de la cual se diversifican y obtienen intereses mutuos como propietarios (Aldrighi y Postali, 2010).
Durante el proceso de privatización, el BNDES proporcionó capital a estas compañías a través de préstamos de largo plazo e inversiones en acciones, lo que convirtió al Estado en accionista minoritario de muchos de los principales grupos empresariales (Inoue, Lazzarini y Musacchio, 2013; Musacchio y Lazarrini, 2014). Esto ayudó a asegurar su supervivencia y éxito, y reforzó los lazos entre el Estado y la empresa privada; lo que el primero usó para hacer que las segundas apoyaran o invirtieran en sectores a los que de otro modo no habrían ingresado. Estos grupos empresariales tenían raíces profundas y vínculos estrechos con personas políticamente poderosas, y eran capaces de influir en las políticas de Estado y beneficiarse con sus incentivos (Sharma y Schlesinger, 2017).
El favor que estos grupos recibieron de sus conexiones políticas e inversiones gubernamentales les brindó estabilidad, protección y una ventaja mientras capeaban la tremenda inestabilidad macroeconómica. Habiendo alcanzado la madurez con el intervencionismo y el proteccionismo de Estado, se adaptaron entonces a la crisis de la deuda y luego a la privatización, la competencia internacional y la hiperinflación, al mismo tiempo que se abrían camino en medio de diversos regímenes monetarios. Su estructura diversificada y las dificultades macroeconómicas hicieron de ellos entidades flexibles. Si el entorno empresarial estadounidense presta atención al retorno de los accionistas y el europeo está estructurado para estabilizar el empleo, el de Brasil, en cambio, se encuentra configurado por los omnipresentes cambios subyacentes y por la necesidad de reconocer y aprovechar las oportunidades a medida que se presentan (Roe, 2003; Musacchio y Lazzarini, 2014).
2.5 Los grupos empresariales en el siglo XXI
La cualidad diversificada del grupo empresarial brasileño hizo de este un candidato natural para la internacionalización y la creación de multinacionales brasileñas dedicadas a invertir en el extranjero. Las empresas brasileñas iniciaron un exitoso proceso de internacionalización para comienzos del nuevo siglo, una vez completado el proceso de privatización. Ahora Brasil, el país que entre 1950 y 1970 buscó la inversión extranjera directa para poblar los sectores estratégicos, era un exportador de know-how. Las empresas brasileñas que enfrentaban un mercado doméstico saturado gracias a su dominio local, comenzaron a expandirse a los mercados del Mercosur a través de la inversión extranjera directa y las compras. A partir de entonces, grupos como Odebrecht, invirtieron por toda Latinoamérica, en tanto que JBS compró la empresa estadounidense Swift & Company, entre otras adquisiciones que la convirtieron en una compañía líder en la fabricación de alimentos (Sheng y Carreira, 2016; Musacchio y Lazzarini 2014) En 2015 el Grupo Cutrale-Safra, conformado por el Grupo Cutrale, una compañía agroempresarial global, y el Grupo Safra, el imperio familiar global de banca y bienes raíces, adquirió la compañía estadounidense Chiquita Brands.20 Además de ser un astuto negocio que fortaleció la posición de Cutrale en el sector de la fruta fresca y los jugos, la compra transfirió uno de los más notorios símbolos del imperialismo económico de Estados Unidos a la cartera de una importante empresa latinoamericana. Al igual que otras “multilatinas”, las multinacionales brasileñas son las más grandes en número entre los países latinoamericanos y figuran entre las más grandes del mundo (Casanova, 2016).
Esta internacionalización, que ha seguido desde la privatización, recibió un gran impulso entre 2007 y 2013 cuando el BNDES emprendió una política conocida como “Campeones Nacionales”, a través de la cual suministraba financiamiento a los grandes grupos empresariales brasileños para que invirtieran en los mercados del extranjero. La meta era convertir en grandes empresas nacionales a los grandes grupos empresariales brasileños dedicados a la producción de alimentos, equipos de transporte, minería, construcción y petróleo y gas. La estrategia funcionó. Las compañías brasileñas están presentes en Estados Unidos, México, China y muchos países latinoamericanos, entre ellos Argentina (Sheng y Carreira, 2016). En consecuencia, la mayoría de sus veinte multinacionales más grandes pertenecen parcialmente al Estado. Muchas de ellas, como Vale (minería), Petrobras (petróleo y gas) y jbs están listadas en la Bolsa de Valores de Nueva York a través de American Depositary Receipts (ADR) (Aldrighi y Postali, 2010). En cambio, las empresas brasileñas de pequeño y mediano tamaño no han tenido mucho acceso a la internacionalización. Está claro que la política estatal de internacionalización eligió para ello a los grandes grupos familiares, con lo cual reforzó su dominio de la historia empresarial brasileña.
La longevidad, el poder y la resiliencia de los grupos empresariales brasileños controlados por familias han tenido un gran aliado en las leyes de sociedades y los mercados de capital de su país. Mientras que la propiedad y el control corporativos estuvieron separados antes de la década de 1930, las leyes dadas en los años cuarenta permitieron que las compañías reunieran capital a través de acciones sin derecho al voto. Esto dio a las empresas de propiedad estatal, así como a las compañías privadas que se beneficiaban con el respaldo que el Estado prestaba, la capacidad de reunir una gran cantidad de capital de los inversionistas sin tener que renunciar a su control de la gobernanza corporativa (Musacchio, 2009). El Gobierno deseaba conservar su control y sus aliados se beneficiaron de paso. Hasta el día de hoy se usa la bolsa bursátil brasileña B3 (que se conoció como BM&FBOVESPA hasta 2017) para que emita acciones preferentes (sin voto) y así reunir capital sin diluir el control de la propiedad. Hay poca separación entre la propiedad y el control, a pesar de las leyes que intentan garantizarla.
La política de “Campeones Nacionales” usó fondos públicos para concentrar el poder económico en manos de estos grupos empresariales. Muchos en Brasil cuestionan este uso dado a los recursos públicos, que enriqueció a unos cuantos escogidos en lugar de invertir más bien en programas sociales con los cuales hacer frente a las profundas desigualdades socioeconómicas de su país (Hanley, et al. 2016; Sharma y Schlesinger, 2017). Otros señalan que esta política promovió las exportaciones de commodities (seis de los nueve principales exportadores en 2014 eran productores de granos y carne), lo que recuerda sus patrones comerciales anteriores a la década de 1940 y deja expuesto el país a las mismas vulnerabilidades (Sheng y Carreira, 2016).
Pero la concentración de la riqueza y el poder tiene un lado más oscuro. Petrobras quedó enrollada en el masivo escándalo de Lava Jato u Operación Lavacarro, que hizo caer al gobierno de Dilma Rousseff y que llevó a la cárcel a Luis Inacio Lula da Silva, el exdirigente sindical y, posteriormente, electo presidente de la república. Los funcionarios de Petrobras operaron con impunidad y se involucraron en un programa de sobornos en el cual un cartel de compañías pactó para cobrar precios excesivos a la compañía petrolera, tras lo cual repartían las ganancias entre sus integrantes o como soborno a los políticos. Según el New York Times, a comienzos de 2018, Petrobras pagó cerca de 3 billones de dólares en sobornos y comisiones.21 Entre los integrantes del cartel se hallaban Odebrecht y Camargo Corrêa, la primera y segunda compañías constructoras del Brasil. En 2015 Camargo Corrêa llegó a un acuerdo de culpabilidad negociada para docenas de sus ejecutivos, y tres de estos fueron condenados por lavado de dinero y fraude.22 A Odebrecht se le impuso una multa de tres billones de dólares a finales de 2016 por su papel en Lavajato. Sin embargo, la corrupción de los grupos empresariales se extiende más allá de este escándalo. En 2017 Joesley Batista, el presidente de JBS, y su hermano Wesley, el CEO de la compañía, fueron acusados de fraude y admitieron haber sobornado a más de 1.800 políticos por un total de 150 millones de dóalres. J&F Investimentos, la compañía matriz de jbs, aceptó pagar 3.2 billones de dóalres como multa a cambio de una pena más suave.23
No todos los grupos empresariales se han visto manchados por la corrupción, y en la innovación empresarial brasileña hay algunos aspectos realmente positivos. Por ejemplo, sus empresas pasaron a exportar algunas de las tecnologías más innovadoras del mundo (Casanova, 2016). Si alguna vez ha tomado un pequeño avión ligero de los que se usan para vuelos regionales (especialmente dentro de los Estados Unidos), es muy probable que lo haya fabricado Embraer. Esta empresa fue incorporada en 1969 como parte de la iniciativa gubernamental que buscaba desarrollar la industria aeroespacial brasileña, y gracias al financiamiento gubernamental produjo originalmente aviones para la Fuerza Aérea. Se expandió al mercado internacional en el lapso de una década para crecer más allá del tamaño limitado