrar culpables y quejarme. Me convertí en una persona más humilde. Me di cuenta de que no sabía tanto como yo pensaba. Dejé de prestar atención a las opiniones y juicios de los demás. Perdoné. Tomé consciencia de que no tenía que ser perfecta, y empecé a aceptarme tal como soy. Presté más atención a los deseos de mi corazón y abrí mi mente, decidí soltar y confiar. Si estás buscando la forma más fácil de alcanzar la felicidad, la paz y la abundancia, te recomiendo este camino.

      Yo no me fijo objetivos. No paso un montón de tiempo planificando ni pensando estrategias para mis siguientes pasos. Yo disfruto del presente. No tengo un tablero con representaciones visuales, y no recurro a afirmaciones. Y a pesar de todo, soy más feliz que nunca. Estoy haciendo un trabajo que me encanta. Estoy cumpliendo con mi misión en esta vida. No tengo preocupaciones económicas. No me inquieta cuál será mi siguiente aventura. Mis relaciones ­afectivas son armoniosas y satisfactorias. Las situaciones conflictivas pasan rápido. La vida es fácil. La vida es maravillosa. Estas son afirmaciones audaces, lo sé. Aun así, son verdaderas. Y lo son porque practico el ancestral arte espiritual hawaiano de resolución de problemas Ho’oponopono, el camino más fácil. Y son verdaderas porque vivo en Zero Frequency®.

      Si has leído una gran cantidad de libros de crecimiento personal, ya sabes que a veces no es fácil hacer el trabajo que se indica en ellos. Demandan mucho de nosotros y producen resultados inconsistentes. Cuando las cosas no funcionan más allá de nuestros mejores esfuerzos y nuestra planificación, nos culpamos a nosotros mismos. Pensamos que debemos estar haciendo algo mal, o que quizás no estamos preparados para recibir todo lo que deseamos. Nada de eso es verdad. El afamado autor y maestro Michael Beckwith dice que las afirmaciones fuerzan nuestra mente subconsciente a enfocarse en mentiras porque estás afirmando algo que todavía no tienes. Él también dice que las afirmaciones son «herramientas de jardín de infantes» y que para «graduarse» tenemos que ser nosotros mismos. Zero Frequency® es un enfoque completamente diferente al uso de afirmaciones. Es un enfoque amoroso, y es la forma más fácil de acceder a la verdad.

      Tú tienes todo lo necesario. Tú estás preparado para recibir. ¡El Universo está esperándote! Ha llegado la hora de graduarse. ¡La hora de ser tu auténtico ser!

      De acuerdo con Joe Vitale, autor de Cero límites, cuando luchamos por conseguir algo, sea a través de ejercicios de crecimiento personal (como son las afirmaciones), o a través de una definición práctica de objetivos, tenemos la ilusión de que controlamos la situación. Y sin embargo, obtenemos mejores resultados cuando abandonamos ese control y se lo ofrecemos al Universo. Verás, cuando fijamos objetivos y concebimos planes y estrategias, estamos actuando en base a la creencia de que somos los creadores. Pensamos y actuamos como si hacer realidad nuestros sueños dependiera únicamente de nosotros. Y aunque este es un enfoque más positivo y poderoso que lamentarnos por el estado de nuestra vida y comparar nuestras circunstancias con las de los demás, no es la forma más fácil de encontrar la verdadera paz, felicidad y abundancia. El camino más fácil es ir un paso más allá y cocrearlas con esa parte de nosotros que sabe más. ¿Y cómo lo hacemos? Dándonos cuenta de que no sabemos tanto como creemos saber. Permitiéndonos fluir y confiando en que el Universo conoce lo que es correcto y sabe cuál es la mejor forma de alcanzarlo. Observar, soltar, permanecer en Cero y dejar que el camino se despeje.

      En un seminario empresarial que impartí en Holanda alguien me preguntó sarcásticamente: «¿De modo que usted no hace previsiones, ni planes de negocios?».

      Mi respuesta fue: «¿Estaría usted dispuesto a preparar un tipo diferente de planificación empresarial? ¿Un plan que fuera distinto a lo convencional, o a lo que ‘‘sabemos’’ que es correcto? ¿Tal vez un proyecto empresarial que proceda de la Inspiración en vez del conocimiento? ¿Es posible que haya otras formas? Acaso usted ni siquiera necesite un plan para conseguir el préstamo para su negocio».

      Entonces conté la historia de una pareja que había conocido en Israel. Ellos habían creado un programa de entrenamiento para el crecimiento personal muy interesante basado en un juego con unas cartas especiales. Me explicaron que habían conseguido su primer préstamo para su negocio gracias a su «entusiasmo». El empleado del banco les dijo que no reunían los requisitos para recibir el préstamo, pero que de cualquier modo se lo concedería porque tenían una gran fe en su producto, y porque ambos eran muy entusiastas. Entonces, ¡quizás nuestro amor y nuestra confianza en lo que hacemos y en lo que tenemos para ofrecer, funcione incluso mejor que una planificación comercial!

      Si dejas de planificar y de fijar objetivos, te liberarás. Dios tiene muchas cosas reservadas para ti, cosas que jamás podrías siquiera haber imaginado o soñado. Al principio, al soltar sentimos que nos adentramos en lo desconocido. Es incómodo. Tendrás que estar dispuesto a salir de tu zona de confort (lo conocido). No obstante, cuando practiques una y otra vez, y comiences a ver los resultados, no harás otra cosa más que permitirte fluir y confiar. Y te gustará, te gustará porque de pronto las puertas se abrirán sin ningún esfuerzo por tu parte. Todo lo que tienes que hacer es atravesarlas. Y estarás inmerso en esa corriente perfecta.