comparar. No tiene igual en las pobladas cortes celestiales.
¿Quién puede ser esta belleza?
Invadido por el júbilo ante la aparición del hada, Baoyu le hizo una reverencia y suplicó:
—Hermana hada, dime de dónde vienes y adónde vas. Ya ves, yo me he perdido… ¿Podrías tú ser mi guía?
—Mi hogar está sobre la Esfera del Dolor de la Despedida, en el Mar de la Pena Rebosante —le respondió el hada—. Soy la diosa del Desencanto; vengo de la Gruta Fragante, que está en el Monte de la Primavera que se Expande, en la Tierra de la Ilusión del Gran Vacío. Yo gobierno en la tierra sobre los romances y los amores no correspondidos, el dolor de las mujeres y la pasión de los hombres. No hace mucho que se congregaron en este lugar las reencarnaciones de algunos amantes de otros tiempos, y he venido buscando la ocasión de prodigar amor y deseo. Nuestro encuentro no es casual.
Y añadió:
—Mi reino no está lejos de aquí. Sólo te puedo ofrecer una taza de té de las hadas cosechado con mis propias manos, una jarra de licor que yo misma preparé, la presencia de cantantes y bailarinas, y doce nuevas canciones de hadas tituladas Sueño en el Pabellón Rojo. ¿Me acompañas?
En pleno deleite, Baoyu olvidó a Keqing y siguió a la diosa hasta un arco de piedra sobre el que aparecía grabada la siguiente inscripción: «Tierra de la Ilusión del Gran Vacío». Sobre ambas columnas lucía el siguiente pareado:
Cuando se toma lo falso por verdadero, lo verdadero se torna falso;
cuando de la nada surge el ser, el ser permanece nada.
Más allá del arco se divisaba una puerta palaciega en la que se leía: «Mar del Dolor y Cielo del Amor». Un pareado que flanqueaba esta inscripción decía:
La pasión, tan firme como la tierra, encumbrada como el cielo, no conoce freno desde tiempo inmemorial.
Qué difícil es para los jóvenes apasionados, para las muchachas melindrosas, saldar las deudas de brisa y de luz de luna.
«¡Vaya! —pensó Baoyu—, me pregunto qué significa “la pasión desde tiempo inmemorial” y qué serán esas “deudas de brisa y de luz de luna”. No me desagradaría experimentar alguna de esas cosas.»
Él no lo sabía, pero acababa de convocar hasta las profundidades de su corazón a un espíritu maligno.
Siguió a la diosa a través de la segunda puerta; cruzaron dos salas idénticas, una a cada lado, cada una con su tablilla y su pareado. No tuvo tiempo de leer los versos, pero fue descifrando los nombres: Aposento de la Vanidad, Aposento de los Celos, Aposento de las Lágrimas Matinales, Aposento de los Suspiros Nocturnos, Aposento de los Deseos Primaverales y Aposento del Dolor Otoñal.
—¿Por qué no me enseñas esos aposentos, diosa? —preguntó.
—Contienen archivos en los que están escritos el pasado y el futuro de muchachas de todo el mundo —le respondió—. Tus ojos humanos y tu envoltura mortal impiden que te sean mostrados.
Pero Baoyu no aceptó la negativa, y tanta fue su insistencia que finalmente ella cedió.
—De acuerdo. Puedes entrar y echar un vistazo.
Feliz, Baoyu alzó los ojos y vio sobre una tablilla el nombre «Aposento de las Infortunadas» flanqueado por dos versos:
Ellas mismas procuraron su tristeza otoñal, su dolor en primavera;
y ahora, ¿para quién su belleza de flor, su claridad de luna?
Comprendió el sentido de los versos, y extrañamente sobrecogido llegó hasta un lugar donde había más de diez grandes armarios sellados, cada uno de los cuales tenía el nombre de una localidad. No se interesó por más provincia que la suya, y buscó presuroso su lugar natal. Encontró un armario que rezaba: «Primer registro de doce bellezas de Jinling». Cuando preguntó acerca del significado de la leyenda, la diosa le respondió:
—Ése es el archivo de las muchachas más hermosas de tu provincia. Por eso se llama «Primer registro».
—Siempre oí decir que Jinling es un lugar muy grande —repuso Baoyu—. ¿Por qué entonces sólo doce muchachas? Sólo en mi familia, y contando a las sirvientas, hay más de cien bellezas.
—Hay muchas en tu provincia, es cierto, pero aquí sólo figuran las de primer grado. Los siguientes armarios contienen el registro de las de segundo y tercer grado. En cuanto a las demás, no son suficientemente hermosas como para que se lleve cuenta de su vida.
Baoyu miró en los dos armarios siguientes y vio que tenían escrito: «Segundo registro de doce bellezas de Jinling» y «Tercer registro de doce bellezas de Jinling». Abrió la puerta del tercero, extrajo el archivo de su interior y lo abrió. La primera página lucía un dibujo en tinta, no de figuras o paisajes sino de nubes oscuras y niebla espesa [11] . Al lado había unos versos:
Extraña la luna clara cuando ha pasado la lluvia
y ya se desvanecieron las tornasoladas nubes.
Su corazón es más alto que lo más alto del cielo
pero su persona es humilde, y su rango inferior.
Su encanto y su inteligencia despiertan envidia y celos;
las calumnias le traerán una muerte prematura.
¡Cuánto sufrirá en vano su enamorado dueño!
En la página siguiente, Baoyu vio pintados un ramo de flores y una esterilla raída. Una leyenda decía:
En vano es complaciente y amable,
en vano ella es orquídea y osmanto.
Todos envidian al actor que la conquiste.
Su señor no la ama; nadie sabe por qué [12] .
Incapaz de entender nada, dejó el libro. Abrió la puerta del otro armario y extrajo el segundo archivo. Vio en la primera página la imagen de un fragante osmanto sobre los lotos marchitos de un estanque agostado, y unos versos:
Sus raíces son fragantes como el loto,
pero amargo es el camino de su vida.
Cuando en dos terrenos crezca un árbol,
su alma dulce por fin descansará [13] .
Perplejo, dejó ese volumen y tomó el primer archivo. La primera página mostraba dos árboles secos de los que pendía un cinturón de jade. Al pie de un montón de nieve había una horquilla quebrada. Cuatro versos decían:
Ay, que una tiene las virtudes de la esposa de Leyang;
ay, que la otra tiene el ingenio de la sobrina de Xiean.
Aquel cinturón de jade queda colgado en el bosque,
y sepultada en la nieve aquella horquilla dorada [14] .
Tampoco este poema sugirió nada a Baoyu. Sabía que la diosa no le iba a ayudar a entenderlo, pero a la vez no se resignaba a dejar el libro. Pasó otra página y vio el dibujo de un arco del que colgaba una cidra. Aquí la leyenda era:
Durante veinte años ha aprendido a distinguir lo cierto de lo falso.
Las flores del granado ya se abren frente al portón del palacio.
¿Hay algo comparable al inicio de la primavera?
Cuando el Rinoceronte y el Tigre se encuentren, retornará al Gran Sueño [15] .
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