Elyse Fitzpatrick

Venciendo el Temor, la Preocupación y la Ansiedad


Скачать книгу

id="ulink_1cefaa97-2681-5cd4-b969-f4e45f08fb67"> Capítulo 3 Reemplazando Tus Temorescon el Poder de Dios

      “La vara de Dios no nos castiga tan severamente

      como lo hace la vara de nuestra propia imaginación....”9 —Carlos H. Spurgeon

      Como gerente de operaciones de una compañía mediana, la responsabilidad de Gina era supervisar muchas de las relaciones diarias entre sus empleados y los clientes de su compañía. Gina había trabajado mucho para alcanzar su posición de autoridad. Había hecho a un lado su deseo de tener una familia para obtener su grado de maestría y seguir con su carrera. Había pulido, a un alto nivel, sus habilidades para hablar en público. Pero Gina tenía un problema. Aunque sabía que una buena administración implicaba delegar y confiar en otros, cada vez le resultaba más difícil “soltar”. Trabajaba en exceso porque sentía que no podía confiar en que los demás hicieran lo que ella quería que hicieran, estaba estresada y se sentía devaluada. Aunque reconocía que estaba rodeada de trabajadores capaces, simplemente sentía que no podía confiar en ellos. Temía que si no supervisaba cada detalle del negocio la despedirían y eso significaría, a su vez, que era una fracasada.

      Su miedo también hacía que respondiera a la defensiva cuando alguno de sus subordinados sugería nuevas maneras de dirigir el negocio. Entonces, cuando le hacían ver que se ponía a la defensiva, respondía poniéndose más a la defensiva y enojándose. Aunque tenía muchos amigos en la compañía, cada vez estaba más aislada porque cuando sus empleados veían el problema y le hablaban al respecto, los acusaba de deslealtad e intentaba echarlos. Con frecuencia en la noche no podía dormir porque se imaginaba que quizá les era antipática o que la traicionarían. Su mente imaginaba horrendas ideas de la vida sin trabajo, la vergüenza de ser despedida o de volverse una “vagabunda” sin amigos. El problema alcanzó su punto crítico cuando sus supervisores inmediatos le dijeron que tenía que cambiar o que sufriría las consecuencias. Había orado de todo corazón por su problema, pero parecía que cada vez que se proponía hacerlo mejor, se encontraba en la sala de descanso de las mujeres hablando mal de cualquiera que la hubiera criticado con cualquiera que la escuchara. Las cosas se habían salido de control y cada vez estaba más y más temerosa de que su trabajo estuviera en peligro.

      Como cristiana, Gina pensó que podía tener algún tipo de problema espiritual pero no podía descubrir cuál era. ¿Qué estaba pasando en su vida? ¿Por qué escogía tratar a las personas, aunque fueran personas que apreciaba y valoraba, de forma negativa? ¿Había alguna esperanza para ella?

      Gina no es la única persona que ha luchado con el miedo en su trabajo. Su miedo surgió de su deseo de sentir que tenía el control. Sentir la necesidad de controlar a otros es algo con lo cual muchas personas luchan, sobre todo las personas que son competentes y ambiciosas. Algunas personas podrían inclinarse más hacia este tipo de miedo porque desde niños aprendieron que nunca podían confiar en nadie que no fueran ellos mismos. Otras podrían tener un alto concepto de sí mismas, pensando que todos los demás son incapaces. Cualquiera que sea la historia o la causa, si eres una persona que cae en esta categoría conoces el estrés y la destrucción que este deseo produce.

      En el capítulo 4 vamos a ver con mayor detenimiento los problemas que enfrenta una persona controladora. Pero por ahora, sólo digamos que el deseo de tener el control es algo que se encuentra en las personas de cualquier lugar, en cualquier nivel económico y esto ocasiona mucho el temor.

      Ciertamente la vida sería más fácil si nuestros miedos permanecieran aislados en ciertas áreas de nuestras vidas, ¿no? Por ejemplo, Gina podría haber estado feliz si hubiera excluido sus miedos del área de trabajo. Algunos estarían felices si pudieran ir a la tienda sin tener que enfrentar el pánico y la ansiedad. Desafortunadamente, el miedo (como las otras emociones) no es fácil de limitar a un lugar u otro. Y el pueblo de Dios, como ya hemos visto, es probable que tenga luchas muy reales con el temor. De hecho hasta los pastores, y aquéllos en el ministerio, luchan con el temor en sus púlpitos y en sus relaciones con los miembros de su iglesia. Considera el ejemplo de Timoteo.

      Timoteo fue un joven discípulo de la iglesia primitiva. Hijo de padre griego y madre judía que se volvió creyente, Timoteo fue probablemente ganado para Cristo por medio del ministerio de Pablo. Acompañó a Pablo en un sin número de obras misioneras y Pablo hablaba muy bien de él. Era conocido como un hombre de lealtad, sensibilidad y celo. Pero también fue un hombre que luchó con el temor.

      En dos ocasiones diferentes, Pablo específicamente trata la lucha de Timoteo con el miedo. La primera se menciona en 1 Corintios 16:10, donde Pablo les dice a los cristianos de Corinto que cuiden de Timoteo viendo que esté “con tranquilidad.” La segunda aparece en el libro de Segunda de Timoteo, donde Pablo escribe, “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti...porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía...” (2 Timoteo 1:6-7 énfasis añadido).

      No es demasiado difícil ver que Timoteo luchaba con el temor o que Pablo, su amado padre en la fe, estaba interesado en cómo afectaba esto la vida y el ministerio de Timoteo. Más adelante en la misma carta, Pablo anima a Timoteo, “esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:1).

      La Presencia de Dios que Cambia la Vida

      En este capítulo, analizaremos más de cerca el consejo de Pablo a Timoteo. Veremos cómo Dios obró en su vida llenándolo con Su fuerza capacitadora en tres áreas específicas: poder, amor y disciplina (o dominio propio). Pablo sabía que Timoteo debía enfocarse en la efectividad de la presencia de Dios en su vida... y nosotras también. He aquí lo que Pablo dijo:

      Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.—2 Timoteo 1:6-7

      Pablo quería recordarle a Timoteo lo que Dios le había dado en Su benignidad. Le había dado el “don de Dios.” Este don lo equipó para cumplir la voluntad de Dios en su vida. Bueno, podrías estar pensando, si el apóstol Pablo hubiera orado específicamente por mí, yo tampoco tendría temor. Es cierto que ninguna de nosotras tuvimos la experiencia personal que tuvo Timoteo con el gran apóstol, pero tenemos algo mucho mejor. Tenemos las oraciones del Hijo de Dios: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).

      Como ves, el Señor Jesús está orando por ti, incluso ahora mientras lees este libro. Él en Su benignidad te ha dotado para cumplir el ministerio al que te ha llamado, exactamente de la misma manera en que dotó al joven Timoteo. Puede que no seas llamada a un ministerio de tiempo completo o al liderazgo en la iglesia, pero cualquiera que sea tu llamado, ya sea ser mamá, estudiante o ejecutiva de una empresa, Él te ha dado todo lo que necesitas para cumplirlo.

      Con este don el Señor no ha puesto en tu corazón una actitud de temor o timidez. No, si tú eres cristiana, Él mora en ti con su Espíritu Santo: Su poder, Su amor, Su disciplina para tener dominio propio. Por el carácter de Dios que mora en el creyente, Timoteo, tú y yo podemos cumplir Su llamado en nuestras vidas.

      Examinaremos ahora cómo el poder, amor y dominio propio luchan contra el temor y cómo podemos avivar de nuevo el don de Dios en nosotras.

      El Poder Dinámico de Dios

      Dios le dio a Timoteo el poder o el valor para combatir las dificultades y los peligros que enfrentaría. Dentro de él tenía el poder para aguantar las pruebas y para triunfar en las persecuciones. Tenía este poder porque en él moraba el Espíritu de poder—el Espíritu de Dios, quien tiene toda autoridad y poder.

      Este poder o capacidad para enfrentar los problemas y las pruebas es parte del misericordioso don gratuito de Dios dado a Sus hijos. Es por eso que defender la justicia y la verdad es algo que cada creyente está llamado a hacer. Así que, aunque te puedas sentir débil y con miedo, la verdad es que Aquél que tiene todo el poder ha hecho que Su poder esté disponible para ti.

      Algunas personas enseñan que la manera de vencer el