CASO PRÁCTICO:
¿EN QUÉ SE CONVIERTEN LOS QUE TIENEN EL CORAZÓN ROTO?
Cuando conocí a Jim, él estaba en la mitad de sus cuarenta y en el proceso de divorciarse de su esposo, con quien comparte hijos. Aunque Jim era un abogado muy exitoso, en ese momento de su vida la confusión emocional era su segundo nombre. A pesar de su abrumadora crisis personal, se sintió obligado a mantener las apariencias en el trabajo. Pero cada vez que nos veíamos me daba cuenta de que le faltaba un botón o dos en su camisa de vestir, o que estaba parcialmente desfajada. Cuando le comentaba con suavidad sobre su apariencia desarreglada, aumentaba su ansiedad y su autoestima se desplomaba. Él interpretaba una agujeta desamarrada como prueba de que su vida estaba revuelta y, peor aún, que los demás se daban cuenta. Su estilo descuidado era un síntoma externo de su abatimiento interior. Jim no tenía la capacidad para preocuparse por las cosas pequeñas. Verse al espejo era un recordatorio de en quién se había convertido —un divorciado, desconectado de la gente que más amaba, desconectado de la persona que solía ser—, así que evitaba hacerlo. Pero ignorar su apariencia sólo aumentaba su ansiedad y con el tiempo disminuía su sentido de valor propio.
Receta de estilo
¿Entonces cómo lo ayudé? No le dije que se comprara una nueva camisa Ralph Lauren (aunque tenía el dinero para comprársela). En cambio, durante nuestra tercera sesión intenté aplicar un poco de terapia cognitiva conductual. Le pedí que se enfocara totalmente en su camisa y que se tomara el tiempo para abrochar cada botón despacio y con cuidado. Luego le solicité que se fajara minuciosa y metódicamente su camisa en los pantalones, en un movimiento de 360 grados. Por último, le dije que se asegurara de que su cinturón estuviera bien abrochado. Para su sorpresa, hacer estos pequeños actos de atención plena y cuidado de sí mismo le ayudaron a recuperar la sensación de control. Mientras dirigía momentáneamente toda su atención consciente a su atuendo, fue incapaz de pensar en otra cosa. Se obligó a estar presente, en vez de perderse en la espiral de sus pensamientos. Y con este pequeño ejercicio le mostré que todavía era capaz de silenciar su mente, de cuidarse a sí mismo y de darle prioridad a su aspecto.
Trabajé con Jim durante meses y también le aconsejé que nombrara sus sentimientos. En vez de decir: “Mi vida es un desastre”, lo motivé a describir sus emociones más específicamente: “Me preocupa que estaré solo para siempre. Siento una profunda tristeza cuando pienso que me perderé los momentos importantes de mis hijos”. A partir de ahí, trabajamos para identificar pasos concretos que él podría tomar para empoderarse (haciendo planes para comer con su hermano, inscribirse a sesiones complementarias de entrenamiento personal en el gimnasio, etcétera). Tomarse el tiempo para recobrar el control de su apariencia le ofrecía una forma tangible y factible para atravesar su crisis en vez de ser inmovilizado por ella.
Expresarse por medio de la ropa no es algo nuevo. De hecho, es tan ancestral como el tiempo mismo, o al menos tan antiguo como la Edad Media cuando, según los historiadores, la gente comenzó a usar prendas que designaban su posición en la sociedad.4 El hecho es que hemos usado la ropa para declarar nuestra identidad de género, nuestra pertenencia a grupos, nuestra clase social, nuestros sentimientos y deseos inconscientes desde hace muuuucho tiempo. Robin Givhan, crítico de moda ganador del Premio Pulitzer, una vez dijo: “En cuanto el hombre surgió de la cueva, la ropa tomó un significado social. ¡No creo que jamás haya existido un periodo en el que una camisa fuera sólo una camisa!”. A lo largo de la historia, la gente ha usado la ropa que identificaba su tribu, su riqueza o estatus, su posición en la jerarquía social. “Esas cosas siempre han estado involucradas en la moda”, nota Givhan, “ya sea en la era de las cortes francesas o incluso en el surgimiento del hip-hop.”5
¡Esto sí que parece muy intelectual! Pero cuando reduces la psicología de la moda a su esencia, simplemente vemos cómo la vestimenta afecta el comportamiento humano. ¿Y qué tiene que ver esto con lo que se supone que debes ponerte para ir a trabajar mañana? Antes que nada, mi misión es convencerte de que tu ropa puede ser usada para hacer que la gente responda de la forma que quieres, así como para hacerte sentir muy bien. Ya no puedes seguir vistiéndote en automático. Esos días terminaron. (Ve “Una mañana de atención plena” aquí.) A continuación, quiero ayudarte a definir tu personalidad en la moda y acercarte a tu estilo distintivo (alias tu marca personal). Te ayudaré a romper hábitos de compra dañinos y salir de las rutinas de estilo, todo ello usando técnicas de psicología de la moda. Una vez que tengas una sensación de claridad de tu propio estilo ideal y una conciencia más perspicaz de lo que te motiva a comprar, exploraremos formas distintas y más simplificadas para abordar cómo vestirte. Mi meta es ayudarte a optimizar el proceso para reducir el estrés. Aprenderás a ser más consciente de tu ánimo antes de abrir tu clóset, a identificar metas más claras de cómo te quieres sentir cada día y qué reacciones esperas inspirar, y entonces materializar esas metas al usar prendas que ya tienes. Te daré todas las herramientas que necesitas, como un guardarropa básico (capsule wardrobe), un ahorrador de tiempo, joyería contra la ansiedad y colores poderosos para mejorar tu aspecto y tu perspectiva.
Este libro no incluye listas de “Qué hacer y qué no hacer” ni barras laterales sobre el perfecto vestido negro (que no es una solución para todas las situaciones de vestuario, ¡no importa lo que digan los expertos!), y más. En su lugar, te mostraré cómo conservar tu identidad cultural, a utilizar mejor tu Instagram para evitar la sensación de “no tener que ponerte” y a ir de la mano de las tendencias cuando no parezcan adecuarse a tu estilo de vida (¡fuera los shorts para andar en bicicleta!). Al compartir los casos de estudio de gente a la que he asesorado (como Jim), ilustraré cómo tus hábitos y creencias de estilo te están ayudando o dañando. Y te demostraré que no eres el único con problemas. Tengo ejercicios bajo la manga que invitan a la reflexión. Son los mismos que les ofrezco a mis clientes y te ayudarán a comenzar a trabajar de inmediato en esto. Pero antes, quiero decirte un poco más sobre lo que no voy a hacer.
¿QUÉ DEMONIOS ES UNA PSICÓLOGA DE LA MODA?
Ésta es la cosa: soy profesora y terapeuta con experiencia en la industria de la moda y una apasionada por ella. Soy escéptica de las reglas, las tendencias pasajeras, las compras como terapia y la asesoría de estilo basada en las reglas del color. Quiero saber cómo te sientes con tu ropa para ayudarte a encontrar prendas que te hagan sentir fenomenal. También creo que la moda puede ser un catalizador del cambio social. Ya sea que esté tomando té con clientes en Dubái que usan abaya, o desarrollando un plan de estudios sobre “Trayvon Martin y el efecto de la sudadera con capucha”, estoy profundamente consciente de la forma en que las historias culturales se representan por medio de nuestras prendas. Siempre he sido y sigo siendo vorazmente curiosa sobre la gente. Cómo te vistes sólo es un aspecto de quien eres, pero es significativo. Si tienes preguntas sobre el estilo, te daré respuestas. Sólo te voy a pedir que primero examines tu alma.
Puedo ayudarte a vestirte y sentirte mejor. Pero no soy una estilista, al menos no en el sentido tradicional. Un estilista, un consultor de imagen o comprador personal les dice a los clientes qué ponerse con base en las últimas tendencias, en lo nuevo y actual en las pasarelas y los exhibidores, y lo que él piensa que los hará ver de maravilla. En Hollywood, vestir a las celebridades es una industria en toda regla con su propio ecosistema. El “estilo personal” de una estrella generalmente se compra y se paga, pero por lo regular no lo paga la estrella. Más bien es la creación de un equipo de artistas profesionales, conocido como brigada glam. Su trabajo es dar vida a las fantasías de la moda glamorosa. Mi trabajo es mejorar tu vida real y, sí, idealmente volverla un poco más glamorosa.
He trabajado con personas muy famosas, pero un motivo por el cual no quiero ser estilista de celebridades es la falta de inclusión en la industria. El estilista Jason Bolden, que trabaja con Mindy Kaling, Serena Williams y Taraji P. Henson, entre otros, ha descrito los obstáculos raciales qué ha encontrado en su camino a la alfombra roja. Cuando se ha acercado