consciente —y estés preparado— de la percepción. Te guste o no, es importante como los otros nos perciben, especialmente en el trabajo. Cito a Ann Shoket, quien fue editora en jefe de la revista Seventeen: “Por mucho que queramos pensar que nuestra ropa o nuestros zapatos no deberían importar tanto como lo que tenemos que decir, la verdad es que tu look puede amplificar —o debilitar— tus mejores ideas […]. Si quieres que te vean como alguien inteligente, con autoridad o creativa […] tu ropa debe decir eso sobre ti antes de que abras la boca siquiera”.24 Repito: la ropa entra primero. Simplemente es la realidad.
Pero hay un giro interesante: a veces la desconexión entre la percepción y la realidad tiene menos que ver con otras personas y más que ver contigo. Muchos adquirimos ropa para la persona que desearíamos ser, y descuidamos, negamos u odiamos la persona que somos en realidad. Ésta es una receta para la baja autoestima, la incongruencia y las rutinas de estilo. He conocido a muchos clientes que compran sin parar para una versión de fantasía de sí mismos, mientras que su ser real usa la misma rotación de looks gastados y sin inspiración (más al respecto en el complejo de guardarropa repetitivo en el capítulo 4). Comprar ropa para tu yo de fantasía casi siempre termina en ese temido sentimiento de “No tengo nada que ponerme”. Puedes tener mucha ropa, pero son para “ella”: la persona que deseas ser, la que solías ser, la mujer que alguna vez usó ese vestido ajustado color fucsia para la boda de su sobrina. La ropa de ella no es para ti. Tal vez “ella” tiene diez kilos menos. Tal vez “ella” eres tú durante el semestre de la universidad que estudiaste en el extranjero. Tal vez “ella” va a muchas fiestas elegantes y usa vestidos brillantes de lentejuelas, mientras que tú vas al partido de futbol de tus hijos y todas las noches te acuestas en la cama para dormir a las 9.30 p.m. De cualquier forma, ¿cómo puedes esperar encontrar algo decente que ponerte en el clóset de ella?
Si tu yo de fantasía para el que compras es una versión idealizada de tú misma más joven, quizás estés comprando (y comprando… y comprando) ropa que asocias con estar en tu mejor momento, sin importarte si esa ropa todavía te queda. Estos looks pueden estar pasados de moda o ya no ser apropiados para tu edad. ¡Y lo peor de todo es que ya tienes ropa repetida! La escritora Helena Fitzgerald captura hermosamente este problema en su ensayo “All the Lipsticks I’ve Bought for Women I’ll Never Be” (“Todos los labiales que he comprado para las mujeres que nunca seré”): “Mis compras de labiales están gobernadas por una parte de mi cerebro que no puede aceptar la diferencia entre quien soy hoy y quien imagino ser. Compro labiales para mis yo imaginarios”.25 La estrella Stacy London de What Not to Wear, también ha escrito sobre la moda como alimento de la fantasía. En un ensayo viral para Refinery 29, describió su descenso a una ruina financiera casi total como resultado de comprar en línea compulsivamente, lo cual fue detonado por una serie de crisis personales (cirugía de columna, ruptura amorosa, depresión). Ella describió las horas que pasó comprando en línea como “pensamiento mágico”. Durante estos atracones de compras, ella visualizaba las fiestas fabulosas a las que asistiría y la gente maravillosa que conocería ahí —justo cuando tenía la bolsa, joyería o zapatos perfectos para ponerse—: “Ahora me doy cuenta de que era sólo un futuro de fantasía, para distraerme de un presente agonizante”.26
En estos ejemplos, las mujeres usan la moda para contarse una historia. La ropa y el maquillaje están entrelazados con quienes solían ser, quienes desearían ser, con la forma en que imaginan que sus vidas pueden desenvolverse. Su estilo está vinculado a su pasado, su futuro y sus sueños. ¿Y con sus realidades del presente? No tanto. Puedes elegir vestirte entallada o con ropa suelta y fluida, con acentos en tu atuendo o calladamente minimalista. Pero cualquier cosa que te pongas, debes vestirte para la vida que estás viviendo. Sólo así puedes mejorarla.
Recuerda: la incongruencia y la falsedad son los enemigos de la confianza. La clave para verte y sentirte mejor es buscar una alineación entre quien eres, cómo te sientes y a quién ve el mundo. Al principio no será fácil. Puedes seguirte sintiendo incapaz y perdida. No te desanimes. ¡Casi todo mundo sufre con esto! De hecho, el otro día tomando café con una amiga, ella me preguntó: “¿Cuál es el problema más común de las personas que acuden a ti?”. Mi respuesta: siempre sienten que no encajan o que no pueden hacerlo correctamente, sin importar cuánto compren. Les preocupa que son demasiado aburridas o demasiado raras. Si son mayores, temen que su look sea obsoleto e irrelevante, que son invisibles. Si son más jóvenes, les preocupa verse ridículas y que todo mundo se les quede viendo (y se ría de ellas). Quieren que yo vaya y revise sus clósets y les diga: Muy bien, sí, no, sí, no. Pero esto es lo que les digo: No tengo ninguna autoridad para decirte sí o no porque no sé lo que la ropa significa para ti psicológicamente. ¿Quién soy yo para decirte lo que es importante para ti si yo no he vivido tu experiencia?
Ahí es cuando comienzo a preguntar cosas como: “Bueno, dime lo que sientes con respecto a esta prenda. Te has aferrado a ella desde 1995. ¿Qué significa para ti? ¿Por qué no puedes deshacerte de ella? ¿Por qué está aquí todavía? ¿Te gusta su color? ¿Te gusta su textura? ¿La forma en que te queda? Aunque ya no esté de moda, claramente es relevante para ti. Entonces es cuando la ropa empieza a contar la historia. Tal vez no te deshagas de tu vestido rosa nude de graduación porque te gusta el color, la cintura de corte Imperio o la suave seda. ¡Ahora puedes usar esa información! Tal vez se te dificulta mucho deshacerte de tus camisas de trabajo, aunque ahora oficialmente eres una ama de casa de tiempo completo. Tal vez no estás lista para renunciar a esa parte de tu identidad. ¿Por qué no intentas combinar esas camisas de trabajo con unos jeans para ir al súper o a una junta de la asociación de maestros y padres de familia? A ver cómo te sientes.
Después mi amiga me preguntó algo más: “¿Cuál es el mejor consejo que les das a tus clientes?”. Es simple, pero nunca es fácil de ejecutar: encuentra tu color, patrón, tela y forma favoritas, cualquier cosa que te hable, y póntelo. Cualquier cosa que te encante, ÚSALA. Sin importar el clima, la ocasión, lo que esté de moda, ponte lo que te haga sentir bien. Para mí, son los estampados de leopardo. Aunque sólo sea una mascada o un cinturón delgado, siempre me siento mejor cuando incorporo estampados animales a mi look. Para una de mis clientas, son las franjas bretonas. Para otra, es cualquier cosa chispeante o brillante. Para ti podría ser una chamara de piel de motociclista, estampados florales o cualquier prenda azul marino. Parece obvio pero vale la pena decirlo en voz alta: tu ropa puede mejorar tu vida con tan sólo ponértela.
EN CONCLUSIÓN
CONSEJOS Y APRENDIZAJES CLAVE DEL CAPÍTULO 1
Tu ropa habla. El estilo y la apariencia influyen en el comportamiento humano. Tu ropa te manda mensajes a ti y a las demás personas. Es esencial que reconozcas que tus elecciones son deliberadas, que tengas una misión en mente cuando te vistes y que te guste lo que tu ropa está diciendo.
¡Ya no te volverás a vestir en automático! Ten una mañana de atención plena. Tus emociones son tus señales para decidir qué usar. Etiqueta tus sentimientos con palabras y luego busca prendas que cumplan tus necesidades, ya sea que eso signifique honrar tu ánimo o levantarlo.
Vístete para tu vida real. Usa prendas que le queden bien a quien eres ahora, no a la que solías ser o en la que fantaseas convertirte.
Ponte tus cosas favoritas. No guardes tus mejores prendas para el futuro o para una ocasión especial porque temes arruinarlas. Carpe diem. Vive el momento. ¡Ponte lo que te encanta!
* Todos los casos de estudio en este libro han sido incluidos con el permiso de mis clientes. En algunas instancias, cuando están indicados con un asterisco, he cambiado sus nombres para proteger su privacidad.
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