incrementando aún más los problemas porque desconocemos cuáles son las funciones y la repercusión que estas sustancias tienen realmente en nuestro organismo y cómo nos están afectando.
Cuando accedemos a una información nutricional resulta fundamental diferenciar:
• Valores nutricionales, basados en la cantidad de grasas, proteínas, azúcares, vitaminas…, sin diferenciar ni la procedencia, ni la calidad, ni la biodisponibilidad, solo una cantidad estándar.
• Valor energético, un cálculo basado en calorías que corresponde a uno matemático que proviene de la física y que muestra la cantidad de energía calorífica. Es un cálculo no nutricional.
• Propiedades, que suelen ser las cantidades de proteína, hidratos de carbono, etc. A veces se le añaden otras características no comprobadas que se le atribuyen de forma generalizada, cuya lista va siempre en aumento sin ningún control y nadie se atreve a desmentirla.
• Composición química, la única lista real que existe. En muchos alimentos ni siquiera se publica.
En mi opinión, todos estos datos carecen de precisión, ya que nunca son específicamente relativos al producto envasado, en cuya etiqueta los estamos leyendo, sino que se trata de datos aproximados preparados para incorporar de forma automática a la etiqueta. ¿Te imaginas que con cada alimento hubiera que hacer etiquetas nuevas y con diferentes valores nutricionales? Sería lo correcto, pero es impracticable para la industria. La realidad es que cada producto presentaría unas características y valores diferentes, únicos y variables en función del país de origen, la climatología y la estación y el proceso de recolección en concreto, más humedad, menos minerales según el estado del suelo, más o menos proteína por la clase de simiente utilizada, los antinutrientes en función de las plagas autóctonas del lugar… Así es como se comporta y actúa siempre la naturaleza: nada es idéntico.
PARTE I
FILOSOFÍA UNIVERSAL
LA ANTROPOLOGÍA RELIGIOSA
Las bases para lo que en el presente llamamos Macrobiótica fueron establecidas hace miles de años por sabios de una civilización muy desarrollada desde el punto de vista espiritual. Originalmente no apareció como un sistema dietético ni medicinal, sino como una cosmogonía unificada o filosofía universal que fue aplicada a todos los dominios relacionados con la actividad humana de aquella época. Esto incluía la aplicación práctica a la dieta y al mantenimiento del bienestar y la buena salud.
El concepto «oriental» en realidad es desacertado, ya que en aquella época no existía un área llamada Oriente, sino que la humanidad de entonces estaba unificada. Con el tiempo y profundos cambios geológicos, se fueron produciendo separaciones de continentes. También se distanciaron las fórmulas de aplicación de estos conocimientos sobre la filosofía del universo, se creó una especie de dualidad a escala cognitiva y pedagógica. En Oriente han luchado por mantener vivas las más antiguas tradiciones y conocimientos hasta la actualidad, aunque también han incorporado la filosofía de vida occidental y los métodos más modernos conviven con los tradicionales. No obstante, aunque en la actualidad ya no constituyan un ejemplo, Oriente mantiene intactos los conocimientos de la Antigüedad y nos ofrece la posibilidad de estudiarlos y aplicarlos.
LA MEDICINA HIPOCRÁTICA
Existe un punto de fusión donde confluyen todos los sistemas de medicina que han existido hasta el presente (y que en el futuro seguirán convergiendo): la medicina hipocrática o, como decían nuestros antepasados, el dios Hipócrates o padre de la medicina.
La mítica frase en la que se basa la síntesis de toda la medicina alopática e incluso biológica y otros paralelismos a escala mundial, y que se atribuye a Hipócrates, es Vix medicatris naturae, literalmente, «El poder curativo de la naturaleza». También según esta teoría la naturaleza es el médico de todas las enfermedades, ya que esta interviene en todos los procesos de reparación y sanación del organismo. Este concepto antiguo que alude a la intervención de las fuerzas invisibles de la naturaleza no se estudia académicamente de forma directa, es decir, observando los procesos naturales. No obstante, la ciencia médica y farmacéutica los observa y analiza en los laboratorios de alta tecnología, y llega así a descubrimientos muy valiosos que nos ayudan a comprender mejor el enigma que hay detrás del proceso de la vida y la muerte de los seres humanos, así como del reino animal, vegetal y mineral que nos rodea y en el que estamos inmersos.
Ese poder curativo de las leyes invisibles de la naturaleza que actúan en todos los organismos aún sigue vigente, aunque solo sea en ese compromiso ético que los profesionales médicos del mundo de forma obligatoria aceptan y en el que basan su titularidad académica y su profesionalidad. Junto con el certificado de graduación oficial, estos reciben este otro ético llamado Juramento Hipocrático, que cuelga de las paredes en los consultorios médicos, aunque en la actualidad ha sido modificado por la Declaración de Ginebra.
Esta realidad muestra que Hipócrates es un concepto, bajo mi punto de vista, actual. En él, según la etimología y las raíces grecorromanas, se juntan hippoos, que significa caballo, como las palabras hipopótamo, hipocampo, hipotálamo, hipódromo…, y krato, que equivale a mandar, gobernar, dominar. Por tanto, la palabra completa significa «el que domina los caballos». De este modo, podemos comprobar que este vocablo hace alusión al dios o padre de la medicina, aunque algunos creen que se trata de una persona. En realidad, esto no se ha podido demostrar. Con anterioridad a la época en que se calcula que pudo existir Hipócrates, este símbolo de la mitología tradicional ya existía y siempre existió. Todavía en la actualidad se le sigue rindiendo honores y es homenajeado en el terreno profesional de la medicina.
Según mi interpretación, este símbolo universal de Hipócrates alude a la capacidad intrínseca y latente que tienen todos los organismos vivos de corregirse a sí mismos y restablecer de nuevo su equilibrio, balanceándolos, contrarrestándolos, y que es lo que los diferencia de los organismos inertes. Estas capacidades y creencias hipocráticas versan sobre cómo el organismo no se mantiene pasivo frente a las enfermedades y cómo desarrolla una lucha natural, espontánea y regida por las leyes del universo para sobreponerse. Dichos organismos están conectados de forma directa a esas leyes que rigen la naturaleza como si se tratara de una guía invisible instintiva que les dicta qué deben hacer, cómo han de proceder para recuperar su equilibrio de nuevo. A este instinto natural se le llama la «sabiduría del cuerpo», que nada tiene que ver con la mente ni los pensamientos, ya que los demás reinos de la naturaleza también la poseen.
El hombre pertenece a la tierra.
La tierra no pertenece al hombre.
JEFE INDIO SEATTLE
En líneas generales, un ser vivo es el resultado interno de interacciones de sistemas muy complejos en el que intervienen a su vez otros sistemas de comunicación molecular o de redes interconectadas que están directamente vinculados con el medioambiente exterior formando un ecosistema. A través de estas conexiones en red se produce un intercambio o dinámica básica continua de energía y materia de forma perfectamente ordenada de estímulo y respuesta, lo que constituye el sistema más importante para estos organismos vivos o seres de la naturaleza: la nutrición y la respiración. Junto con la reproducción, esta incorporación de energía se realiza de forma automática, aunque requiere de la introducción de las sustancias apropiadas para que esa incorporación de energía sea constante y perdure, ya que sin ellas no sería posible
Los organismos vivos