Elyse Fitzpatrick

Venciendo el Temor, la Preocupación y la Ansiedad


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llevar a nuestra mente a revolotear de un desastre a otro. Podemos imaginar el peor de los escenarios en segundos; nuestros pensamientos están llenos de imágenes gráficas de enfermedad, muerte, desastres o problemas. En vez de enfocarnos en la bondad y en la fortaleza de Dios, nos enfocamos en desastres inminentes y Dios llegando sólo como una idea de último momento. Incluso puede ser que los pensamientos que ocupan tu mente sean tan fuertes que te olvides por completo de Dios. Es fácil ver que todas necesitamos cultivar la disciplina para desarrollar una mente sensata.

      Las imaginaciones indisciplinadas son la causa del desaliento y la ansiedad. Cuando me llené de imaginaciones temerosas sobre mi hija y mi nieto, no estaba disciplinando mi mente o pensando en la verdad. ¡Mi mente era de todo salvo tranquila! Una mente sensata es una mente que puede disfrutar la paz incluso en medio de una gran tormenta porque está anclada en lo que es realmente verdadero. En el Antiguo Testamento el profeta Isaías habló de esta tranquilidad de la mente: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en Ti ha confiado” (Isaías 26:3, énfasis añadido).

      La Estabilidad de Confiar en Dios

      La paz perfecta está disponible solamente para aquél cuya mente está firmemente fija en confiar en Dios. ¿Qué significa “confiar” en Dios? La confianza es el resultado de la decisión de escoger creer que Dios es digno de nuestra confianza, dependencia, fe y sumisión. La confianza en Dios crece sólo cuando nos familiarizamos más y más con Él—con Su poder, Su bondad y Su sabiduría. La confianza florece en el corazón que ha llegado a creer que “Dios en Su amor siempre quiere lo mejor para nosotras. En Su sabiduría Él siempre sabe lo que es mejor y en Su soberanía Él tiene el poder para producirlo.”13 Mientras crezco en mi entendimiento del amor, sabiduría y poder soberano de Dios, mi confianza en Él y mi capacidad para refutar vanas imaginaciones también crece.

      Muchas personas que luchan con el miedo lo hacen porque, por cualquier razón, han aprendido que no pueden confiar en los demás. Algunas personas piensan que nunca podrán realmente confiar en Dios porque experimentaron grandes traiciones, dificultades o vergüenzas. Pero la verdad liberadora es que Dios nunca nos dice que tenemos que confiar en las personas. De hecho, Él manda exactamente lo opuesto:

      • “Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes” (Salmos 118:8-9).

      • “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación” (Salmos 146:3).

      • “Maldito el varón que confía en el hombre” (Jeremías 17:5).

      Por supuesto, mientras vivimos nuestras vidas día a día tenemos que confiar en las personas hasta cierto punto. Tengo que confiar que el cajero del supermercado no está tratando de robarme a propósito. Tengo que confiar que cuando la luz del semáforo cambie a roja, el tráfico en dirección contraria se detendrá para que yo pueda cruzar. Esto es confianza, pero es una confianza calculada. No es una confianza que diga, “Todo depende de ti.” A pesar de mi confianza calculada reconozco que es posible que el cajero intente robarme, por lo que les echo un vistazo a mis recibos. También sé que existen personas que frecuentemente se pasan la luz roja, así que volteo a ambos lados incluso si tengo la luz verde. Tengo una confianza calculada de que las personas harán lo que deben, pero también entiendo que las personas pecan y cometen errores y así intento no ser imprudente.

      La Evidencia de la Confiabilidad de Dios

      Dios no quiere ni espera que tengamos una confianza ciega en nadie—ni siquiera en Él mismo. Como nuestro Creador, tiene todo el derecho de ordenarnos que confiemos en Él sin darnos ninguna pista de Su confiabilidad. Pero no ha hecho eso. En la Biblia, Él ha revelado todo lo que necesitamos saber sobre Él mismo. Ha mostrado por medio de la creación, la historia y nuestra redención que Él es completamente confiable. Conforme crecemos en nuestra confianza en Él—en Su sabiduría, amor y poder soberano—encontraremos que nuestros temores desaparecen. Cuando esto pase, también podremos confiar en los demás como debemos.

      Cuando se trata del enfoque de mi vida, mi tranquilidad, mi gozo más profundo o mi capacidad de servir al Señor, es imposible que confíe en alguien más que no sea Él. No sólo sería tonto que yo confiara de esta manera en los demás, sino que hacerlo deshonraría a Dios. Una persona comentó, “No podemos esperar que Dios prospere algo que se inmiscuya en Su lugar y que demerite Su honor.... [debemos] hacer de Dios el gran objeto de nuestra confianza, a pesar de que el instrumento humano normal de ayuda pueda estar al alcance de la mano.”14

      Paz en la Presencia de Dios

      Aunque pudiera parecer que tu vida está llena de problemas y pruebas, hoy puedes comenzar a conocer la paz de Dios. Aunque hayas pasado por una gran decepción, deslealtad o amarga desesperación, la paz que Jesucristo da es para todos Sus hijos. Esta paz es algo de lo que hablaremos mucho en los próximos capítulos pero, por ahora, medita en estas palabras de Jesús:

      La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo. —Juan 14:27

      Cuando Pablo le recordó a Timoteo que Dios no le había dado un espíritu de cobardía, tal vez estaba recordando la clase de miedo que los israelitas tuvieron en el Monte de Sinaí, cuando le pidieron a Moisés que se encontrara con Dios por ellos. Pablo estaba animando a Timoteo a no ser como esas personas que, cuando vieron la cercanía de Dios, huyeron de miedo. Y Dios nos está llamando a cada una de nosotras hoy a no huir de Él en temor servil, sino a acercarnos a Él con corazones humildes y confiados, dejando que Su paz inunde nuestras almas. Podemos conocer la gozosa serenidad mientras experimentamos el dulce cuidado de Su guía paternal, el amor asombroso que se ve en el sacrificio de Su Hijo y el gran poder reconfortante de Su Espíritu transformador. Y todo por confiar en Dios.

      Para Una Reflexión Más Profunda

      Confiar en Dios es algo por lo que debemos luchar. Como un Padre amoroso, nos concede el entendimiento suficiente de Su naturaleza para que podamos ir a Él. Pero crecer en esta confianza es algo que debemos escoger hacer. Lo podemos hacer considerando lo que Él ha dicho acerca de Sí mismo y de aquéllos que confían en Él. Para terminar este capítulo, date tiempo para meditar, en oración, en los siguientes versículos:

      • “¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos” (2 Crónicas 14:11).

      • “En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron” (Salmos 9:10).

      • “En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados” (Salmos 22:4-5).

      • “Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en Él confió mi corazón, y fui ayudado” (Salmos 28:7).

      • “Esperad en Él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio” (Salmos 62:8).

      • “He aquí Dios es salvación mía, me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová quien ha sido salvación para mí” (Isaías 12:2).

      • “Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos” (Isaías 26:4).

      • “En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Isaías 30:15).

      Más versículos excelentes que puedes estudiar incluyen 1 Crónicas 5:20; 2 Crónicas 13:18; 20:20; Salmos 13:5; 32:10; 37:5; 40:4; 84:12; 112:7; 115:11; Proverbios 28:25; 29:25.

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