en una compañía dominada por hombres. ¿Qué más podía pedir?
En aquella época también me estaba divorciando después de veinte años de matrimonio. Tenía un trabajo seguro y un sueldo predecible. Lo lógico hubiera sido que continuara en la empresa. Sin embargo, decidí abrir mi propio estudio. Este impulso surgió de la nada, y no parecía ser una iniciativa muy sensata que pudiera considerarse seriamente.
Algunas personas me aconsejaron que no dejara mi trabajo, pero yo sabía que tenía que confiar en la guía del Universo. Lo que sucedió a continuación sorprendió a todos los pesimistas que había en mi vida. Mi estudio tuvo un éxito enorme prácticamente de la noche a la mañana. No dejaban de llegar clientes. Comenzó a llamarme gente que necesitaba mi ayuda, el teléfono no dejaba de sonar. Y todo eso sin el menor esfuerzo por mi parte. Llegaban a mi estudio por el boca a boca. Sé que puede parecer increíble, porque en aquella época yo misma estaba asombrada de lo que estaba sucediendo. Una pequeña parte de mí todavía se preguntaba si el hecho de soltar y cocrear con Dios podía funcionar en todo momento. ¿Fue un golpe de suerte?
Debo decir que lo que finalmente me convenció de que no era una cuestión de suerte fue una experiencia que tuve con los clientes. La mayoría de ellos estaban agobiados por sus problemas fiscales. Sus negocios estaban siendo auditados y necesitaban que yo los representara ante el Servicio de Impuestos Internos. Algunos de mis clientes estaban convencidos de que terminarían debiendo decenas de miles de dólares. Normalmente, esta es una situación altamente estresante que puede tener consecuencias nefastas. No obstante, no me dejé atrapar por la preocupación ni por las expectativas. Sencillamente solté y permanecí en Cero el mayor tiempo posible. Los resultados que obtuve al aplicar esta técnica durante esas auditorías fueron milagrosos. Incluso las más difíciles superaron todas las pruebas. O bien el auditor descubría un error en un año anterior que favorecía a mi cliente, o se daba cuenta de que había una normativa que no había sido aplicada correctamente. Y eso acababa con los problemas de mi cliente.
Como ves, ¡cuando sueltas y dejas todo en las manos de Dios suceden cosas sorprendentes! Desafortunadamente, la mayor parte del tiempo nos involucramos emocionalmente o tenemos expectativas. Nos preocupamos y nos obsesionamos con nuestros problemas. Siempre obtuve grandes resultados en las auditorías porque nunca me impliqué emocionalmente ni tuve ninguna expectativa. Por eso fui capaz de fluir al cien por ciento, y conseguir buenos resultados para mis clientes en todas las ocasiones.
En 2003, ya hacía unos años que estudiaba con el maestro espiritual hawaiano doctor Ihaleakalá Hew Len, y que practicaba Ho’oponopono. Aprovechándome de la seguridad económica que me daba mi trabajo como contadora, debuté en la radio y la televisión con programas para la comunidad latina de Los Ángeles. Por primera vez en mi vida me permití la libertad de concederme el deseo de ser escritora y locutora. Por fin había descubierto mi pasión real: compartir con los demás todas las cosas que me habían servido de ayuda en mi vida. Había disfrutado de mi trabajo como contadora autónoma, pero eso de ninguna manera era mi pasión; eso era simplemente «trabajo». Había elegido esa profesión cuando todavía era muy joven, y había basado mi decisión en lo que los demás me aconsejaron debido a mi talento innato para los números.
Lo que comenzó a nivel local empezó a difundirse con la ayuda de los programas y las clases televisadas. En 2008, a pesar de tener deudas importantes por el dinero que había invertido en los programas sin tener ahorros, decidí abandonar mi trabajo como contadora. Todo el mundo me decía que estaba loca. Pero en cuanto tomé esa decisión «ilógica», empecé a recibir invitaciones de todas partes. Comencé a viajar alrededor del mundo para dar seminarios y conferencias a través de los cuales compartí mi sencillo método para conseguir éxito personal y profesional, e independencia económica. Debo mencionar que en la época en que comencé a organizar estos seminarios y conferencias yo ni siquiera me acercaba a los ingresos anuales de seis dígitos que había conseguido cuando trabajaba como contadora. ¡Mi mente, siempre práctica, nunca hubiera podido tomar esa decisión! Y años después de tomar la «ilógica» decisión de abrir mi propio estudio, otra vez me sentí compelida a soltar, ¡a pesar de que en términos económicos eso parecía una auténtica locura! Entonces cerré el estudio y me dediqué con todo mi ser a la que era mi verdadera pasión. Y confié nuevamente en mi corazón, solté, y dejé que Dios dirigiera mi camino.
Tuve otra oportunidad de empezar de nuevo, empezar de Cero, ¡uno de los mejores regalos que el Universo podría haberme hecho! Quiero que sepas que nunca hice ningún taller para aprender a hablar en público o escribir libros. Hasta el día de hoy, personas de todo el mundo me dicen constantemente que mis libros les han cambiado la vida. Han sido traducidos a casi veinte idiomas. Desde que abandoné mi carrera como contadora en 2008, nunca dejaron de llegar correos electrónicos de todo el mundo con invitaciones y solicitudes de autorización para editar mis libros. Debido a mi agenda de seminarios viajé a todos los continentes. ¿Necesito decir algo más? Y todo esto sucedió gracias a las decisiones «ilógicas» que tomé en mi vida.
Tienes que creer en ti mismo. La gente que cree que tus sueños son una tontería, o que tus decisiones son una locura, simplemente le están poniendo voz a tus propias dudas internas. Te muestran tus propios miedos. Cuando ellos te preguntan: «¿Estás seguro?», en realidad ese eres tú cuestionando tu propia certeza. Si quieres curarte de esto, evita relacionarte con quienes dudan de ti. Limítate a centrarte en el presente, permítete fluir, y confía. Está muy bien que no tengas todas las respuestas. Está muy bien que no sepas de qué manera vas a realizar tus sueños. Déjaselo al Universo. Sé consciente de que quizás todavía no sepas cómo hacerlo. No hay problema. Este libro te enseñará.
Yo soy argentina y judía. Me considero una intelectual que ha tenido una buena educación. Tengo dos diplomas en Argentina, uno de Contabilidad y otro de Administración de Empresas. Mi signo solar astrológico es virgo, y eso me hace estar conectada a tierra, y tener la capacidad de ver y prever todas las cosas negativas. Mi historia es un buen ejemplo de cómo alguien puede cambiar, ser menos arrogante y más humilde. ¡Si yo he aprendido a decir «no lo sé», eso significa que cualquiera puede hacerlo!
¿Qué es lo que se siente al estar en Zero Frequency®?
Cuando trabajaba como contadora, me despertaba por la mañana y pensaba ¡Oh, cielos, tengo tantas cosas que hacer! ¿Cómo voy a conseguir hacerlo todo? Siempre estaba estresada, siempre me esforzaba por conseguir más cosas, siempre me preocupaban los resultados.
Una mañana tenía que acudir a la oficina de un cliente, pero ese día tenía un montón de trabajo acumulado y necesitaba cambiar la cita. El problema era que no podía hacerlo porque ya lo había hecho una vez. Decidí no preocuparme. Entonces lo dejé estar, y al cabo de unos minutos sonó el teléfono. ¡Era mi cliente que me llamaba para cancelar su cita y pedirme una nueva!
En Zero Frequency®, las cosas se resuelven por sí mismas y el estrés dura apenas unos instantes. En cuanto comencé a vivir en Cero, mis días fueron más fáciles. Esto es lo que sucede cuando te relajas y te dejas ir. El Universo asume el mando y se encarga de organizarlo todo para ti. De repente, en vez de sentirte agobiado, te sientes en calma. Todo cae por su propio peso. De hecho, todo se organiza mejor que cuando te empeñas en conseguir que tus sueños se hagan realidad. Se abren puertas que ni siquiera sabías que existían. Así es como fui capaz de transformar mi vida. Así es como fueron alimentados millones de portorriqueños que estaban al borde de la desesperación. Así es como se cumplirán tus sueños.
En nuestro mundo actual, frenético y complicado, es fácil estar siempre en movimiento, tener prisa, e ir constantemente a alguna parte. Tenemos sistemas de GPS en nuestro auto, mapas en nuestros teléfonos, y listas de obligaciones en nuestros bolsillos. Y cuando tachamos todas las cosas que ya hemos realizado o conseguido, nos convencemos de que somos productivos, e incluso nos elogiamos por nuestra capacidad para hacer varias cosas al mismo tiempo. Y, por supuesto, necesitamos que todo esté continuamente en marcha para mantener a nuestras familias, pagar la hipoteca y conseguir que nuestro jefe esté satisfecho. Pero lo que no podemos hacer es estar siempre buscando las luces verdes en nuestra vida. También tenemos que buscar las luces amarillas y rojas que nos permiten