Todavía predominan en ocasiones las formas de entrenamiento tradicionales, tal vez por el miedo al cambio, pero si se pretende ir “más allá” y mejorar el rendimiento del deportista, es preciso dar un paso adelante y asumir que el entrenamiento resulta un proceso muy complejo, que existen interacciones de muchas variables que se producen dentro del sistema y que, pese a no resultar detectables muchas de ellas, hay que tenerlas en cuenta para que no se distorsione el trabajo del entrenador.
El entrenamiento debe ser eminentemente sistemático y científico, sin olvidar un componente de “arte” e intuición que, junto con la experiencia y los conocimientos del entrenador, pasa por diversos procesos basados en la provocación de adaptaciones que tienen su origen en el binomio carga-recuperación.
La carga provoca un estado de fatiga que debe ser controlado para que resulte útil con vistas al cumplimiento de los objetivos. Llegado un límite, se vuelve negativa y perjudicial.
Si todo el proceso se aplica de forma correcta, se logrará que el deportista alcance la forma deportiva en el momento preciso, pese a las interferencias constantemente crecientes y de diversa procedencia que se puedan producir en la programación.
A la vista de los estudios, la metodología y todo lo tratado en este capítulo, se podría afirmar que el entrenamiento de resistencia, en relación con el alto rendimiento de los deportistas de alto nivel, privilegiados genéticamente y con gran capacidad de asimilar entrenamientos, debe dirigirse hacia una progresiva especificidad del trabajo, en detrimento del trabajo de carácter general. Esto, a su vez, implica:
Si hubiera que sintetizar los objetivos del entrenamiento para especialidades de resistencia, podrían resumirse en dos muy concretos que comprenden todos los demás a partir de los cuales se pueden ir desarrollando las programaciones. Así pues, se puede decir que debe dirigirse en dos direcciones que se complementan:
CAPÍTULO 2
La resistencia como capacidad condicional
La resistencia, igual que otras capacidades motrices, puede considerarse una manifestación de la contracción muscular, es decir, de la fundamental función por la que el músculo es llamado a desarrollar movimiento o tensión. El músculo, cuando se contrae, lo hace con una fuerza y una velocidad determinadas. Por lo tanto, son estas características las condicionantes del tipo de esfuerzo que realiza.
Cuando cualquier tipo de esfuerzo muscular requiere una serie de repeticiones o mantenimiento de las contracciones, necesita resistencia, que se manifiesta de diferentes formas, según sean las características de las contracciones: número de repeticiones, intensidad, duración, cantidad de músculos implicados, relación con el gesto técnico, etc.
La resistencia está basada fundamentalmente en las adaptaciones que se producen para combatir la fatiga que ocasionan los ejercicios prolongados o repetitivos, entre las que se encuentran en lugar privilegiado todas aquéllas relacionadas con el meta-bolismo y la producción y el consumo de energía.
La producción de la energía necesaria se logra a través de las tres vías (anaeróbica aláctica, anaeróbica láctica y aeróbica), que dependen fundamentalmente de las exigencias de intensidad y duración del ejercicio, al tiempo que desencadenan una serie de actividades humorales y enzimáticas que, a la postre, determinan el esfuerzo.
En este capítulo se trata la resistencia como capacidad que puede determinar los procesos de obtención del rendimiento a través del entrenamiento.
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