Loli Curto

Macrobiótica I


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destructor de la energía. De este modo empiezan todas las alteraciones y, si no sabemos cómo devolverlas a la nor­malidad, este ci­clo que se inicia en negativo seguirá de forma permanente, volviéndose crónico y llegando a lesionar las es­tructuras correspondientes, con lo que aparecen las enfer­medades. También es importante saber que las lesiones de los órganos se observan en la piel y en el mapa facial, ya que guardan una estrecha relación con los sabores.

      Todos los días la energía Qi viaja por la red de canales de for­ma específica, creando un ciclo de 24 horas exactamen­te igual que un reloj. Se divide en el yin y el yang, dos ciclos de 12 ho­ras, que se corresponden con los 12 meridianos por donde circula la energía alternándose. Este ciclo, aplicando los cinco elementos, podemos clasificarlo en cinco partes más los intermedios, esquema que significa el viaje del yin y el yang por todo el organismo igual que el anterior, pero más corto. En un solo día podemos aprender a observar la dinámica de la energía recorriendo nuestro organismo: nace, crece, se expande al máximo, se va contrayendo lentamente hasta lle­gar al extremo y se recoge para entrar en reposo, gestarse y nacer de nuevo.

      Cuando dominemos este ciclo, esto nos ayudará mucho a localizar la hora y el órgano al cual corresponde el problema que se nos está manifestando y que no sabemos resolver. Existe un reloj energético en la medicina oriental que nos será muy útil cuando aprendamos a observarlo. También existen las manifestaciones clínicas derivadas del desequilibrio de los cinco órganos y las cinco vísceras en unos momentos concre­tos del día o de la noche y que evidencian ese recorrido con sus excesos y carencias.

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      Todas las «cosas» que nos rodean y que forman parte de nues­tro organismo pueden clasificarse como el yin o el yang. Así, las personas en las que predomina el yin tienden a ser pasivas y relajadas, con más imaginación, y las esencialmente yang sue­len ser más activas, con más capacidad de contraerse y ma­yor vitalidad. En la sociedad actual la medicina lo denomina metabolismo pasivo o acelerado.

      Como se puede comprobar en esta clasificación, las cua­lidades yin y yang se dan en todos los aspectos de la vida, in­cluidas las actitudes; las emociones; los pensamientos; las percepciones; los colores, los sabores o las propiedades ener­géticas, térmicas y trópicas, así como las formas y las texturas de los alimentos.

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      Las cualidades de los alimentos están en constante transformación, y a la hora de valorar si son más yang o yin o qué parte poseen de cada uno de ellos, hay que tener en cuenta su naturaleza, sabor, olor, color, textura, e incluso la estación, pues el universo es ambivalente en todos sus aspectos.

      La medicina oriental macrobiótica propone un alto con­sumo de alimentos «vivos», de origen vegetal, porque solo ellos disponen de esa energía dual, yin y yang, que puede ali­mentar y nutrir nuestros canales de energía, casi siempre descompensados. Estos se hallan así porque la mayoría de ali­mentos que nos ofrece la industria actual carecen de la ca­pacidad de reparar nuestros circuitos, razón por la que nos sentimos faltos de energía y cansados pese a consumir ali­mentos que nos parecen sanos. Hay que aclarar que el con­cepto «vivos» en este contexto no significa crudos, sino que tengan energía vital que pueda alimentar nuestro Qi energético, que posean unas características bioelectromagnéti­cas y bioquímicas a la vez —de las que no cualquier alimento dispone—, y que pueda asimilarlas nuestro organismo, pues no es tarea fácil.

      Las propiedades energéticas reparadoras de la energía Qi de las que acabo de hablar en realidad solo se encuentran en ali­mentos que conservan y mantienen su potencial energético, como cereales, legumbres y algunas semillas. Al contrario de lo que piensa la mayoría, no todos los alimentos que come­mos se transforman en energía. Precisamente son muy pocos los que se reconvierten y de los que se puede extraer la energía ATP.

      Sabemos que las vitaminas no aportan ningu­na energía al organismo, aunque son imprescindibles como enlaces in­termediarios de incalculables procesos y rutas me­tabólicas; las grasas actúan como reservas; las proteínas son las que re­paran todos los tejidos que se desgastan, y única­men­te los cereales y legumbres integrales aportan el tipo de carbohi­dra­tos de bajo índice glucémico que se convierten en gluco­sa y, con la intervención de la insulina, llegan a re­convertirse en ATP dentro de la célula, lo que constituye la base de los procesos bioenergéticos.

CUALIDAD YANG CUALIDAD YIN
Luz Calor Que sube Exceso Seco Duro Masculino Activo Creativo Rojo Naranja Amarillo Crece en invierno Contractivo Pequeño Pesado Animal Astringente Salado Amargo Sodio Oscuridad Frío Que desciende Deficiencia Húmedo Suave Femenino Pasivo Receptivo Morado Azul Verde Crece en verano Expansivo Grande Ligero Vegetal Que dilata Dulce Agrio Potasio
CARACTERÍSTICASDE LOS VEGETALESYANG CARACTERÍSTICASDE LOS VEGETALESYIN
Alto contenido en sodio Crece en climas fríos Crece despacio De tamaño pequeño De poca altura Pesado Seco Crece a ras de suelo Hojas pequeñas Alto contenido en potasio Crece en climas cálidos Crece deprisa De tamaño grande De buena altura Ligero Húmedo Crece hacia arriba Hojas grandes

      Esa es la razón por la cual los carbohidratos no refinados, procedentes de cereales y otras familias de pseudo­ce­rea­les integrales y legumbres con bajos índices glucémicos y muy lenta asimilación, con fibras solubles e insolubles que actúan como probióticos-prebióticos alimentando a las bac­te­rias be­neficiosas, constituyen la base de la alimentación macro­biótica equilibrada y estándar.

      A algunos de los cereales que utilizamos en la alimen­ta­ción macrobiótica deberíamos llamarlos pseudocereales, ya que no provienen de las familias de gramíneas clásicas. En realidad, hoy en día existen más de 1.300 especies y cerca de 3.500 variedades de gra­míneas y pseudocereales, aun­que a lo largo de estas pá­ginas des­cri­bi­remos con detalle los más comunes y benefi­ciosos para tu salud: arroz integral, trigo, cebada, maíz, mijo, trigo sa­rra­ce­no, avena, quínoa, cen­teno, teff, amaranto y hato mugi.

      Para restablecer tu salud, el asesor dietético de alimenta­ción macrobiótica, si es conocedor y practicante del diagnóstico morfológico, organizará tu dieta según sus criterios yin y yang, tu constitución y tu condición; esto incluye tus emociones y tu estilo de vida.

      Lo más recomendable, si quieres iniciarte en la filosofía oriental y la medicina macrobiótica para mejorar tu salud o para mantener el equilibrio, es dejarte asesorar y guiar en todo momento por un profesional titulado.

      Actualmente, la mayoría tenemos una condición muy yin de­bido a que la alimentación industrial abusa de los produc­tos «ácidos químicos». Además de la alimentación y la con­ta­mi­nación,