Aunque seas consciente de ello o no, aunque quisieras que fuera así o no, son los vestuarios que tú eliges para actuar en la historia de tu vida.
2 Tu ropa manda mensajes a otros que pueden o no transmitir con exactitud lo que quieres decir.
3 Las demás personas van a reaccionar a tu ropa. Por supuesto que puedes ponerte lo que te dé la gana y mereces seguridad y respeto, pase lo que pase. Pero en un nivel práctico, piensa muy bien lo que quieres obtener de las demás personas cuando escojas tu atuendo. ¿Cómo quieres que te respondan? ¿Quieres que te vean como una autoridad o como alguien abierto y accesible? ¿Seria o divertida? ¿Quieres mostrarles quién eres y de dónde vienes, o prefieres permanecer más anónima? ¿Quieres causar sensación y llamar la atención? ¿O tienes ganas de que no te molesten y pasar inadvertida? Estos deseos pueden cambiar día con día. Evalúa tu ánimo y pregúntate todo esto cuando te acerques a tu clóset.
CÓMO LA ROPA IMPACTA EN TUS EMOCIONES
Vestirse bien es tanto un arte como una ciencia. Tal vez leíste esta oración y pensaste: Espera, ¿existe tal cosa como la ciencia de vestirse? Algunos dirían que no. Pero la psicología de la moda está basada en investigaciones científicas legítimas. Y yo no soy la única experta que confía en ello. Los consultores de marca, antropólogos renombrados y ejecutivos de marketing usan regularmente métodos y estrategias científicas para intentar descubrir qué nos motiva a comprar ropa. Desde las señales de apareamiento primitivo hasta el teatro político, la ropa habla por nosotros. Y el centro de nuestra relación con la ropa son las emociones humanas.
Como ya lo hemos establecido, lo que te pones impacta en tu estado de ánimo, desempeño y comportamiento. Revisemos una investigación que lo demuestra. En 2012, los psicólogos Hajo Adams y Adam D. Galinsky de Northwestern University publicaron un estudio innovador llamado “Enclothed Cognition” (“Cognición atávica”). En él concluyeron que “la ropa sistemáticamente influye en los procesos psicológicos del usuario”. Por medio de una serie de pruebas y experimentos, descubrieron que una bata blanca de laboratorio “generalmente se asocia con atención y cuidado”. Cuando los participantes del estudio estaban usando una bata de laboratorio mostraban mejor atención y concentración. Sin embargo, esto sólo ocurría cuando les decían que era una bata médica de laboratorio. Cuando a otro grupo le dijeron que era la bata de un pintor, la prenda no tuvo efecto alguno en su atención y concentración. Como lo explicó Galinsky: “El usuario adopta el valor simbólico de la ropa que usa”.22 Conozco a alguien que se rige bajo esta verdad todos los días. Vamos a conocerlo.
CASO PRÁCTICO:
JUZGAR UN LIBRO POR SU CUBIERTA
Tengo un amigo que es un juez muy importante. Siendo un hombre afroamericano, tiene una perspectiva interesante sobre el sistema de justicia criminal. Todos los días ve a personas de su misma raza (pero no con los mismos antecedentes educativos o estatus social) con destinos dramáticamente distintos del suyo. Esta experiencia influye tanto en sus emociones como en la elección de su ropa. Me dice que cuando se pone sus togas en el juzgado, infunde respeto y se comporta como corresponde. Se siente fuerte, seguro, capaz. Pero me confiesa que, cuando se quita la toga y regresa a casa, su aire de autoridad se evapora y se siente incómodamente vulnerable.
Él piensa mucho en qué ponerse cuando va rumbo al trabajo en el metro y en los espacios públicos en general. Deliberadamente se pone traje y corbata todos los días, incluso los fines de semana, incluso en su propio vecindario. Debido a su trabajo, está sumamente consciente de que como hombre negro en la ciudad de Nueva York, si usara sudadera con capucha o pantalones deportivos fácilmente podría ser confundido con un indigente o con un rufián y encontrarse del otro lado del estrado.
¿Cuál es la lección universal aquí? Antes que nada, debemos reconocer que las minorías enfrentan un segundo conjunto de consideraciones relacionadas con su apariencia al estar en espacios públicos. Usar un atuendo conservador marcado y llevar un peinado europeo pueden tener un efecto real en nuestra seguridad, en el tenor de nuestras interacciones sociales y en los niveles de éxito profesional que alcanzamos. Como educadora, mi papel es elevar la conciencia al respecto, y cuestionarla. (Voy a profundizar en estos temas en el capítulo 10.) Pero en general, quiero que todos sepan que vale la pena pensar seriamente en cómo te presentas a ti mismo. Como el traje de un superhéroe, tus prendas tienen la capacidad de empoderarte y ayudarte a infundir respeto. Úsalas.
CUIDA LA DISTANCIA: VESTIR A NUESTRO YO DE FANTASÍA
Cuando trabajo de forma privada con mis clientes, una de mis misiones es “conectar la distancia ente la percepción y la realidad”. Lo que quiero decir con la “distancia” es la desconexión entre la persona que sientes que eres y la persona que ven los demás. Todos hemos escuchado una versión al respecto de parte de nuestros seres queridos. Caray, tal vez tú mismo lo has dicho: ¡Ponte lo que quieras! Sé tu mismo. Mientras seas feliz, no importa lo que piensen los demás. Ojalá las cosas fueran tan simples. A veces, ser incomprendido por los demás por tu apariencia puede llevarte a la infelicidad.
CASO PRÁCTICO: PREPÁRATE PARA LA PERCEPCIÓN
Una vez trabajé con una periodista llamada Kristen que se pintaba el cabello de morado. A ella su look le parecía avant-garde y a la moda, y no un estilo Manic-Panic pasado de moda. Sin embargo, se daba cuenta de que el color de su cabello a veces provocaba que ciertas personas supusieran cosas erróneas sobre ella. No tenía muy claro por qué existía una disparidad entre la forma en que se veía a sí misma y el modo en que los demás parecían verla. En un artículo sobre nuestro trabajo juntas, ella escribió: “Me peino y uso mi cabello de una forma que creo es moderna y no un tema candente, pero en cuanto salgo de Nueva York de vacaciones o de viaje, por la forma en que me miran (sin mencionar los comentarios de los hombres) indica de inmediato que piensan que soy gótica, un bicho raro o, en el caso de una visita reciente a París, una prostituta. Al mismo tiempo, creo que es muy divertido jugar con diferentes personajes con la moda, y también empodera ponerse algo que uno teme probar”.23
Kristen estaba experimentando lo que yo llamo incongruencia de la moda, en la que sus intenciones no coincidían con las percepciones de los demás. Ella sabía muy bien que el cabello morado podía llamar un poco la atención, y estuvo dispuesta a eso. Pero no esperaba, y tampoco merecía, comentarios despectivos. Estaba sorprendida por ser tan malinterpretada.
Receta de estilo
Le expliqué a Kristen que algunas personas no aceptarán su color de cabello, y eso está bien. Mi único consejo fue que pensara con anticipación cómo quería manejar los comentarios no deseados.
Kristen decidió seguir con su cabello morado y yo apoyé su decisión. Recuerda: di no a las transformaciones. Pero sí le pedí que sopesara adoptar normas de belleza en vez de seguir su propia estética. Todo mundo puede beneficiarse de ello. Si quieres ir más allá con tu look y te encuentras en un escenario donde puede incitar preguntas, comentarios y, en el peor de los casos, insultos, entonces piensa qué está motivando tu decisión y si las consecuencias valen la pena. Si te encuentras en una situación como la de Kristen, podrías ensayar algunas interacciones posibles y preparar respuestas para que te sientas menos ansiosa al enfrentarte con los comentarios de otras personas. A mí me encanta ponerme labial azul oscuro, morado profundo y hasta negro. Me siento como Grace Jones. Las miradas que me lanzan los extraños en el metro me molestan menos de lo que me gustan los colores de labial atrevidos. Si un look no convencional te hace feliz, entonces hay formas positivas de responder al escrutinio. Por ejemplo, si alguien hace una pregunta denigrante sobre tu apariencia, con amabilidad puedes volteársela si respondes: “¿Por qué lo preguntas?”. Si alguien dice algo en el límite de lo ofensivo (“Lindo cabello morado. ¿Estás en una banda?”), haz una pausa y piensa