Zheng comentó la, ausencia de Jia Lan, un ama se encaminó al interior a preguntarle el motivo a Li Wan, que se levantó para responder:
—Dice que no viene porque el señor no lo ha invitado.
Cuando la respuesta fue transmitida a Jia Zheng, todos rieron y comentaron lo extraño y testarudo que era aquel muchacho. Jia Zheng mandó enseguida a Jia Huan y a dos criadas con el encargo de traerlo. Cuando llegó, la Anciana Dama le hizo sentarse junto a ella y le ofreció diversas viandas mientras los demás charlaban y se divertían.
Habitualmente, a Baoyu le gustaba hablar sin medida, pero en presencia de su padre se limitaba a responder cuando alguien le dirigía la palabra; y también a Xiangyun, que era normalmente mujer de una extremada locuacidad, la enmudecía la presencia de su tío. Daiyu era demasiado taciturna, y nunca hablaba cuando estaba delante de muchas personas. Baochai se comportaba como solía, cuidando cada palabra. En definitiva, en aquella reunión familiar se respiraba un ambiente algo tenso. Sabiendo que la causa era Jia Zheng, la Anciana Dama le sugirió, después de tres rondas de brindis, que se retirase; pero éste, consciente de que pretendía despacharlo con buenas palabras, dijo con una sonrisa:
—Hoy, cuando me enteré de que había preparado todos estos acertijos de farol, traje regalos y viandas para participar. ¿No concederá a su hijo algo del amor que siente por sus nietos?
La anciana soltó una risita.
—No pueden reír ni hablar libremente si estás presente, y eso resulta muy aburrido —le dijo—. Ahora bien, si son acertijos lo que quieres te propondré uno. Pero si no lo resuelves tendrás que pagar un castigo.
—¿Y obtendré un premio si acierto?
—Claro que sí —convino la anciana, y recitó:
Un mono de cuerpo ligero se encarama en un árbol.
Es el nombre de una fruta.
Por supuesto, Jia Zheng sabía que la solución era el lichi [11] , pero dio a propósito varias respuestas equivocadas y sufrió varios castigos que le impuso su madre antes de dar la solución. Entonces planteó él mismo una adivinanza:
Su cuerpo es cuadrado
y dura su sustancia;
aunque no pueda decir palabra,
es seguro [12] que responderá.
Susurró al oído de Baoyu la solución al enigma, y el muchacho, comprendiendo su intención, la transmitió discretamente a la abuela, quien, tras pensarlo un momento, juzgó que la respuesta era correcta y dijo:
—¡Es un tintero [13] !
—¡Sólo nuestra venerable señora es capaz de adivinar un acertijo así, al primer golpe! —dijo Jia Zheng, y a continuación ordenó:
—¡Traigan los regalos!
Se oyó un grito por respuesta, y unas mujeres trajeron bandejas y cajitas. En su cuidadosa inspección, la Anciana Dama descubrió deleitada que se trataba de objetos originales y delicados hechos expresamente para la fiesta de los Faroles.
—Sirve vino a tu padre —dijo a Baoyu muy contenta.
Baoyu sirvió el vino y Yingchun lo entregó. La Anciana Dama dijo:
—Veamos cómo resuelve el señor algunas de las adivinanzas que los muchachos han colgado del biombo.
Obediente, Jia Zheng se dirigió al biombo. El primer acertijo que vio decía lo siguiente:
A los monstruos infundo pavor.
Mi forma es un rollo de seda,
y paraliza los corazones
mi atronadora explosión.
Todos me buscan ansiosos,
pero ya no estoy [14] .
—¡¿El cohete?!
Cuando Baoyu le respondió que era correcto, su padre siguió leyendo:
No cesan los trabajos humanos ni los decretos del cielo,
pero sin la bendición del cielo sería estéril el trabajo humano.
¿Cuál es la causa de tanta incesante, frenética actividad?
La incertidumbre de las cifras del yin y el yang [15] .
—¡¿El ábaco?!
Yingchun contestó que sí y Jia Zheng leyó el siguiente acertijo:
Todos los niños levantan la mirada.
Es bueno festejar el día Brillante y Claro,
pero ella se pierde cuando se quiebra el hilo de seda.
No culpemos de la separación al viento del este [16] .
—Eso parece una cometa —dijo Jia Zheng.
Tanchun confirmó que la respuesta era correcta, y él leyó otra adivinanza:
Se esfumó una vida anterior, pura apariencia.
Ahora escucha la salmodia de los sutras
y es sorda a los cantos populares.
No digáis que viviendo así se yace en el fondo de un mar de penumbra,
pues asoma en su corazón la luz brillante [17] .
—¿Una lámpara de un templo budista?
—Sí —dijo Xichun con una sonrisa.
Jia Zheng pensó: «La consorte imperial escribió sobre un cohete que se desintegra; Yingchun sobre un ábaco, viviendo en constante conmoción; la cometa de Tanchun es un objeto que se lleva el viento; la lámpara votiva de Xichun es algo todavía más solitario y abandonado. ¡Son temas de mal agüero para el principio de Año Nuevo!». Y, aunque cuanto más reflexionaba más desalentado se sentía, no se atrevió a revelar sus pensamientos en presencia de su madre y pasó a resolver el siguiente enigma, que correspondía a Baochai:
¿Quién abandona el palacio con el olor del incienso en las mangas?
No se parece ese aroma al del laúd o la frazada,
no requiere vigía que anuncie el alba
ni doncella que en la quinta vigilia le devuelva el ánimo.
Día y noche lo consume la ansiedad,
la angustia, mientras el tiempo se esfuma,
y aprendemos a estimarlo en la fugacidad de la vida.
¿Qué más le da si el día está claro o nublado [18] ?
Tras leerlo, el desánimo de Jia Zheng aumentó. «El objeto descrito no es de mal agüero —pensó—, pero qué versos tan poco apropiados para proceder de la mano de una muchacha. No parece que ninguna vaya a tener fortuna o larga vida.» Y, sumido en sus cavilaciones, era la viva imagen de lo sombrío.
Suponiendo que su mal aspecto se debía al cansancio, su madre consideró que estaba estorbando la diversión de los jóvenes.
—No resuelvas más adivinanzas —le dijo—. Más vale que vayas a descansar un poco. Nosotros tampoco tardaremos en irnos.
Jia Zheng asintió enseguida y se esforzó en brindar con su madre antes de retirarse. Ya en sus aposentos, siguió