Loli Curto

Macrobiótica I


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más importantes que actúan en la reparación y mantenimiento de nuestro organis­mo debería ser uno de nuestros objetivos en la vida, ya que es la clave de la conservación y el buen funcionamiento de nuestro cuerpo, algo imprescindible para vivir; de su correcto mantenimiento y prolongación dependen nuestra salud y toda nuestra vida.

      Hombre, conócete a ti mismo y conocerás

      el universo y a los dioses.

      ORÁCULO DE DELFOs

      Se considera un error introducir en el cuerpo sustancias que nada tienen que ver con ninguno de sus procesos vita­les y naturales. Lo agreden, lo intoxican y no pueden resca­tar­lo de la enfermedad porque no poseen ningún principio universal reparador. También es un error agredir a la naturaleza como lo estamos haciendo, abusando, contaminando hasta extre­mos de autolesionarnos a nosotros mismos y provocarnos enfermedades, algo que, si tuviéramos una conciencia más despierta, no haríamos.

      Para concluir, me gustaría indicar que distinguimos dos áreas bien diferenciadas: «la enfermedad», o interrupción del fluir natural de los procesos del organismo, y «la medi­cina», del tipo que sea, ya que, aunque existen varios méto­dos, si arrancan de la misma raíz universal, todas confluyen en ese punto que he venido exponiendo, donde el único ob­jetivo es restablecer el orden natural interrumpido. Estas dos áreas son campos muy diferentes que no debemos confun­dir, aunque el objetivo solo es uno: la salud. Pero para repa­rarlo, hay que conocer con precisión la enfermedad.

      Las mismas fuerzas poderosas de la naturaleza con nom­bres simbólicos, descriptivos de sus funciones, siguen vigen­tes actualmente, aunque les demos la espalda todo el tiempo. Podemos invocarlas porque viven y están en cada uno de nosotros, como siempre se hizo en el pasado, a través de to­das las culturas y civilizaciones. El objetivo es mantenernos conectados a ellas y dejarnos afectar e influenciar por esas leyes cósmicas para mejorar nuestra salud, que abarca la to­talidad de nuestra vida y que debería ser una prioridad.

      Los textos que mostraré en este libro pretenden ir en esa dirección: aportar unas bases adquiridas a lo largo de la ex­periencia de años de observación y estudio conviviendo cada día con la naturaleza, la medicina y la salud, tres áreas que, si logramos fusionar de forma correcta, nos proporcio­narán el equilibrio que buscamos. Aunque no sea fácil, creo que debemos intentarlo.

Capítulo 02. LA FILOSOFÍA ORIENTAL Y EL YIN Y EL YANG

      LA FILOSOFÍA ORIENTAL

      No pretendo mostrar en esta obra toda la información so­bre la filosofía oriental, ya que esta es muy extensa, comple­ja y demasiado abstracta. En ella se basan todas las teorías, metodologías y aportaciones que se presentan en este traba­jo, razón por la que se hace imprescindible mencionarla, ya que, por ser conceptos desconocidos en el lenguaje de nues­tra sociedad, es básico encontrar paralelismos dialécticos que nos ayuden a comprenderla mejor. Muestro, pues, solo una pincelada para centrar y ordenar todos estos conceptos que quiero señalar como parte de una propuesta de cambio en nuestra alimentación, salud y vida.

      Una de las intenciones de la filosofía oriental es estimular la reflexión y el cuestionamiento de los grandes temas de la hu­manidad que nos afectan, así como desarrollar nue­vas ha­bilidades cognitivas que difieren bastante de las habi­tuales en nuestra sociedad occiden­tal. Esta filosofía busca, de este modo, que adquiramos una nueva forma de pensar más crí­ti­ca y constructiva en cuestio­nes que no estamos acostum­bra­dos a asumir en términos de autorresponsabilidad, como en las áreas de la salud, la ali­men­tación, la medicina y, por qué no, la forma de morir —habi­tualmente solemos dejar este as­pec­to en manos del sistema gestionado con los crite­rios de las empre­sas que se dedican a estas tareas y en las que no sole­mos par­ticipar—.

      El carácter sistémico de este conocimiento nos permite poder acceder a él de forma progresiva y, dependiendo de cómo integremos en nuestro día a día todos estos plan­teamientos, iremos avanzando en la compresión de esta fi­losofía, ya que los elementos que más y de mejor manera nos pueden enseñar son la práctica y la observación perma­nente en nosotros.

      La filosofía oriental nos enseña que en el universo lo más sutil o liviano es el origen de lo más denso, y que lo más den­so es el fundamento de lo más sutil. Es el circuito que en Occidente identificamos como que la energía crea la mate­ria y esta, cuando desaparece o se desintegra, vuelve a convertirse en energía.

      Con simultaneidad, el movimiento de la energía condiciona los aspectos orgánicos tangibles a la vez que el estado y los cambios en la estructura de cualquier sustancia determinan las cualidades del movimiento del Qi o energía. Esto hace imposible establecer dicotomías como mente y cuerpo, normal y patológico, bueno y malo, y muchas más con la «normalidad aparente» con la que se hace en la medicina occidental. En realidad, las dicotomías en Oriente solo son relativas al yin y el yang; en cualquier tipo de fenómeno que intentemos explicar no existen otras.

      El principio del yin y el yang se simboliza tradicionalmente con un círculo dividido en dos mitades por una línea si­nuo­sa en forma de S, con una mitad de color negro y la otra blan­ca. El círculo evoca la unidad del universo cons­tituido por los aspectos yin y yang, inseparables en toda ma­nifestación de la totalidad. Dentro de la mitad de cada co­lor hay un círculo me­nor del color opuesto en el centro, que re­presenta el he­cho de que cada uno de los dos aspectos lleva el germen de su opuesto. Al ser contrarios, se com­ple­men­tan, y juntos con­forman una unidad, un todo equilibrado. No hay luz sin os­cu­ridad, existe la noche porque le sigue el día… ¿El frío es la falta de calor o es el calor la ausencia de frío?

      El yin y el yang ayudan a entender el funcionamiento del macrocosmos, de todo lo que nos rodea, ese pulso de contra­rios que mantiene el delicado equilibrio a nuestro alrededor.

Yin y yang

      El ser humano, en la filosofía oriental, es un universo en miniatura, un microcosmos inmerso en el macrocosmos. En su interior también se produce un choque de contrarios, y la armonía entre estos tiene como resultado el equilibrio y la bue­na salud, porque este equilibrio es la base del buen fun­cio­namiento de nuestro ser total. Si nuestro organismo acumula demasiado yin o yang, es posible que aparezcan síntomas físicos de enfermedad producto del desequilibrio energéti­co que se produce cuando estas dos fuerzas se descompen­san. Lo ideal es que nuestro organismo no tenga carencias, pero que tampoco padezca excesos. Este es el objetivo pri­mor­dial de la filosofía y la medicina macrobiótica: la preven­ción para proporcionarnos un cuerpo sano, a través de la co­rrec­ta gestión de nuestra alimentación y, por consiguiente, de nues­tra salud, ya que desde las funciones vitales correctas se alimentan o nutren los demás aspectos de nuestra totalidad como las emociones, los pensamientos, el alma y el espíritu.

      Como decía George Ohsawa, el creador de la Macrobió­tica actual, «no hace falta ocuparse de la enfermedad, porque es inútil, ya que es variable y está siempre presente. Hace falta crear en el cuerpo humano el medio en el cual esta no pueda instalarse».

gráfico

      El fundamento más importante de la Macrobiótica se apoya en la filosofía oriental y está basado en las dos leyes cós­micas que rigen la naturaleza en todos sus principios. Estas dos fuerzas son opuestas y a la vez complementarias, y jun­tas forman la totalidad del universo. Este principio único universal está formado por el yin y el yang.

      El equilibrio solo es un movimiento que compensa el mo­vimiento anterior; por eso, para lograr estabilidad siempre hay que recurrir al pasado, saber leer las señales que produ­ce el exceso de yin y yang al actuar en nuestro cuerpo y saber compensar