lo hace, dándonos afecto y contención.
Permítete emocionarte
Hablamos de emocionarnos cuando nos referimos a emociones “positivas” que nos sobrecogen: alegría, satisfacción, orgullo. Pero siempre estamos emocionándonos con tristeza, con furia, con impotencia o miedo. Todas las emociones emocionan. Abrir tu mundo emocional implica la totalidad del registro: las que consideras lindas, buenas, agradables, y las que consideras feas, incorrectas, dolorosas. Por favor, siente. Permite que las emociones te ocupen, existan, te muevan. Cuanto más las aceptes y conozcas, más posibilidad tienes de gestionarlas y expresarlas en equilibrio.
Las emociones te muestran que estás viva. Solo los muertos no se emocionan, porque ya no tienen necesidad de reaccionar y adaptarse a la vida. Al inicio del trabajo con el útero, o con el cuerpo en general, pareciera que todas las emociones que estaban anuladas por años aflorarán juntas. Eso asusta y es difícil saber qué hacer, pero es solo al comienzo. Si no te escapas y trabajas con ellas, empiezan a mermar, te pones al día y, luego, cada vez se hace más fácil.
Aprende recursos y acepta guías
Conectar con el útero y buscar despertarlo implica, como vemos, conectar también con emociones y creencias propias y del linaje que pueden resultar abrumadoras. Consideremos los recursos y el acompañamiento necesarios para trabajar con lo que aparece en el camino, para así poder seguir avanzando, porque, si nos vemos sobrepasadas, lo más probable es que prefiramos no continuar.
La educación emocional es un aprendizaje completo que supera la dimensión del útero. Desde nuestra educación formal no recibimos recursos concretos para trabajar con las emociones, pero los podemos aprender en la vida adulta a través de entrenamiento en inteligencia emocional, atención plena, asistencia psicológica, entre otros.
Es importante saber qué hacer con lo que aparece en un proceso de sanación y reconciliación. Los recursos y herramientas para trabajar con las emociones nos brindan una base de seguridad y valentía, necesarias para poder abrir la caja de pandora que es nuestro mundo emocional.
Insisto en que el trabajo emocional no se lleva a cabo necesariamente, ni en soledad ni de manera autogestionado, sobre todo cuando nos encontramos con traumas complejos, emociones que nos impiden continuar nuestra vida normal o que generan dolencias o síntomas psicosomáticos. Siempre recomiendo tener apoyo terapéutico específico para tales situaciones.
Reconoce, nombra, expresa
Una forma muy simple de empezar a relacionarte con las emociones es a través del proceso de reconocer que existen en nuestro interior, nombrarlas de manera concreta y expresarlas de manera saludable. Cualquier impedimento que surja entre esos pasos indicará que no tienes suficiente claridad sobre ellas o los recursos necesarios para gestionarlas.
Reconocer la emoción implica sentirla libremente, sin limitarla con el objetivo de no tenerla viva en el interior. Toda emoción tiene una razón de ser y solo podemos comprenderla si la dejamos existir.
Nombrar la emoción implica comprenderla lo suficiente como para ponerle un nombre en voz alta. Si no podemos nombrarla, significa que no tenemos claro de qué se trata, el porqué de su existencia o de su función.
Expresar la emoción de manera saludable implica el registro consciente de las acciones que la emoción genera y si estas generan daño a otras personas o a ti misma. De ser así, debes reiniciar el proceso para comprenderlas en mayor profundidad hasta que puedan ser expresiones útiles pero no dañinas.
En última instancia, lo que buscamos es aprender sobre nuestro mundo interno para poder conectarnos con lo emocional. El objetivo no es dejar de sentir, sino todo lo contrario, adquirir la capacidad de sentir profundamente y ser emocionales sin que eso nos lleve a una sensación de desequilibrio.
Todo lo que descubras sobre ti debe ser a través de la compasión
Karuna es el término en sánscrito para denominar a la compasión. Se refiere a las acciones que tienden a disminuir el sufrimiento y que podemos realizar por otras personas, pero también por una misma.
En el camino del despertar nos encontramos con infinidad de obstáculos, la mayoría de ellos provienen de nuestro interior. Los hallazgos del camino respecto a las propias vulnerabilidades, carencias, padecimientos y frustraciones pueden causarnos aun más dolor, al observarlos con juicio y crítica hacia nuestro ser.
Descubrir desde la compasión significa no permitirnos entrar en los juegos mentales de la autocrítica destructiva o en el juicio autodesvalorizante, ya que estaríamos sosteniendo la misma lógica que nos llevó inicialmente al dolor de sentirnos incompletas e imperfectas.
La mirada autocompasiva nos mueve, por el contrario, hacia la reconciliación. En vez de maltratarnos una vez más por eso que ahora comprendemos que somos, debemos avanzar directamente hacia el abrazo que nos damos internamente en la aceptación completa de nuestro ser.
La compasión se cultiva en el corazón, en el amor incondicional direccionado hacia la totalidad de la vida. Todo aquello que podemos hacer para evitarnos continuar con el sufrimiento también proviene de nuestro interior. Evitemos crear dolor a partir del dolor, buscando activamente generar amor y aceptación por lo que sea que emerja en nuestra realidad cada vez más vasta y plena.
Aquello que eres es simplemente una consecuencia de tu historia, tus elecciones, tu consciencia e inconsciencia. No existe nadie a quien culpar. Las condiciones que generaron tu realidad actual no se pueden cambiar, pero sí puedes modificar tu presente para que favorezca tu futuro. Eso es solo posible si te aceptas completamente, abandonas la idea de autorrechazo, te abres a ser tal cual eres y, a partir allí, creas la que deseas ser.
Consciencia energética
Fueron las filosofías orientales las que estudiaron la energía en profundidad desde la antigüedad, sobre todo, la medicina tradicional china y la ayurveda. Estas definen a la energía humana como un fluido que circula por el cuerpo. Este fluido es inmaterial, invisible, pero se puede sentir e interactuar con él a través del cuerpo. En oriente se la nombra chi, qi o prana y las prácticas meditativas y terapéuticas orientales están, en general, diseñadas para habilitar la interacción con la energía en pos de lograr su equilibrio y armonía.
La energía humana proviene de varias fuentes, principalmente de los alimentos y la respiración, pero también del entorno: la tierra, el sol y el agua. Es mediante nuestra interacción cotidiana con el mundo externo que nos proveemos de energía. El cuerpo metaboliza, a través de los órganos, esa energía que ingresa y la utiliza para su funcionamiento orgánico. Además, cuenta con una reserva energética adicional, la energía ancestral, que fue dada en la concepción y proviene de la madre y el padre. La combinación de todas esas energías es lo que sostiene viva a la persona y a los organismos en general.
Adicionalmente a nutrir y sostener la vida, la energía vital tiene la función de favorecer y desarrollar la expresividad natural de la persona. Cada ser humano, además de existir, necesita expresarse como ser. Para ello, realiza una infinidad de acciones cotidianas como moverse, comunicarse, alimentarse, respirar, descansar, pensar, crear, entre otras, que son posibles gracias a que posee la energía suficiente para ejecutarlas.
Cuando la energía se ve limitada o bloqueada, generalmente por factores psico-emocionales y corporales, la persona no solo pierde vitalidad en lo que respecta a subsistencia sino también a su expresividad.
La energía del útero
La energía del útero es una pequeña parte de la energía humana. Cada componente corporal