que seguir asistiendo a la escuela o al trabajo. Tienes que seguir presentándote; mostrarte a ti mismo, o alguna versión de ti. Vestirse es una gran forma de equidad. Como dicen, todos nos ponemos los pantalones una pierna a la vez. También dicen que la ropa hace al hombre (y a la mujer). ¿Por qué no usar algo que esté a la mano —una herramienta física real que ya tengas ahí, en tu clóset— para tranquilizarte, fortalecerte y empoderarte? La idea es simple: si yo puedo abrir los ojos a POR QUÉ eliges usar lo que te pones, puedo ayudarte a escoger mejor.
Y lo que te pones es, sobre todo, una elección, aunque no te des cuenta de que estás optando por ella. Puedes decidir verte glamorosa, cómoda, ser prácticamente invisible o exigir ser vista. Lo que usas es lo que eres, para todas las intenciones y propósitos. También es lo que yo soy. Mi ropa. Mi armadura. Arreglarme no sólo me ayudó a atravesar la puerta para ir a la escuela esa terrible mañana de lunes: fijó el curso del resto de mi vida. No estoy aquí para pedirte que transformes por completo la forma en que te vistes. No creo en las “reglas del estilo”. No tengo ninguna que ofrecer. Pero sí sé que lo que me pongo tiene un gran impacto en cómo me siento. Este conocimiento es poder. Poder que es tuyo para que te adueñes de él.
* Lewk es un término empleado en el mundo de la moda que refiere a un sello de estilo personal tan individual que es casi inseparable de quien lo porta. (N. de la T.)
CAPÍTULO 1
Psicología de la moda 101
La ropa… cambia nuestra visión del mundo, y la visión que el mundo tiene de nosotros.
—Virginia Woolf
¿Te sientes ansiosa sobre qué ponerte o estás desconectada de la forma en que te presentas a ti misma? Bienvenida. Como psicóloga de la moda, me doy cuenta de que mis clientes representan el espectro completo de edades, razas, etnias, géneros y nacionalidades. Los clientes de todas las condiciones sociales me buscan para hablar de varias preocupaciones, desde desarrollo personal hasta adicción a las compras, consejo para citas y ascenso profesional. Asesoro a los directivos de las empresas y a madres primerizas que se recuperan de cesáreas (¡y a algunas mujeres que son las dos cosas!). Existen personas que necesitan ayuda para pulir sus perfiles en línea, otras para navegar por sus clósets que están a punto de reventar. Un cliente que estaba en medio de una pelea por la custodia de sus hijos quería saber cómo vestirse para que el juez del juzgado familiar fuera compasivo con él. Aunque ninguno de tus problemas es igual a otro, todas las soluciones son únicas porque yacen en tu interior. Así que vamos a encontrarlas juntos.
¿Sabías que tu ropa habla? La mía también. Hace poco tuve que levantarme temprano para dar clases, después de haber pasado toda la noche escribiendo un artículo para un sitio de noticias. Me quedé recostada y evalué mi estado de ánimo. Estaba malhumorada y exhausta, con un poco de la desgana invernal. Quería ponerme mi atuendo cómodo para salir: unos pantalones deportivos y una sudadera que combinaban bien. Pero preví que como tendría que pararme frente a mis alumnos del Fashion Institute of Technology (FIT) para dar una clase, necesitaría ajustar mi actitud y levantar mi nivel de energía seriamente. Momento de dilema de la moda. Así que añadí una gabardina con estampado de piel de leopardo, unos tacones de leopardo y, ¿sabes qué?, ¡me sentí mucho mejor! Combinar la comodidad de los pantalones deportivos con la elegancia de la gabardina y los tacones elevó mi ánimo. Y al parecer mis estudiantes me percibieron como a la última moda, y apreciaron el giro elegante que le di a la popular tendencia de athleisure. Al vestirme de esta forma llamativa, les estaba enviando un mensaje: los veo como estudiantes creativos, visuales y conocedores de las tendencias de la moda. Les comuniqué que, aunque estaba en una posición de autoridad (tacones), no me gusta tomarme a mí misma muy en serio (pantalones deportivos).
En ese momento también estaba combinando dos de mis filosofías esenciales de la psicología de la moda: ilustración del ánimo y vestir para mejorar el ánimo. En pocas palabras, la ilustración del ánimo es cuando te vistes para honrar o para igualar tu estado de ánimo; el mejoramiento del ánimo es cuando te atavías para transformarlo en algo mejor. Yo estaba honrando (o ilustrando) mi estado emocional al calmarlo con pantalones deportivos suaves y cómodos. Y simultáneamente estaba amplificando mi encanto (o mejorando mi ánimo) con ropa de calle y zapatos que relumbraban. En el capítulo 5 ahondaremos en estos conceptos de estilo basados en el ánimo. Por ahora, quiero darte una probada de cómo se aplican en la vida real, que comprendas que tu ropa en verdad se conecta con tus emociones.
También hay una segunda dinámica en juego, igualmente importante, cuando te vistes: la dinámica entre tú y las demás personas. Lo que me pongo te manda señales, que percibes. Y lo que tú usas me manda señales, las cuales interpreto. Este diálogo tácito sucede entre nosotros cuando nos cruzamos en el camino y nos observamos en silencio en busca de claves visuales. Cualquier cosa que deduzcamos el uno del otro fija el escenario para nuestra interacción social. Mucho de esto sucede a nivel inconsciente, casi de forma instantánea. Ahora, si otra persona reacciona con fuerza a tus declaraciones de moda, tal vez quieras insistir en que ni siquiera has dicho nada. Pero con la moda, el mensaje ya está entretejido. Cuando otros te miran, evalúan y consideran lo que traes puesto, están reuniendo información sobre quién eres. Es irremediable. Inevitable. Tu ropa está hablando. No puede ser silenciada. Observamos cómo este diálogo se desenvuelve todos los días en la esfera pública. En la era de las redes sociales, la polarización política y el ciclo trepidante y hambriento de las noticias, la psicología de la moda es más relevante que nunca. Al estar obsesionados con nuestros likes y seguidores, nos estamos exhibiendo y leyendo unos a otros las veinticuatro horas y los siete días de la semana. ¿Qué traes puesto? ¿Quién lo hizo? ¿Cuánto te costó? ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu postura?
En la psicología de la moda colisionan la política, la religión, la raza, el género, la nacionalidad, la edad, la clase y la cultura, ya sea que estemos hablando de una blusa con pussy bow o un traje sastre, una sudadera con capucha de una adolescente negra o una sudadera marca Balenciaga que cuesta 895 dólares adornada con grafiti callejero y que usa Taylor Swift. (¡Sí, eso sucedió!)1 ¿Qué nos despierta un burkini? ¿Y unos Yeezy-Boosts? ¿Por qué Steve Jobs usaba el mismo atuendo todos los días? ¿Y por qué lo hacía su sucesora Elizabeth Holmes? ¿Qué dicen los raperos con los logos de diseñador y sus grillz con diamantes? ¿Cómo nos sentimos cuando Kim Kardashian combina su vestido de látex neón con su auto de lujo color neón? ¿Cómo influye Instagram en la venta al menudeo? ¿Las selfies de Kylie Jenner hacen que la gente joven quiera hacerse cirugía cosmética? Diversos jefes de Estado internacionales, estudiantes de FIT, ejecutivos en grandes firmas de moda, el programa de Good Morning America y más me han pedido que hable sobre estos temas y muchos más. Esto es lo que le digo a todo el mundo: una vez que comprendes el gran poder de la moda para manejar la percepción, puedes tomar el volante.
Pero primero, volvamos a esos juicios instantáneos. Un importante estudio publicado en la revista Psychological Science reveló que determinamos la belleza, lo agradable, la confiabilidad, la capacidad y la agresividad de alguien en los primeros cien milisegundos de verlo.2 Es todo lo que se necesita. Hay una gran frase de la actriz drag Trixie Mattel, la cual apuntala esto: “En la sociedad”, le dijo a The New York Times Magazine, “somos la persona de la cual estamos vestidos.”3 Si eres un policía uniformado, explica, eres una persona en una posición de poder. Si estás vestido con ropa quirúrgica, eres un médico, una figura de autoridad, inteligente y que cuida a los demás. Si vas vestido de pies a cabeza con ropa de Lululemon, eres un privilegiado fanático del bienestar, que tal vez lleva una vida de ocio. En raras ocasiones cuestionamos lo que nuestros ojos nos dicen, o la solidez de estas suposiciones. Y de manera instintiva estamos convencidos de que nuestras primeras impresiones son certeras. No siempre lo son. Pero ciertamente pueden serlo. Por ejemplo, cuando la gente está bajo estrés o atravesando una época un poco dramática, puede parecer como si sus sentimientos estuvieran “a flor de piel”. Dicen que los ojos son la ventana del alma; yo digo que tus prendas lo son. Cuando una persona deprimida usa ropa anodina y descuidada también es un ejemplo de vestir para ilustrar el ánimo. Después de todo, tu selección de la ropa refleja un amplio rango de emociones,