La energía nunca va a permanecer estática, de la misma forma que los seres humanos no podemos dejar de producir un movimiento continuo. La dificultad para comprender todos y cada uno de los movimientos de los diferentes niveles de energía que recorren nuestro organismo a través de la complejidad algorítmica de los circuitos o canales es la que nos impide saber cómo se genera en nosotros cada emoción.
Emoción significa etimológicamente «mover hacia», «remover», «sacar», «retirar», y la más completa raíz de la palabra expresa «sacar de donde aparentemente no hay». Esta descripción alude a la sutileza de las dos energías que intervienen o dan vida a cada emoción. Se considera «donde no hay» porque, en realidad, aparentemente para cualquier observador resultan inexistentes, ya que no se vinculan a ninguna acción específica voluntaria. Emoción es igual a energía en movimiento.
Cada emoción tiene una vibración y una frecuencia diferentes. ¿Qué es lo que hace que esta vibración y esta frecuencia sean distintas en cada momento y para cada persona? La respuesta según la medicina oriental es: los diferentes alimentos y la forma personal de consumirlos. Estos actúan de forma bioquímica en nosotros y producen reacciones que experimentamos sin darnos cuenta de cuál es el origen que genera ese proceso, y tampoco nos percatamos de que esté relacionado con nuestra alimentación, ya que lo realizamos de forma automática, repetitiva e inconsciente. Esto dificulta la observación objetiva de dicho proceso, que además es una síntesis de otra síntesis.
Las emociones son manifestaciones fisiológicas que se presentan de forma alterna a lo largo del día, son los tipos de cambios emocionales que tiene el ser humano. Además, se consideran también las respuestas objetivas del cerebro ante los estímulos ambientales externos que nos rodean en todo momento. En la terapia dietética macrobiótica oriental se utilizan los sabores de cada alimento para producir los cambios energéticos en los órganos que nos interesan, ya que se considera que los patrones electromagnéticos de los alimentos en realidad son los que producen todas estas reacciones.
¿De dónde proviene la emoción y cómo se genera?
La emoción se produce con cada respiración, al unirse las sustancias sutiles que transporta el aire, como oxígeno e hidrógeno, y la síntesis de lo que llamamos en medicina oriental la «energía alimentaria», Gu Qi o síntesis de los alimentos. Esta energía es la que aporta el resultado final o síntesis de todos los procesos que realiza el organismo utilizando como base lo que hayamos comido unas horas antes. Al juntar los procesos bioenergéticos y electromagnéticos de la parte inferior del cuerpo físico con los de la parte superior que proceden del aire, el sol y la luz, justo en ese mismo instante, al mezclarse y chocar esas dos energías a la altura del esternón, aparece una nueva energía que llamamos emoción.
Los alimentos entran por la boca y pasan al estómago, donde se descomponen para pasar al bazo, que es el órgano encargado de transformarlos en energía Gu Qi. La energía del bazo asciende hacia el tórax, se mezcla con el oxígeno y se une a la respiración, aportando una síntesis de la calidad más pura de los nutrientes que hemos ingerido o de los antinutrientes tóxicos, si es lo que hemos introducido en nuestro estómago. A partir de esta síntesis en positivo o en negativo se crea la emoción y pasa al corazón para formar la sangre, al juntarse con el Yuan Qi del riñón. Por eso la emoción está vinculada al corazón, no al cerebro. Y se producirán emociones positivas si los alimentos ingeridos pueden crearlas, y negativas cuando no ha habido absorción de nutrientes porque el alimento está desnaturalizado, es de mala calidad nutricional o tóxico.
Lo que de tu lengua sale del corazón proviene.
MATEO 15,18
Podemos experimentar que, al seleccionar mejor los alimentos que vamos a utilizar según nuestras necesidades, excesos y deficiencias o desequilibrios, nuestras emociones cambian y se sostienen con cada respiración que realizamos. Las emociones se producen en el tórax al colisionar las dos energías, la de arriba o del cielo y la de debajo o de la tierra, de forma intermitente y constante.
De alguna manera se puede afirmar que las emociones son y forman parte de los síntomas claros y contundentes de lo que llamamos nuestra salud física, tanto en positivo como en negativo, y se puede influir sobre ellas y modificarlas a nuestra conveniencia si se analiza con detenimiento el estado del órgano específico que las genera y con el que están directamente relacionadas. Esas emociones o pensamientos podemos contrarrestarlos con una alimentación adecuada para producir e intervenir en esta situación de cambio a nuestro favor.
Cada una de las emociones que experimentamos tanto en positivo como en negativo provienen de la relación directa entre los alimentos que hemos seleccionado en nuestra dieta, la forma de procesarlos, el tropismo que llevan incorporado, los mecanismos de termorregulación y el estado de cada uno de nuestros órganos, la calidad del agua que inge rimos y, por último, la calidad de la atmosfera del entorno que respiramos.
Un ejemplo es la necesidad y la utilización que hace la sociedad de los estimulantes o los psicotrópicos, como alcohol, tabaco, café o cualquier otra droga. Para poder cambiar sus emociones rápidamente, las personas necesitan esas sustancias, aun sabiendo que destruyen su salud, porque no encuentran otra forma de poder cambiar sus emociones. Estas sustancias, al igual que los alimentos que entran por la boca o la nariz, se unen a la respiración inmediatamente y, en cuestión de segundos, la emoción cambia totalmente. Sin tener que hacer nada más que ingerirlas, experimentamos emociones de alegría que nos relajan, activan o evaden según nuestras preferencias y necesidades. Por eso las consumimos y, sin saberlo, seleccionamos las que nos producen las emociones que queremos experimentar. Esto demuestra que las sustancias alimentarias o complementarias a los alimentos que ingerimos producen nuestras emociones.
LOS PENSAMIENTOS:
EL RESULTADO DE LAS EMOCIONES
Cada emoción produce una reacción neuronal a la que nuestra mente racional reacciona instantáneamente, y esta la interpreta inmediatamente con nuestro sistema cognitivo y le vincula un pensamiento, que en ese preciso instante es atraído por nuestro sistema neuronal, nuestra mente racional, hacia nosotros por polaridad magnética. Es decir, un polo se halla dentro de nosotros y se ha generado con todos los resultados de lo que hemos comido unas horas antes actuando como captador, y fuera, en nuestro campo de respiración, se encuentran esas formas de pensamiento que nosotros podemos atraer en función del polo creado en nuestro interior.
Polo positivo atrae a polo negativo y a la inversa, así se funden en esa unión y los llamamos «nuestros» pensamientos, cuando en realidad lo único que es nuestro es la emoción que hemos creado sin saber cómo. Esta es la que da vida a ese tipo específico de pensamiento que atraemos hacia nosotros, a nuestro campo de respiración personal.
Como conclusión, me gustaría indicar que la emoción da vida, atrae o crea el pensamiento, y no al revés. De forma clara para la etiología oriental, primero existe la emoción y luego esta crea o atrae al pensamiento que le es afín o que está en sintonía con ella.
Anatomía del pensamiento
Según la neurociencia, los millones de neuronas de nuestro cerebro configuran el esquema de nuestros pensamientos, pero sabemos que, si no introducimos nuevos conceptos y formas de pensamiento, nuestro sistema tiende a la repetición y a la reducción de pensamientos en círculos cerrados. Esta es la situación más habitual porque siempre solemos consumir los mismos alimentos que nos gustan de la misma forma y a las mismas horas, creando así un circuito cerrado sin posibilidad de cambio.
Las sustancias bioquímicas llamadas neurotransmisoras son las que realizan las conexiones. Es de vital importancia el estado bioquímico correcto